¡ No sonrías, idiota! (2024)

CAPÍTULO 30

El día amaneció hermoso, soleado y sin una sola nube en el cielo con una temperatura bastante más que agradable, pero Lia no lo había empezado con buen pie. Estaba hundida y con los ojos hinchados tras haber llorado durante gran parte de la noche. Tocaron tímidamente a la puerta y las chicas entraron.

—Lia ¿Estás bien?—Jen se sentó junto a ella.

—No…—sollozó, y todas sus amigas la abrazaron y trataron de consolarla.

Un rato después, llegó Sandra para supervisar hasta el último detalle de la boda de su hija.

—¿Qué has hecho?—la tomó de la barbilla sin ningún tipo de delicadeza—¡Mira que ojos tienes Natalia! ¿Sabes la cantidad de maquillaje que vas a necesitar para tapar todo eso? ¡Estás horrible!

—¡Oiga, ya es suficiente!—Kate salió en defensa de su amiga—¿No ve que su hija no está bien?

—Mira niñita, tú a mí no me vas a decir lo que tengo que ver o lo que no. Lárgate de aquí y llévate a las otras dos. ¡Fuera de mi vista!—abrió la puerta y señaló fuera con el dedo.

—Kate, marchaos, no te preocupes, nos vemos en un rato—Lia no quería que su madre también hiciera comentarios hirientes sobre ellas.

Llegó el personal de peluquería y maquillaje y siguiendo las estrictas indicaciones de Sandra, le hicieron un bonito peinado y maquillaron su mala cara a la perfección.

—Creo que para los labios, un rojo intenso le que quedaría muy bien—sugirió su madre.

—No, rojo no. No me gusta—«El rojo es tu color, no lo olvides» Podía oír la voz de Ethan susurrándole esas palabras al oído.

—Sí, rojo sí, adelante niña—instó Sandra a la chica que la estaba maquillando.

—¡He dicho que no!—Lia se levantó fuera de sí, tirándolo todo sin querer—Lo siento muchísimo…yo no quería…

—No pasa nada, ha sido un accidente—la maquilladora trató de quitarle importancia a lo que estaba pasando—Hay otros tonos que te quedarían muy bien, tranquila, no será rojo.

—De verdad que lo siento—Lia se agachó a las chicas a recoger todo lo que había esparcido por el suelo—Si se ha estropeado algo, os lo repondré, lo prometo.

—¡Eres una caprichosa y una torpe! ¡Estoy harta de que me dejes en evidencia!—su madre la zarandeaba violentamente.

—Señora, será mejor que salga de aquí y nos deje trabajar en paz—la chica le plantó cara a Sandra—Está poniendo muy nerviosa a su hija.

—Sí mejor me voy—le dedicó a su hija una mirada poco agradable y se marchó.

Cuando Sandra salió de la habitación, las muchachas que estaban con Lia le dieron un respiro para que se calmara. Poco después cuando acabaron con ella, llegaron sus amigas para ayudarla a vestirse.

—Estás preciosa Lia—comentó Jen con lágrimas en los ojos.

—Eres la novia más guapa que he visto jamás—la elogió Kate.

—Y la más triste—añadió Lou mientras Kate y Jen la miraban fijamente mientras negaban con la cabeza—Pase lo que pase, siempre nos tendrás a tu lado ¿Vale?—la abrazó con cuidado para no arrugarle el vestido—Si cambias de idea, házmelo saber—susurró para que sólo ella lo escuchara.

—Gracias por haber venido hasta aquí para apoyarme después de lo mal que me porté con vosotras y…

—¿Alguien se acuerda de eso? Porque yo no—bromeó Kate para relajar el ambiente.

—Sólo espero que después de dos bodas extrañas, podamos asistir a una boda de verdad—Lia observaba a sus tres amigas.

—¡A mí, ni me mires!—exclamó Jen—Aún me da un poco de rechazo la idea de volver a casarme.

—¡A nosotras menos! A Kate y a mí nos gusta más vivir en pecado—le sonrió a su chica y la besó en la mejilla.

—Entonces tendremos que esperar a que Jamie se case—todas sonrieron, ese es el recuerdo que ellas guardarían para siempre—Vámonos, ha llegado la hora.

Al salir de casa, un coche muy bien adornado la recogió a ella y a su padre, en otro coche iría su madre y el resto, llegarían a la iglesia por su cuenta. El trayecto era largo y su padre no había pronunciado ni una sola palabra, pero Lia se dio cuenta que su semblante era más serio de lo normal. ¿Cabía la posibilidad que él sintiera algún tipo de remordimiento?

—¿Te pasa algo?—preguntó para romper el hielo.

—Una hija no se casa todos los días ¿Sabes?—era la primera vez que su padre la miraba con algo parecido al cariño.

—No me caso porque quiero, mamá y tú me habéis puesto precio para no quedaros en la calle, así que no me vengas ahora con esas.

—¡Yo nunca estuve de acuerdo con esto!—confesó Gerardo mirándola a los ojos—Ni siquiera quería que volvieras, en Londres parecías muy feliz con tu vida.

—¿Cómo podías saber…?—estaba confusa por lo que su padre le acababa de confesar.

—Tengo mis contactos hija—la interrumpió—También sé lo de ese chico…Ethan—Lia miraba a su padre como si fuera la primera vez que lo veía—Al principio no me hizo mucha gracia, pero después supe que cuidaba de ti y me quedé más tranquilo.

—Y si sabías todo eso ¿Por qué no me ayudaste—preguntó con hilito de voz—¿Por qué tuvisteis que obligarme a esto?—golpeó el asiento del copiloto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.