La parte difícil no es estar con Seraphine, es saber que estoy tomando otra decisión incorrecta.
Pero cuando ella sube la mirada y me sonríe se me olvida todo. He pasado estos últimos días preguntándome por qué esta chica que luce tan ordinaria, ha cambiado tanto para mí.
—Vamos —le digo, dándole una palmada a su hombro.
No nos tomamos de las manos en la escuela, ni siquiera nos besamos afuera, solo cuando tenemos un pequeño momento a solas en la biblioteca o en el taller.
Para ser honesto, esos besos no son suficientes pero me prometí tomarlo con calma por ella y darle tiempo. No voy a hacer algo que no quiera, no va a suceder nada de lo que se pueda arrepentir después.
Caminamos hacia el salón de clases y dejo que ella pase primero, antes de dar otro paso me doy cuenta que mis agujetas están desamarradas así que me inclino antes de cruzar la puerta para arreglarlas.
Pero aun arrodillado, con las agujetas en mis dedos, veo la escena casi en cámara lenta.
Mientras Seraphine camina por el frente de los escritorios para pasar a la última fila, Dariane empuja a un chico como bromeando pero él tropieza y cae de espaldas empujando a Seraphine al suelo también y algo suena duro.
Ella se lastimó contra el escritorio de los profesores.
Ese momento fue como si todo hubiera cambiado en mi interior y ya no veía normal, tenía la vista enfocada en Seraphine quien está en el suelo con el chico sobre ella también intentando levantarse mientras le reclama a Dariane.
Dejo mi mochila y ni siquiera sé si me amarré correctamente los zapatos, voy hacia Seraphine quien se toma el brazo. Los demás se reúnen alrededor viendo la escena.
—Seraphine —digo, apartando al chico que seguía recostado en sus piernas—. ¿Dónde te duele?
— ¿Por qué hiciste eso? —Una voz dice, una chica.
No levanto la mirada pero escucho a mi hermana decir: —No fue intencional, fue un accidente.
El chico que sigue en el suelo. —Pues nos lastimaste —gira hacia Seraphine—. Oye, lo siento, no quise hacerlo.
Lo fulmino con la mirada y él estira la mano a alguien para que lo ayuden a ponerse de pie.
—Ya, no es para tanto —Dariane suelta.
Pero Seraphine sigue con el rostro tenso y aprieta los ojos con fuerza.
—Dariane te pasaste —susurra alguien.
—Ya cállense —mi hermana pide—. Ya, fue un accidente. No es para tanto, Seraphine ya deja de llamar la atención —le mueve el pie con el suyo.
Aprieto los puños. — ¡No hagas eso! —Giro hacia ella, con el ceño fruncido—. Lo mínimo que puedes hacer es disculparte, ¿Te das cuenta que pudo lastimarse la cabeza? ¿Cuál es tu estúpido problema, Dariane?
Nadie habla ni se mueven, todos están atentos a los hermanos Corse peleando.
—Ya… yo puedo —Seraphine se mueve, sosteniéndose con las manos en el suelo.
Siento como la mandíbula se me tensa, pero la ayudo a levantarse. Ella no está bien y no me importa si me castigan, voy a llevarla a la dirección para que la saquen de aquí y la revise un doctor.
Pero antes, con el calor subiendo por mi cuerpo, hablo con voz firme: — ¡Dejen de molestarla! ¿Acaso todos ustedes son unos imbéciles sin cerebro? ¿Por qué la molestan? Pedazos de idiotas, si alguien se atreve a molestarla voy a mostrarles lo que puedo hacer.
Seraphine me toca el brazo, es su manera de pedirme que me calme, lo sé.
Pero no puedo.
—Ven —susurro—, vamos.
Me estiro con cuidado para no soltarla, tomo su bolsa y me la cuelgo atravesando mi cuello.
Ellos se mueven cuando pasamos y al salir, tomo mi mochila también y me la cuelgo del lado contrario a donde ella va.
Es hasta que salimos que escucho un ruido proveniente de ella, volteo el rostro y noto que está llorando. Mi corazón se parte porque no sé si llora por el dolor o por lo que le hacen, quizás por ambas.
Beso su frente. —Tranquila, Seraphine. Aquí estoy.
Entierra su rostro en el costado de mi pecho. —Duele.
Acaricio su mejilla. —Lo sé.
Sé que duele.
Sé que duele que te trate como si no valieras nada.
Sé que le duele tener que soportar esto cada día.
Sé que le duele no poder hacer nada por su hermana.
Respiro profundo. —Ven, vamos a la dirección para que llamen a tus padres, tienen que revisarte para saber que no te hayas lastimado algo, ese golpe en el hombro puede ser más peligroso de lo que parece.
—Sí…
Trago saliva y cierro los ojos unos segundos, pidiendo a Dios que no sea nada muy grave, que se le pase en unos días.
Caminamos a la dirección donde la secretaria nos mira confundida primero pero luego nota el rostro de Seraphine y le ofrece una silla para que se siente.
—Hubo un… —no quiero llamarlo accidente—, alguien la empujó y se lastimó, creo que debería llamar a sus padres para que lo sepan —digo.
Seraphine se sienta, con el brazo doblado y respirando profundo.
—Claro, un momento, voy a avisar a la directora —dice y sale de su espacio para entrar a una puerta de madera cerrada al fondo.
Me inclino para ponerme a cuclillas, tomo la mano de Seraphine sobre su regazo. — ¿Cómo estás?
Asiente.
Beso sus nudillos. —No te harán daño, ya no, lo prometo.
Sonríe con lágrimas en los ojos. —No te metas en problemas por mí, por favor. No valgo la pena.
Entorno la mirada. —No digas eso —bajo la voz aunque mi tono es firme—. Escucha, yo decido por mi propia cuenta, sin que nadie me obligue, ni tú, a que quiero ayudarte. Quiero estar contigo y quiero que estés bien.
Aparta la mano de las mías para tocar mi mejilla. —Eres tan bueno conmigo.
Y ella es todo lo que he necesitado en mi vida.
La secretaria sale de nuevo y me coloco de pie de nuevo. —Ya me autorizaron para hacer la llamada, ¿Cuál es tu nombre, cariño?
Seraphine le dice todos los datos y esperamos a que la secretaria llame y le explique vagamente a su mamá. Le dice que puede quedarse aquí o comer algo de la máquina expendedora mientras espera, a mí me pide que ya me vaya a clases.
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Editado: 09.05.2026