A veces pienso que Scott cree que soy frágil o que me voy a romper, sé que siente algo por mí pero tiene miedo o hay algo que lo detiene.
Sé que Scott Corse no es la mejor opción, o al menos, sé que eso piensan muchos pero yo no pienso eso.
Puede que me comparen con el caso de mi hermana y como ella estuvo en una posición de desventaja con alguien mayor, aunque ella no lo haya visto así pero no es lo mismo.
Scott es mayor, sí, nos llevamos un año pero no es igual que una persona que está en la universidad y una chica de secundaria, no es igual porque Scott no me propone o me sugiere hacer algo tan irresponsable como huir de mi circulo seguro, él siempre me deja tomar mis decisiones.
Además, no importa lo que su familia haya hecho, él no merece pagar por los errores de sus padres o de su hermana.
Quizás, solo estoy intentando justificar mis sentimientos por él.
Lo veo inclinarse sobre el motor del auto y mi corazón pega un salto. —No hay nada malo aquí —afirma.
—Lo sé, pero tú querías revisar —digo.
Scott cierra el capó. —Solo quería asegurarme que tu auto estuviera bien, ya que no sabías que había que darle mantenimiento.
Ruedo los ojos. — ¿Me vas a regañar siempre por eso?
Me recuesto en el auto y él también, a mi lado. Se cruza de brazos y me voltea a ver. —Seraphine, ¿puedo preguntar algo?
Asiento, moviendo mi rostro para verlo.
Él carraspea y luego exhala. —Eh, sé que va a sonar como algo tonto pero, ¿Alguna vez haz estado enamorada?
No esperaba esa pregunta. Elevo las cejas y me tomo unos segundos para pensar en mi respuesta. —Bueno, nunca he tenido un novio o algo parecido, tampoco he podido ir a citas, no después de lo que pasó con Gabriela, mis padres se volvieron muy estrictos. No fue hasta que se descubrió que estaba bien que se relajaron un poco, pero no mucho.
—Entonces, ¿no? —pregunta.
Bajo la mirada. No recuerdo alguna vez sentirme “enamorada” por alguien y menos aquí, menos con personas que me tratan mal pero…
Quizás si me he sentido así, con alguien.
Alguien que está a mi lado ahora mismo.
Subo la mirada. —Quizás sí, no lo sé.
— ¿Quizás? —Entorna la mirada—. ¿Cómo no estas segura?
Me encojo de hombros. —Es que no lo sé, no sé si puedes estar enamorada o decir que lo estas de alguien que no es nada tuyo.
Eleva una ceja. —Entonces, ¿Te gusta alguien?
No respondo a pesar que sé la respuesta. Si le digo que no, estoy mintiendo pero si le digo que si él sabría que me gusta y es obvio, pero decirlo es otra cosa.
— ¿Qué hay de ti? —Evado la pregunta—. ¿Has sentido amor?
Suelta una carcajada. — ¿Amor? No, no… yo no… —suspira—. Mi ex y un par de chicas antes, no fue amor. No sé qué era pero no sentí eso, sentía que podíamos besarnos y esas cosas pero no éramos algo más que eso —aclara la garganta—. Honestamente, a pesar de lo físico que hice con Beatrice, nunca hubo verdadera intimidad entre nosotros. Si eso tiene sentido.
Asiento. —Lo tiene.
—Entonces, en conclusión, no he amado a nadie. Sí sentí cariño obviamente y atracción, pero no creo que había “eso”, lo que sea necesario para durar así como mis abuelos o incluso, mis padres.
Asiento y tiene razón. Hay algo en las verdaderas historias de amor que es más que atracción y mariposas en el estómago. El verdadero amor no es lo que nos han mostrado en las películas, es eso que te hace quedarte al lado de esa persona aun después de los tiempos difíciles.
Como mis padres por ejemplo. No, ellos no son cursis y papá no le lleva flores todos los días pero recuerdo como abrazaba a mamá cuando lloraba por Gabriela y como mamá le prepara siempre el café a papá luego del trabajo.
A veces el amor es más “ordinario” de lo que parece.
Volteo y Scott me está viendo. — ¿Qué? —pregunto.
Niega. —Nada, solo pienso que… olvídalo.
Se pasa la mano por el cabello, suspira y se mueve al otro lado del taller para guardar algunas herramientas.
Lo observo y veo cómo se mueve por el lugar, evitando mirarme o así lo siento.
—Scott —digo.
Él me ignora.
Cruzo los brazos. —Scott —vuelvo a hablar—. Oye, ¿Qué te pasa?
—No me pasa nada —responde, inclinándose para acomodar una cubeta.
Frunzo el ceño. —Scott, mírame.
—Ahora no puedo —dice.
Suspiro y doy pasos hacia él, quedo justo detrás de su espalda. — ¿Y ahora que tienes?
Mueve un poco su rostro. —Nada.
—Ya mírame —tomo su hombro y lo muevo para que gire—. Scott, ¿Qué te pasa?
Él se gira un poco. — ¿Qué me pasa? Nada, Seraphine, déjame.
— ¿Por qué actúas así de pronto? —Sigo moviendo su hombro—. ¿Qué sucede? Habla conmigo, puedes hacerlo, yo solo…
— ¿Quieres que te diga que sucede? —se gira completamente—. Bien, pero primero dime, ¿Por qué dijiste que “quizás” has estado enamorada?
Trago saliva. —Porque…
—Dime —endereza la espalda y da un paso hacia mí—. Vamos, dime la verdad.
Veo sus ojos y luego sus labios, pero aparto la mirada. —No…
—Seraphine, ¿te gusta alguien? —da otro paso a mí—. ¿Quién te gusta?
Sube la mano a mi mejilla para que lo vea, mueve mi rostro y deja ahí su palma. Siento el calor subir en mi rostro y como mi cuerpo entero se llena de electricidad.
—Scott —susurro.
Con su otra mano mueve un mechón detrás de mi oreja. —No tienes idea de lo difícil que es estar cerca de ti, de lo mucho que he tenido que resistir tantas cosas contigo.
Mi corazón pega un salto.
—Creo que te odio por eso —sonríe—. Odio que me mires de esa forma, odio que no puedo alejarme de ti y odio que estar cerca de ti se sienta prohibido pero también, lo más correcto que he hecho en mi vida.
Contengo la respiración. —Entonces, ¿Me odias? —trato que suene como una broma per estoy tan nerviosa.
Scott mueve su mano, bajándola a mi mentón y con su pulgar toca mi labio inferior. Eso es suficiente para que mi cuerpo entero reaccione y sienta como si me estuviera derritiendo.
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Editado: 09.05.2026