Scott se queda conmigo, sentado en el pasillo y no hablamos mucho pero no lo necesito. Solo tenerlo a mi lado ahora es suficiente.
Hasta que escuchamos pasos de tacones resonando por el pasillo, pasos rápidos y cuando volteamos me doy cuenta que es mi mamá.
Respiro profundo y antes de poder moverme, ella me nota y con los ojos preocupados me mira.
— ¡Seraphine! —Pero sus ojos van a Scott inmediatamente y frunce el ceño— ¿Qué pasó? ¿Qué te hizo?
¿Cree que Scott me hizo algo?
Intento levantarme pero es difícil con un solo brazo, Scott me toma con cuidado para que no me desbalance.
—Eh, niño, no la toques —suelta mamá.
Me giro hacia ella. —Mamá…
Lo señala. —Tú estabas con ella cuando se perdió el viaje escolar, ¿No?
Scott me da una mirada. —Señora, créame que yo...
Niega. —Ven, Seraphine, nos vamos de aquí —levanta un dedo—. Sin duda tengo que hablar con alguien, esta escuela no tiene reglas y les falta mejor organización para cuidar a los alumnos.
—Mamá —intento hablar.
Ella suspira. —Voy a avisar que ya te vas —mira a Scott de nuevo—. Y usted, le pido que deje a mi hija en paz. Sé quiénes son sus padres y sé qué piensan ellos de mi familia así que, por las buenas, no se acerque a ella.
Scott no contesta pero no está feliz, se ve molesto aunque aprieta los labios casi como para no contestar.
Mamá entra a la dirección y escucho sus quejas cuando habla en voz alta.
—Lo siento —susurro.
Scott asiente, con una mueca. —Está enojada ahora, pero no importa. Lo siento pero ni tus padres me van a separar de ti.
Sonrío. —Nos vemos… después.
Se inclina para besar mi mejilla y mi corazón pega un salto. —Envíame mensajes y me cuentas todo, ¿sí?
—Si —respondo mordiéndome el labio.
Quiero besarlo pero no voy a arriesgarme a que mamá salga ahora y nos encuentre así.
Scott toma su mochila, se la cuelga y se despide sacudiendo la mano. Lo veo alejarse, él voltea un par de veces antes de desaparecer del pasillo cuando cruza.
Mamá sale, luciendo más enojada que antes. —Ven, vamos, ya llamé al doctor y te va a recibir en una hora, ¿Tienes hambre? ¿Pasamos por un desayuno? Puedes comer en el auto, ¿Dónde te duele? ¿Cómo fue?
Respiro profundo antes de contestar todo lo que puedo mientras salimos de la escuela.
—Mi auto… —señalo el estacionamiento.
Niega. —No vas a conducir ahora, yo te llevo. Después lo arreglamos —revisa su bolsa para sacar las llaves—. Juro que esta escuela es una vergüenza, no puedo creerlo.
Entramos a su auto, que siempre huele a nuevo aunque no es tan nuevo. Me acomodo en el asiento y me coloco el cinturón con cuidado, porque sigue molestándome el hombro.
—Entonces, ¿Cómo se llama la niña que te empujó? —pregunta, conduciendo fuera del estacionamiento.
—No me empujó…
Resopla. —Lo hizo, te lastimó. Voy a hablar con sus padres, ¿Cómo se llama? Vamos, ¿Conoces donde vive?
Sacudo la cabeza. —No mamá… pero… creo que sí conoces a los padres.
Me mira por medio segundo. — ¿Ah, sí?
Aclaro la garganta. —Son los Corse.
Ella aprieta el volante y bufa. —Por supuesto, por supuesto que son esas plagas. ¿Cómo no lo vi? Su hija es igual de malvados que ellos, ¿no? ¿Recuerdas lo que nos hicieron, verdad? —Me mira otra vez—. Es por eso que no entiendo Seraphine, ¿Por qué eres amiga de ese niño?
Mamá tiene la costumbre de decirles “niño o niña” a todos los que son al menos diez años menores que ella.
Aclaro la garganta. —Yo sé que piensas de los Corse, mamá, pero Scott es diferente.
Suelta una carcajada amarga. —Amor, eso dicen todos los chicos y luego —mueve su dedo índice en círculos—, luego te dejan para irse con otra más joven o para solo tomar algo de ti.
No sé si mamá sabe sobre el rumor de Scott o si solo lo dice por su desconfianza. —Hablo enserio mamá, Scott me respeta.
Sigue sonriendo de manera sarcástica. —Por supuesto que lo hace, al comienzo, luego mira lo que le pasó a Gaby. Perdió la cabeza por un chico que le prometió la luna.
Aprieto los labios y veo hacia afuera. Cuando me muevo todavía me duele el hombro y el brazo así que intento quedarme quieta.
—Seraphine, no puedo controlarte todo el tiempo, pero por tu bien deberías escoger mejor a tus… amigos. Espero que solo sea tu amigo, ¿entiendes? Ese es el hijo de los Corse y ¿Sabes que decían de él en la iglesia? Que embarazó a su novia, pero asumo que no se hizo responsable del niño porque aquí está o simplemente está jugando contigo y…
—Basta —la interrumpo, cansada de esto.
Cansada del dolor de mi hombro, de su voz, de sus críticas y cansada de no poder ser separada de lo que hizo Gabriela.
—Solo detente, mamá —pido, con la garganta ardiendome—. Ojala yo pudiera escoger a mis amigos, ¿Pero sabes qué? ¡Nadie me elige a mí! Ya me cansé que siempre me comparen con Gabriela, todo el tiempo. Mi hermana se fue con un chico y mi hermana sigue allá afuera y no va a volver, pero nada de eso tiene que ver conmigo.
—Seraphine, ¿No te das cuenta que solo te estamos cuidando?
Cierro los ojos. —Yo lo sé y sé que no quieren que haga lo mismo que mi hermana, sé que las personas fueron crueles y lo sé porque también son crueles conmigo —los abro y suspiro—. Solo quiero que confíen más en mí.
Ella y yo no hablamos por el resto del camino.
Mamá siempre me ha pedido que me comporte de una manera más responsable y madura pero mis padres son quienes se comportan de manera inmadura cuando están molestos. Dejan de hablar, como la ley del hielo y sé que no hay nada que hacer más que esperar unos días.
Mi hermana y yo nos llevábamos bien y la extraño, por supuesto, pero siempre me voy a preguntar qué hubiera pasado si ella no se hubiera ido.
La vez que llamó y nos habló por última vez, le dijo a mis padres que ellos eran demasiado restrictivos y sobreprotectores, que sentía que no podía hacer nada libremente y que estaba cansada de ello.
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Editado: 09.05.2026