No Somos Nada

34. SERAPHINE

El sábado las cosas no fueron bien.

Mientras todos mis compañeros regresaban de su viaje, mis padres seguían preguntándome mil cosas sobre lo que pasó y yo ni siquiera tengo las respuestas.

Según le dijeron a mi mamá, cuando tomaron asistencia de mi y de Scott, se escucharon voces de personas diciendo “aquí” pero que seguramente alguien lo había hecho de broma.

Mamá se indignó y reclamó pero no hay mucho que pueden hacer, ya pasó y ya nos perdimos el viaje.

Por supuesto dijo que jamás va a darme permiso de salir de la escuela otra vez con esos profesores tan irresponsables. Mientras ella hablaba yo solo quería irme a mi cuarto y dejar el tema a un lado.

Pero no, ese tema duró todo el día.

Luego mis padres estaban molestos que yo me haya quedado con un chico, un chico que creen que es algo mío y les intenté convencer que solo es mi compañero (y tal vez amigo) pero me pidieron que no esté cerca de él.

Después de todo, su madre y su padre nos hicieron mucho daño.

Hablé con Scott por mensajes y él me dijo que sus abuelos estaban molestos con la escuela también, por habernos dejado pero que se alegran que no pasó nada malo.

Y ahora, es lunes de nuevo.

Llego al salón de clases y para mi mala suerte, Dariane y un par de sus amigas ya están aquí. Solo las ignoro y voy a mi escritorio sin levantar la mirada.

Pero cuando me siento, ellas no tardan en acercarse.

Dariane se sienta en el escritorio al frente de mí. —Entonces, ¿Te divertiste con mi hermano?

Elevo los ojos y solo la miro.

Karina suelta una risa. —Uy, cuidado, ya se enojó.

Dariane se encoje de hombros. — ¿Y eso que? No me importa, mejor dinos, ¿Sabías que tu voz es fácil de imitar?

No le contesto.

—Creo que tú y mi hermano se merecen, ambos son patéticos —afirma.

Por un segundo, no sé si escuché bien.

—No entiendo por qué dices eso —respondo al fin, intentando que mi voz no suene temblorosa.

Dariane me mira como si fuera obvio. Como si yo debiera saber por qué merezco ese tipo de veneno.

—Ay, por favor —suelta, rodando los ojos—. Ni siquiera estabas en tu viaje escolar y ya todo el mundo anda hablando de ti.

Karina ríe bajito. La otra, Sofía, solo sonríe como si fuera público extra en esta escena miserable. Siento mi estómago revuelto. No quiero explotar. No quiero llorar. No quiero darles ese gusto.

Respirar.

Solo respirar.

—No nos escapamos —digo firme—. Fue un error de los profesores.

—Claro —se burla Dariane. Inclina la cabeza—. Justo cuando llaman lista, justo cuando nadie los ve, justo cuando mi hermano está contigo se quedan en la escuela.

Karina chasquea la lengua—. Simple coincidencia.

Me arde el cuello. Quisiera decirle que no tiene idea de nada, que Scott no es lo que ella insiste en creer… que yo tampoco lo soy.

Pero sé que nada de eso importa. Con ella no.

—Ya déjala —murmura Sofía, aunque más por aburrimiento que por empatía.

Dariane sonríe y esa sonrisa es peor que su tono. —No te preocupes, Seraphine, no pienso perder tiempo contigo. Solo vine a decirte que no te ilusiones. Scott solo estaba aburrido, no interesado. No eres… su tipo.

Me enderezo. —No necesito que me digas lo que piensas de tu hermano —contesto—. Tú ni siquiera lo conoces cómo crees.

Algo en su rostro se tensa por una milésima de segundo. La pequeña grieta, luego vuelve su máscara. — ¿Y tú sí?

Mi cuerpo entero siente electricidad y la garganta ha comenzado a dolerme, pero le contesto: —Más de lo que crees.

—Como quieras —responde, bajándose del escritorio—. Igual, tarde o temprano él se va a cansar. Siempre lo hace.

Karina y Sofía se levantan detrás de ella. Antes de irse, Dariane me mira una vez más, como quien deja un anzuelo en el agua.

—Sólo… no te sorprendas cuando pase, ¿sí? Ya te advertí.

Me encojo de hombros. —No importa lo que digas, ¿sabes?

Ella eleva una ceja. — ¿Qué?

Mi corazón golpea con fuerza. —Que en realidad no importa tanto lo que tú dices, no importa.

Dariane me mira directo a los ojos y chasquea la lengua. Dan media vuelta y se dirigen a sus asientos.

El salón vuelve a llenarse del sonido habitual de mochilas, risas ajenas, el zumbido de luces pero yo me siento como si me hubieran arrancado el aire.

Me paso una mano por la frente, intentando reacomodar mis pensamientos, pero es como mover una caja llena de vidrios rotos. Y, de pronto, el asiento de al lado se mueve.

Volteo y veo que Scott acaba de entrar al salón.

Su mirada me busca y en cuanto ve mi expresión, su ceño se frunce con preocupación inmediata.

Siento el corazón latiendo más rápido y no por lo que dijo Dariane, sino por lo que él provoca sin siquiera intentarlo.

Y ahí, justo ahí sé que este día apenas empieza.




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