No soy Soobin

Capítulo 76

Beomgyu se apoyó contra la pared mientras veía a sus compañeros de club ir de un lado a otro ordenando la sala para la exposición. Presionó el puente de su nariz, sintiendo un leve dolor de cabeza, y suspiró agónicamente debido al revoltijo en su estómago. Había bebido demasiado. Durante la mañana sus amigos habían intentado buscar métodos para hacerlo sentir mejor, pero nada había logrado aliviar su resaca. Sobre todo, el menor era consciente de que sus malestares físicos estaban más allá de sus tragos de más. Él se sentía demasiado consumido.

Frotó sus ojos y observó sus fotografías, las cuales aún no había ordenado para comenzar a acomodarlas en su sitio definido. Sabía que no debía de perder tiempo e ir donde Yeonjun, pero se sentía demasiado deprimido como para avanzar. Tomó las fotos, las revisó. Su amiga corrió a él al verlo lanzarlas descuidadamente sobre su escritorio.

- ¿Qué estás haciendo? - Ryujin observó las fotografías regadas. - Se supone que debes ordenar eso, ¿por qué no lo estás haciendo? ¿Necesitas ayuda? - La joven estuvo a punto de tomar las fotos, mas Beomgyu fue más rápido en alejar sus manos. - Beomgyu...

- No hagas nada. - Su voz era monótona. - No seré parte de la exposición.

- ¿De qué estás hablando? ¡Has trabajado demasiado en esto como para no terminarlo! - El castaño no respondió, sólo tomó una de las fotografías de su hermano. - Muchas personas pasarán a ver esto, ¿sabes? ¡Hiciste un trabajo precioso! ¿No quieres que tu hermano lo vea?

Beomgyu sonrió apenas, pensando en su hermano. Él había sido iluso al intentar mostrar el lado de él que nadie conocía; Soobin jamás querría que lo expusieran de esa forma. Rompió una de las fotografías en dos partes, dejando caer los pedazos al piso. Ryujin exclamó con sorpresa y se lanzó sobre el resto de las fotos, asegurándose de que no estuvieran al alcance de su amigo.

- Dame eso. - Beomgyu extendió la mano hacia ella. - Ryujin, dame eso ahora, me pertenece. - Sonaba completamente serio.

- No sé por qué razón estás actuando así, pero no permitiré que arruines tu trabajo de esta forma. ¡Estoy segura que te arrepentirás de esto! - Beomgyu bufó, poniendo los ojos en blanco. - No tienes que exponer si no quieres, pero guardaré esto por ti hasta que recuperes la consciencia.

- No necesito que guardes eso por mí. - Frunció sus labios con molestia. - Tíralo a la basura, córtalo en pedacitos o dáselo a una chica que esté estúpidamente enamorada de mi hermano mayor, como quieras, sólo deshazte de eso y no vuelvas a mostrarlo frente a mí. - La mirada de la chica oscureció mientras lo veía dar la vuelta.

- ¿Ni siquiera vas a quedarte en la exposición?

- No me importa.

Beomgyu dejó la sala, ignorando incluso la mirada de su profesor. Ryujin tomó la fotografía rota, mirando con pena el trabajo de su amigo. ¿Qué se suponía que estaba pasando con él?

El menor compró una lata de refresco, llevando rápidamente el contenido a sus labios. Era difícil tragar con un nudo en la garganta, pero tenía que hacerlo. Su estómago se revolvió de manera impresionante y cubrió su boca ante las náuseas. Lanzó la lata a la basura, corrió por el pasillo y en menos de un minuto se encontró de rodillas en uno de los baños, vomitando lo que acababa de beber. Su abdomen dolía debido al esfuerzo, sus ojos lagrimeaban y su cuerpo comenzó a sudar de manera inesperada. Se sentía enfermo.

Caminó hasta el lavabo y enjuagó su boca, apartando luego las pequeñas lágrimas en sus ojos que por primera vez no eran sinónimo de tristeza, sino por el esfuerzo tras vomitar. Apoyó sus manos contra el lavabo y alzó su mirada, observando su reflejo. El color de su piel era más claro, enfermizo. Si Huening Kai estuviera ahí, seguramente lo llevaría a la enfermería a descansar, pero Huening Kai no estaba ahí. Por primera vez desde que lo conocía, él estaba faltando a clases, y no podía creer que lo hacía justo el día de su exposición. No estaba contestando sus llamadas, tampoco sus mensajes; Beomgyu tenía claro que lo estaba evitando.

Cerró sus ojos unos segundos, esperando que sus malestares disminuyeran. Se odió a sí mismo por beber demasiado la noche anterior, pero tampoco se arrepentía de ello. Sus recuerdos eran un poco difusos, pero imaginaba que nada importante había pasado. Después de todo, los chicos habían actuado bastante natural aquella mañana. Secó el sudor de su frente, volvió a ver su reflejo; su estómago se contrajo al verse a sí mismo.

- Realmente me das asco. - Murmuró para sí mismo.

Pensó en Huening Kai, quien debía estar en su casa para no tener que verle la cara. Pensó en Soobin, quien debía estar haciendo su trabajo de presidente mientras fingía que todo estaba bien. Pensó en los estudiantes que ahora debían estar en sus clubes o en las competencias deportivas, disfrutando del aniversario. Pensó en Yeonjun, quien debía estar esperando por él mientras estaba acompañado por Heeseung y por Taehyun. Pero él estaba ahí, en el baño, completamente solo mientras seguía siendo el mismo chico patético de siempre. Rió de sí mismo con amargura, sobrellevado por sus propios pensamientos, y terminó por estrellar su puño contra el espejo al dejarse llevar por su rabia personal.

- Patético. - Abrazó su puño ensangrentado. - Maldito enfermo.

Se acurrucó contra las baldosas y cerró sus ojos; él ya ni siquiera podía llorar.

***

Yeonjun observó a uno de sus antiguos compañeros de club pararse frente a todos, leyendo su relato. Las palabras del chico se desvanecían en el aire mientras su mente se conservaba en otro lugar. Observó la hora; quizás Beomgyu se había retrasado por su exposición. Abrió su cuaderno, revisó su texto. Taehyun y Heeseung le lanzaron miradas curiosas cuando empezó a tachar varias partes.

- ¿Qué estás haciendo?

- No termina de convencerme. - Comenzó a escribir inquietamente. - No sé... no sé si estoy transmitiendo esto correctamente. - Su voz tembló con inseguridad. Él no quería ser un maldito cursi y había eliminado cualquier detalle que pareciera demasiado empalagoso, pero incluso así no estaba seguro de sus palabras. Ante todo, quería que el menor entendiera que esa no era una simple confesión. - ¿Dónde está Beomgyu? - Apretó el cuaderno entre sus manos. - Ya casi es mi turno.




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