No Somos Nada

40. SERAPHINE

Llevo al estacionamiento luego que mamá me dejara en la entrada.

Ayer dejé mi carro aquí y mamá llamó a la escuela para avisar, por supuesto, luego de reclamar otras situaciones.

Me acerco a mi auto asegurándome que todo esté bien, por suerte, sí lo está.

—Hola —una voz de una chica me llama la atención.

Giro el rostro y veo a una de mis compañeras, Clarice. Ella no me habla realmente pero no es de las que me molesta activamente como Dariane y sus amigas.

—Um, hola —contesto.

Se acomoda un mecho de cabello castaño claro detrás de la oreja. — ¿Estás bien por lo de ayer? Mira, yo no me meto en problemas pero todos nos damos cuenta que Dariane te molesta mucho.

Asiento. —Estoy bien.

Sonríe un poco. —Está bien —suspira—. Um, nos vemos, solo quería decirte que si necesitas algo yo estoy aquí.

Las comisuras de mis labios se elevan. —Gracias Clarice.

Ella se da la vuelta y se va. Eso fue inesperado pero agradable.

En ese momento veo la camioneta de Scott entrando y se estaciona justo en el lugar vacío a un lado de mi auto. Me rio por lo bajo al escuchar la música que lleva a todo volumen, algo con guitarras y sonidos electrónicos.

Baja del auto cuando apaga el motor y ni siquiera saca su mochila, baja buscándome con la mirada, luego se acerca rápido a mí.

— ¿Estas bien? —toma mi rostro entre sus manos.

Mi corazón pega un salto. —Estoy bien —sonrío—. No me digas que estaban tan preocupado.

Acaricia mi mejilla derecha. —Me tienes en la palma de tu fría mano.

Ruedo los ojos. —Quien diría que ibas a ser tan cursi, Scott.

Él se inclina y me besa en los labios. Puedo sentir la menta en su boca y el calor de sus manos sobre mis brazos. Mi cerebro se desconecta con este beso, ignorando si hay alguien viéndonos o si vamos a ser regañados por algún profesor.

Sus manos se deslizan un poco hacia mis hombros, como si quisiera asegurarse de que sigo aquí, de que no voy a desaparecerle en un parpadeo.

Cuando se separa apenas unos centímetros, todavía puedo sentir su respiración contra mis labios.

—No pensé que vendrías tan temprano —le digo, con la voz un poco más baja de lo normal porque mi corazón está haciendo maratón olímpico.

— ¿Y perderme la oportunidad de verte antes de que el mundo empiece a fastidiarnos? Ni loco —responde él, encogiéndose de hombros, como si no acabara de besarme en un estacionamiento público.

Me río y niego. —Esto es… muy arriesgado.

—Sí —dice él, pero sonríe como si esa fuera precisamente la gracia.

Su mirada baja a mi brazo, donde aún me duele un poco. No lo menciono, pero él lo nota de todas formas. Scott respira profundo, como si se estuviera tragando la rabia.

—Si hoy vuelven a molestarte… —comienza.

—No harán nada —lo interrumpo, poniendo mi mano sobre su pecho—. De verdad.

—Igual no voy a dejar que te pase nada. —Su voz baja, firme, pero suave conmigo.

Una mezcla extraña pero bonita que solo él sabe hacer.

Doy un paso más cerca, casi sin pensarlo. —No puedes protegerme de todo, Scott.

—No, pero puedo estar aquí. —Su frente toca la mía—. Y eso sí pienso hacerlo.

Mi estómago da una vuelta entera. Esta versión de él, la que está intentando, la que quiere quedarse, es nueva y me derrite un poco más cada vez.

—Te ves cansada —murmura—. ¿Dormiste algo?

—Lo suficiente. Mamá estuvo… ya sabes.

Él asiente, esa sombra de preocupación pasando por sus ojos, pero sin preguntar más. — ¿Y tú? —le pregunto.

—Peor que tú, probablemente —se ríe—. Me quedé pensando. En muchas cosas. En ti. En lo que nos pasó. En lo que viene.

Mi garganta hace un ruidito que espero que no haya escuchado. — ¿Y llegaste a alguna conclusión?

Scott sonríe, de esa forma tranquila que a veces tiene, la que me hace sentir que el caos se apaga. —Sí. —Se inclina para besarme otra vez, suave esta vez, casi como una promesa—. Que no voy a esconderme más.

Apoya su mano en la puerta de mi auto, mirándome como si acabara de decidir el clima del día.

—Vamos juntos, ¿sí? Aunque sea solo hasta la entrada.

Y por primera vez desde ayer, siento que realmente puedo respirar.

Entramos al edificio todavía de la mano. No habíamos planeado eso, simplemente… ninguno soltó. Y se siente extraño, pero de ese extraño que te emociona.

En cuanto cruzamos la puerta del salón, varias cabezas se giran. Algunas por curiosidad, otras por puro morbo. Y, por supuesto, Dariane y su séquito están ahí, esperando como aves de rapiña.

—Ay, miren —dice Dariane con una sonrisa venenosa—. La parejita regresó luego de su drama. ¡Qué romántico!

Scott ni siquiera duda. Ni una milésima. Se estira un poco sin soltarme y la mira con esa expresión suya: cejas ligeramente fruncidas, mandíbula tensa, paciencia cero.

— ¿Tienes algún problema, Dariane? —pregunta con voz neutral.

Ella se ríe, como si lo que acabara de decir fuera adorable. —No, solo estoy diciendo lo obvio. Porque, ya sabes, te fuiste con ella un rato ayer y luego desaparecieron como si se fueran a hacer… lo que sea que ustedes dos hacen.

Las amigas de Dariane sueltan risitas agudas. Yo siento cómo mi estómago se encoge, pero Scott… Scott se inclina un poco hacia ella.

— ¿Y qué? ¿Te da envidia que a Seraphine sí la quieran o que yo sí puedo conseguir a la persona que me gusta? —pregunta, directo, sin rodeos.

El salón entero se queda en silencio un segundo.

Dariane deja de sonreír. Solo un segundo, pero luego retoma su actitud. —Por favor —responde—. Como si me importara lo que ustedes sean o lo que sea, además no son tan impresionantes.

—Pues sí que te importa, considerando que llevas semanas obsesionada con cada paso que da —dice Scott, sin levantar la voz, pero con esa firmeza que hace que todos lo escuchen—. Y te voy a decir algo, solo una vez: deja de meterte con ella. No es gracioso, no es divertido, no te hace mejor que nadie. Solo te hace ver como alguien que no tiene nada más que hacer, como una persona patética que cree que la basura que sale de su boca es importante.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.