No soy nada, Sin ti, Lily (harry Potter)

Capítulo 11. La Carta

POV. Lily Potter

A lo lejos se escuchaba un aleteo, un sonidito molesto, trató de levantarse sin lograrlo, sus piernas estaban enredadas entre las de su novio, pero lo que no le permitía moverse siquiera era su brazo, que se encontraba debajo de la cabeza de Scorpius, para ese momento ya no lo sentía, probablemente entumido. Movió lentamente sus piernas y brazo para evitar despertarlo, no lo logró.

Recordaba lo que había pasado horas atrás, su cuello, senos y estómago eran la evidencia.

Con voz adormilada Scorpius emitió con voz poco reconocible: —No te vayas.

—No me iré dormilón, sigue descansando —antes de que continuara protestando le dio un piquito, jaló el edredón para cubrir su cuerpo desnudo—. Ahora vuelvo.

Volteó a su alrededor para identificar lo que hacía el ruidito. En su ventana una lechuza aleteaba y con su pico golpeaba el cristal. Caminó hacía ella para recibir la carta, eran las cuatro de la madrugada, ¿quién podría estar mandando una carta? Tenía que ser importante para que lo hiciera a esa hora.

El remitente decía: Ginny Potter.

Le parecía extraño, su madre tenía muy linda letra y esto estaba escrito con letras temblorosas.

Se apresuró a abrir la carta.

Lily, querida:

No tengo mucho tiempo, por favor, no se te vaya a ocurrir venir sola hija. Esto que te diré es delicado, tu hermano está en San Mungo, antes de que te adelantes, se encuentra estable. Cuando llegues te explicamos, cuídate.

Te ama, tu madre.

Si su carta trataba de no angustiarla, pues logró lo contrario. Volteó a ver a Scorpius, estaba apoyado en su codo con sus ojos entrecerrados.

—¿Qué dice la carta?

Mi cara debía decirlo todo.

—Mi hermano está en San Mungo —al instante su novio se levantó y la abrazó.

—Te acompaño, no dejaré que vayas sola.

No tardaron un segundo más en vestirse con lo primero que estuviera al alcance para irse.

(…)

Estaba llegando a la sala de espera cuando distinguió a su familia, en el sillón sus padres abrazados, en el rincón su hermano James a lado de Ted. No tardaron en darse cuenta de la presencia de Scorpius y ella. Su padre se paró y la abrazó.

—¿Cómo está? —su padre no la soltó.

—Está bien, no fue grave, presenta quemaduras de primer grado en la espalda y piernas. En la tarde le darán de alta. Me alegra saber que estés bien.

—¿Qué ocurrió? ¿Qué está sucediendo? —La separó de su pecho y beso su frente—. No me ocultes información. Confía en mí, necesito saber qué pasa, ¿por qué alguien querría lastimar a Albus?

—No hablemos de eso ahora Lily. Tu hermano te está esperando.

—Por más que trates de fingir que todo va bien no te creo, averiguaré lo que pasó, así no lo quieras —terminó yéndose enfadada hacía la habitación donde tenían a su hermano Al.

Dio unos golpecitos a la habitación 302.

—Adelante —escuchó y se adentró. Con una sonrisa nostálgica al verlo, estaba boca abajo, cubierto de geles color azul grisáceo, desde la espalda hasta las piernas como parte del tratamiento en la espera de una pronta recuperación.

—¿Cómo te sientes?

—Cansado, no me veas así —le reprochó Albus.

—Entonces ¿cómo te veo? ¿con las orejas? —dijo en modo broma. Logró conseguir que su hermano riera.

—Sabes a lo que me refiero, con lástima, como verían a alguien enfermo. Estoy bien. Y si no fuera porque soy bueno en defensa, no tendrías más a tu hermanito preferido.

—Que arrogante, y ¿por qué tan seguro de ser el favorito? Jamie es más divertido y de pequeña me seguía las bromas —respondió y a la par se tocó la barbilla con el dedo índice.

—Touché, pero yo siempre he estado para ti, además si no fuera por mí no estarías con Scorpius.

—Tal vez no tan pronto, pero yo lo conocí antes que tú, así que nos hubiéramos encontrado en Hogwarts —se quedó callada un momento—. ¿Qué hacías afuera tan tarde?

—Alice se fue, estaba regresando de San Mungo, la vi empacando —miró hacia abajo—. Últimamente ha estado muy rara, no es la misma, no me quiso explicar por qué, traté de detenerla y la perdí, sin que me diera cuenta ya estaba en un callejón, me rodearon tres hombres y terminé así.

Algo sonaba extraño en todo eso, es verdad que su hermano y Alice habían tenido sus diferencias, pero su amiga no se iría sin una explicación, tendría que hablar con ella, Alice era una persona honesta, que afrontaba las situaciones.

—Me alegra que estés vivo…

—Hay algo delicado —la interrumpió antes de terminar—. Buscaban a la chica de la profecía y si no mal recuerdo hace poco nos enteramos de la tuya.

—Crees que tenga que ver conmigo… De hecho, ahora que lo pienso eso cuadra con la sobreprotección que ha tenido Scorpius en las últimas semanas.

—Ve con Tara, había prometido no decir esto, pero creo que llegó el momento —lo último lo había dicho tan bajo que tuvo que esforzarse en oírlo—. Nómbrale Aequus, ella lo entenderá.




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