Luego de ducharse rápidamente y atragantarse con el desayuno (porque él no era alguien que salía de casa sin cumplir con esas dos cosas), Bucky terminó perdiéndose todo el primer bloque de clases, puesto que los dos primeros buses iban tan abarrotados de personas que el chofer ni siquiera perdió el tiempo en detener la máquina.
Los pies del ojiazul se deslizaron por el piso como si de grandes sacos de cemento se tratara. Sus pertenencias iban en su bolso deportivo, pues había olvidado por completo cómo había terminado su mochila el día anterior. Suspiró con cansancio, abriendo la puerta del salón, las miradas de quienes seguían ahí incluso durante el receso se posaron por un instante en él, pero rápidamente se apartaron; Bucky Barnes no era alguien en quien el resto perdía su valioso tiempo.
Una muchacha de cabello rubio fue la única que mantuvo su mirada en él mientras masticaba perezosamente su sándwich. Bucky se detuvo a observarla a ella y su pequeño desorden regado sobre el escritorio compartido, y fue cosa de segundos para que sus ojos se iluminaran como si hubiese recuperado las ganas de vivir.
- ¡Amor, te extrañé tanto! - Gritó, desvaneciendo la distancia que los separaba para lanzarse sobre el escritorio.
Sharon Carter tragó la comida que tenía en la boca, observando con pena al ojiazul que ahora abrazaba una cámara fotográfica como si esta fuese su hija.
- Ah, hola, Shari. - Saludó luego a la chica, quien se limitó a hacer un movimiento con la cabeza. Los ojos del castaño inspeccionaban detalladamente el objeto en sus manos y la rubia no pudo evitar sonreír un poco; era interesante la expresión del joven siempre que sostenía su cámara fotográfica. - Está bien, está bien. - Suspiró más tranquilo. - Gracias por cuidar de ella, Shari. - Sonrió con dulzura, las pequeñas arrugas en sus ojos haciéndolo ver más infantil. Los dedos de la chica cosquillearon con deseos de acariciar su rostro y suspiro pausadamente, obligándose a mantener sus manos lejos de él para terminar su comida.
- Sí, como sea. - Le restó importancia. - ¿Has tenido problemas en tu casa ayer? - Bucky sonrió con pena, acariciando los botones de su cámara antes de alzarla frente a su mejor amiga y capturar su imagen.
Hace unos meses Sharon le hubiese dado una mirada venenosa por atreverse a sacarle una foto, no obstante, acostumbrada ya al comportamiento imprudente del menor y su extraña manía de andar sacando fotos, esperó que este se animara a contestarle.
- Lo mismo de siempre. - Se encogió ligeramente de hombros.
- ¿Al menos le contaste a alguien de tu familia las razones por las que terminaste así? - Bucky se mantuvo en silencio, observando las imágenes que almacenaba en la memoria de su querida cámara. Sharon se sintió ofendida, pues no había nada que odiara más que ser ignorada. Su puño golpeó sin demasiada fuerza el estómago del contrario y este se tensó en su asiento, mordiendo su labio; sólo eso bastó para que las suposiciones de la mayor fuesen confirmadas. - No les dijiste.
- Yo no... - Intentó excusarse, pero Sharon tiró levemente de su camisa hacia arriba para observar su magullado torso. El ojiazul se removió en su asiento, avergonzado. - ¡Sharon, hay gente en la sala!
- Nadie nos está mirando. - Los dedos de la chica delinearon una gran marca morada al final de la costilla izquierda del menor y su mirada se encendió con enfado. - Debiste haberles dicho. - Reprochó a secas. Bucky sólo la apartó con cuidado, bajando rápidamente su camisa.
- No les importa.
- Te golpearon, Buck, deberías de preocuparte por tu estado.
- No me he fracturado ningún hueso, estoy completamente bien. - Enfurruñado, se enderezó en su asiento para seguir observando las fotos de su cámara, decidiendo dejar de hablar con su amiga hasta que esta dejara de insistir.
Sharon Carter suspiró. El recuerdo del día de ayer vino a su mente y no pudo más que sentirse culpable por no haber evitado lo sucedido.
Casi al finalizar el almuerzo, una llamada de Loki (un chico que pertenecía al mismo club de Loki) había alertado a ambos jóvenes. El muchacho no dejaba de llorar mientras decía que estaba paseando con un amigo cuando vieron cómo un grupo de salvajes amedrentaban a unos cachorros que habían sido abandonados en una esquina del arroyo. El castaño ni siquiera dejó que Loki terminara de hablar cuando ya estaba tomando su mochila, diciéndole a Sharon que probablemente no llegaría a la última clase y que por favor cuidara su cámara, porque definitivamente eso era lo único que no podía arriesgar.
Y así fue, Bucky no llegó. Y cuando al finalizar las clases corrió, como nunca, al encuentro del menor, lo encontró todo magullado y embarrado mientras se cercioraba del estado de tres pequeños cachorros que temblaban de miedo y frío.
Loki y su amigo le habían contado que el menor había tratado de detener a los sujetos, pero al ver que conversar con descerebrados era una pérdida de tiempo y eran demasiados como para poder contenerlos, había terminado por envolver la caja en donde se encontraban los cachorros con su cuerpo, recibiendo la golpiza que aquel grupo tenía deparada para las pequeñas criaturas. Como si no fuera suficiente, esos malditos habían conseguido separarlo de los cachorros mientras a carcajadas los lanzaban al agua lodosa, y Bucky había hecho uso de toda su fuerza para zafarse del agarre de esas bestias y tirarse al agua para rescatar a los animalitos. Los desconocidos aprovecharon para huir mientras el chico los sacaba del agua.
Para rematar, cuando Sharon había tomado su toalla de gimnasia para extendérsela a su amigo y que se secase un poco, el idiota prácticamente se la arrebató de las manos para envolver a los cachorros con ella, secando sus temblorosos cuerpecitos.
Ya, ya, ¡ya no tendrán frío!, había dicho. Y Sharon se preguntó si era posible que en ese mundo existiese alguien más tonto que Bucky Barnes.