- Buenos días, abuela Lee.
Beomgyu dejó un pequeño ramo junto al memorial, enseñando una suave sonrisa antes de juntar sus manos y cerrar sus ojos. Ese sería un día largo y necesitaba de todas sus fuerzas para soportarlo, por lo que había imaginado que estar ahí desde temprano volvería las cosas más sostenibles para él. La extrañaba mucho. No podría dejar de pensar en cómo hace unos meses todavía la tenía junto a él y en lo feliz que estaba ante la idea de que fuera a verlo. Tristemente, eso jamás ocurriría.
Sus ojos picaron mientras murmuraba palabras silenciosas llenas de adoración hacia su persona. Yeonjun, quién acababa de llegar, caminó prudentemente hacia él y le hizo compañía. Beomgyu abrió sus ojos un minuto más tarde y se los frotó, tomando una bocanada de aire para calmar un poco su pena. Se mostró consternado cuando, al voltear, el peliazul estaba junto a él, dedicándole una sonrisa.
- Hey. - Saludó. Beomgyu ni siquiera parpadeó. - Creo que hemos tenido la misma idea. - El menor siguió sin hablar. Yeonjun se guardó una risita y se atrevió a tomar su mano. - Ya que has terminado, está bien si caminamos juntos hacia el instituto, ¿cierto?
Sus mejillas se tiñeron levemente con rubor y miró de reojo el memorial de la señora Lee mientras se alejaba. Suplicaba que ella acobijara su corazón tras el término de la jornada.
- No imaginé que podría encontrarte aquí. - Admitió el castaño en voz baja, mirando tímidamente sus manos tomadas. ¿Por qué Yeonjun no lo estaba soltando?
- Recordé que ella quería verte el día de hoy. - Rascó su cabello, igual de tímido. - Quería hablarle de lo mucho que has trabajado para este día.
Beomgyu alzó la vista, deteniéndose de improvisto. Su corazón estaba saltando como un loco debido a la atención recibida y sentía que podía llorar ante lo atento que era Yeonjun. El peliazul se detuvo también, girándose a verle. Una sonrisa se asomó en sus labios mientras se posicionaba frente a él.
- Siendo sincero, igual imaginé que podrías estar aquí. - Ahora tomó ambas manos del menor. - Y quería verte.
- Ibas a verme de todas formas, ¿no?
- Bien... - Disminuyó la distancia, su mano amoldó su rostro mientras sostenía su mirada. - Esperaba poder ir contigo hasta el instituto, los dos solos.
- ¿Por qué?
- Evidentemente, quiero pasar tiempo contigo a solas, ¿no estoy siendo lo bastante claro? - Sonrió con diversión. Beomgyu estaba olvidando cómo respirar. - Lindo. - Murmuró, pellizcando su mejilla.
- ¿No has repetido eso demasiadas veces este último tiempo? - Se quejó. Yeonjun rió antes de besar su nariz.
- Eres tan lindo, Choi Beomgyu. - El aludido abultó su labio inferior en un puchero, sin saber qué hacer frente a esos tratos. ¿Yeonjun al menos podía imaginar cómo lo hacía sentir? - ¿Tienes algo que hacer mañana a medio día?
- ¿Estar en el instituto, quizás? - El peliazul sonrió con ironía.
- Más bien, me preguntaba si estabas libre. - Beomgyu enarcó una ceja. - Tengo la muestra con el club de literatura y... bueno... voy a leer uno de mis textos en voz alta. - Humedeció sus labios. - Me gustaría que me escucharas, quiero hablar contigo después de eso.
- Tengo mi exposición de fotografía un poco antes, pero estaré a tiempo ahí. - Aseguró, su sonrisa volviéndose un poco nerviosa. - Sobre lo que quieres hablar, ¿no prefieres hacerlo hoy?
- Oh, no, definitivamente debe de ser mañana. - Sonrió alegremente, tirando de su mano para obligarle a caminar.
- ¿Y si resulta que hoy es el último día de nuestras vidas y no alcanzas a decirme eso que quieres?
- Beomgyu, eres impaciente, ¿cierto? - Yeonjun reía; Beomgyu hizo una mueca con sus labios. - Sopórtalo un poco, ¡mañana será nuestro gran día!
El menor suspiró, mirándole un poco decaído. ¿Yeonjun querría hablarle realmente el día de mañana?
***
Soobin caminó por los pasillos después de almorzar con sus compañeros. Las horas normales de clases habían acabado y ahora podía ver a todos los estudiantes yendo de un lugar para otro ante el inicio del aniversario. A través de las ventanas que daban hacia las canchas podía ver a distintos cursos iniciando la competencia deportiva y suspiró mientras se detenía a observar un rato. Había pasado todos sus años siendo un simple organizador y en este, su último aniversario, comenzaba a sentirse un poco melancólico por no aportar más. Al menos ese día participaría del número de Huening Kai.
Las voces de chicas cuchicheando llamaron su atención y cuando volteó, le fue difícil no sorprenderse al encontrar a un chico demasiado familiar observando por otra de las ventanas mientras un pequeño grupo de estudiantes le daban miradas llenas de ensoñación.
- ¿Niki? - Caminó hasta él, el chico rápidamente giró en su dirección, una sonrisa ensanchándose en sus labios.
- ¡Hyung! Es bueno ver un rostro conocido. - Parecía aliviado.
- ¿Qué haces aquí? ¿No estabas estudiando en Seúl? - El contrario parpadeó. - ¿Te estás saltando las clases?
- ¡Tengo razones! - Él ya veía venir un reproche. - El abuelo quería hablar con mi hermano y aprovechó el aniversario para invitarnos, ¡creo que es su manera de persuadirnos para volver a casa! - Se apoyó contra una de las paredes, pensativo. - Este instituto es de los mejores de la región y además sigue un plan inclusivo en todo lo que respecta al área artística, por lo que probablemente intenta hacernos caer con eso.
- Francamente, me resulta increíble que ustedes no estuvieran aquí. - Niki sonreía.
- No es que sea una mala opción, pero el internado artístico es por mucho un pase más directo a la universidad.
- ¿Estás... estás en un internado artístico? - Soobin le miraba estupefacto; Niki asintió.
Un internado artístico. Cuando tiempo atrás Soobin escuchó a su madre decir que quería enviar a Beomgyu a dicho internado donde estudiaban los Shin, jamás imaginó que se trataba de un internado artístico. ¿Exactamente qué pasaba por la cabeza de ella? El pelimorado ni siquiera podía comprender que la había llevado a considerar tal opción. ¿De verdad no le molestaba ver a uno de sus hijos entregado al área artística?