No Somos Nada

44. SERAPHINE

—Lo siento, Scott, no creo que esto vaya a funcionar.

Frunce el ceño. —Claro que sí, ¿No crees que es pronto? Ni siquiera lo hemos intentado.

—Hay cosas que son mejores dejarlas así —le digo, encogiéndome de hombros.

—Seraphine… juro que lo haré mejor, por favor, solo una oportunidad más.

Señalo la tarta cruda. —Ya te di como veinte oportunidades que lo hagas bien.

Rueda los ojos. — ¿Es mi culpa que no me enseñes bien?

Suspiro y mejor lo abrazo. Mi novio es guapo, es dulce y sabe arreglar autos pero no sirve para cocinar. —Tienes suerte que te quiero.

Besa mi mejilla. —Tú tienes suerte que eres linda.

—Ahora mejor limpiamos esto —miro alrededor—. No quiero que tus abuelos encuentren la cocina toda sucia por tu culpa, otra vez.

—Cállate —toma mi rostro y me besa los labios rápido—. Tengo mejores ideas que limpiar una cocina.

—No —me separo—. Es lo que tenemos que hacer ahora, así que, vamos.

Scott coloca las manos en la encimera. —Bien, bien, supongo que tienes razón —me besa la mejilla—. Otra vez.

Estamos a un mes de graduarnos y las cosas han cambiado un poco, pero no tanto.

Primero, estoy con Scott de manera oficial y a él le encanta demostrarlo cuando vamos caminando en la escuela de la mano o se sienta más cerca de mí en las clases.

Hablando de la escuela, siguen las bromas y los chistes pero como que poco a poco se están pagando. Quizás es porque saben que ya no nos volveremos a ver y molestarme no sirve de nada. No lo sé.

Sé que Scott fue a hablar con su familia y aunque Dariane sigue viéndome con cara de asco y rueda los ojos cuando me ve de la mano de su hermano, ya no ha hecho nada tan grave como solía hacerlo.

Sobre mis padres y sus padres… bueno.

Él con sus padres sigue igual, creo que Scott hizo lo que pudo y ahora depende de ellos hacer algo si quieren volver a conectar con su hijo pero si no es así, no importa. Scott tiene a sus abuelos, me tiene a mí y sobre todo, se tiene a sí mismo.

Eso es algo que ambos hemos estado aprendiendo por separado pero lo hemos hablado, sobre perdonarnos. Hay cosas que estuvieron fuera de nuestro control y quizás algunas son nuestra responsabilidad pero no sirve de nada seguir culpándonos u odiándonos por lo que no hicimos bien.

En mi caso, siempre me odié por no defenderme mejor y por dejar que mis padres m asociaran con las decisiones de Gabriela, pero ahora solo veo atrás y pienso que hice lo que pude y que mis padres también. Nadie te prepara para la desaparición de una hija que después resulta, solo se había ido con su novio.

Y Scott, él es mucho más responsable ahora, lo puedo ver. No se lo digo seguido pero estoy orgullosa de la persona que es, cuando lo conocí era tan frio y desconfiado, pero ahora está demostrando que su corazón es enorme.

Mientras veo a mi novio lavar los platos con aburrimiento y cantar una canción vieja, pienso en el futuro. Yo me quedaré en esta ciudad viviendo con mis padres mientras que voy a la universidad, a cuarenta minutos de aquí y él seguirá trabajando en el taller pero tomará clases en línea, es decir, nos seguiremos viendo muy seguido.

Y quien sabe, tal vez sí me casaré con Scott Corse un día y ese día será extraño porque tal vez su familia no estará ahí o tal vez, solo tomaremos un auto y nos casaremos sin decirle a nadie.

Pero por ahora, seguimos en la escuela y estamos limpiando la cocina de sus abuelos, mañana llegará a comer por primera vez con mis padres y pasado mañana volveremos a los pasillos en esa cuenta regresiva de la graduación.

Me acerco a él y rodeo su espalda por detrás, cierro los ojos y sonrío.

Aun falta tanto por arreglar y resolver en nuestras vidas pero no es como en las películas, no sucede en un instante y algunas situaciones jamás mejoran pero por siempre voy a recordar al chico que llegó a mi vida cuando tenía diecisiete y me hizo sentir como si sus brazos fueran mi lugar seguro.

—Ven aquí —Scott se gira, me toma de la cintura y me acerca a su cuerpo para besarme lento y suave.

Nos besamos hasta que tenemos que separarnos para tomar aire.

—Te amo —susurra, cerca de mis labios.

Sonrío, entierro mi rostro entre su cuello. —Te amo.

Suelto una pequeña risa cuando recuerdo que este es el mismo chico que me hacía recordar siempre que no éramos amigos, que no éramos absolutamente nada.

— ¿De qué te ríes? —dice, picando mi cintura.

Doy un pequeño salto por las cosquillas. —Basta —tomo su rostro entre mis manos—. De ti, me estoy riendo de ti, Scotty.

Entorna la mirada. — ¿Por?

Le doy un toquecito a la punta de su nariz. —Porque cuando nos conocimos y nos mirábamos seguido, tú te sentabas conmigo en la biblioteca y con tu cara de gruñón me decías: No somos amigos, no quiero ser tu amigo.

Bufa. —Bueno, sí, era cierto, no éramos amigos. Éramos almas gemelas.

Ruedo los ojos. —Claro, claro que sí.

— ¿Sabes? —Me acerca más a su cuerpo—. Era verdad, tú y yo no éramos amigos ni compañeros, ni siquiera éramos futuros novios. No éramos nada de eso —se inclina para acercar su boca a mi oreja, puedo sentir su respiración caliente contra mi piel—. No éramos “nada”, Seraphine. Tú y yo, éramos “Todo”.

Sonrío. — ¿Todo?

—Todo —susurra, luego besa mi mejilla y sigue su camino hasta mis labios.

Y de nuevo, nos besamos, sabiendo que a este paso jamás vamos a terminar de limpiar la cocina pero creo que por ahora, no importa.

Por ahora, todo es perfecto.

FIN




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.