No Soy Yo

Dieciocho

El viernes por la mañana, todos los que participaban en la obra se apresuraron a acabarlo todo, por el mediodía, las dos chicas fueron al pueblo a comprar globos de agua. Una vez en su casa, Melissa descubrió a un contento Michael que traía algo entre los brazos.

— ¡Mira Melissa! ¡mira lo que he encontrado!— ella vio el cuerpecito gris y tembloroso que sobresalía de entre sus brazos; una cría de gato, que no debería tener ni un mes. — estaba en la calle, como lo vi tan pequeño... ¿crees que mamá me dejará quedármelo?

Melissa miró al animal un poco alterada y éste la observó asimismo con sus hipnóticos ojos, dejando de maullar, sin duda era una delicia, pero algo en su interior le advirtió que no debía encariñarse con él. Por su cerebro pasaron como un flash las imágenes de su sueño, aquel que siempre se repetía y en donde ella bagaba perdida por el bosque y veía un indefenso gatito. Éste siempre se hacía gigantesco y quería devorarla. También, como no, tuvo presente a su atacante en la vieja iglesia, aquella imagen felina que le sonreía aterradora, mostrandole sus colmillos y mirándola como si la conociera. Se apartó sobresaltada volviendo a la realidad.

— ¡Deja ese gato donde estaba!¡no me gustan los gatos!¡no quiero verlo, no quiero saber nada de él!—y se alejó corriendo hacia su habitación.

Una vez allí se sintió protegida y se calmó, su corazón latía desenfrenado y al alzar la vista, vio a Carol que la miraba sorprendida.

— ¿Qué te pasa?

— No es nada, debo haber subido demasiado aprisa las escaleras... ¿puedes dejarme ver las botas y la capa del disfraz?

Cuando estaban comiendo, sonó el teléfono y se puso Gary, éste en seguida reconoció al interlocutor.

— ¡Eeeey Steve!—se quedó escuchando en silencio y miró a Melissa— sí... bueno, lo conoce mi hermana. Claro, ya se lo diré, hasta luego, adiós. —y colgó.

— ¿Qué quería tu amigo?—le preguntó el padre.

— Me ha pedido si podría hablar con aquel chico que el sábado él hipnotizó, es amigo tuyo, ¿no, Melissa?— ella le preguntó que qué quería de él — No me lo ha dicho, ¿esta tarde lo veras?

— No, a él no, pero sí a Hannah.

Mientras terminaban de comer, Michael no dejaba de mirar a su hermana de reojo, por el gatito no había problema, su madre se lo había dejado quedar, pero no entendía la actitud de su hermana al enseñárselo.

Por la tarde, Melissa le contó a Hannah lo de Steve y ésta estuvo tan asombrada como ella.

— ¿Que quiere hablar con Jonathan?¡qué misterio! como no quiera felicitarlo por su actuación... pero me extraña mucho, al fin y al cabo todo fue mérito suyo. En fin, ya lo veremos, ¿llevas el bañador?

— Sí, y los globos, será divertido, ¿verdad?

Una vez vieron a los chicos, estos reían maliciosamente armados con un globo cada uno.

— ¡Eeeeh, no os paséis! esperad al menos que nos saquemos la ropa.

En las clases, todos los alumnos se desvistieron y llenaron los globos en las fuentes de los patios, luego ya podéis imaginaros lo que pasó, fue una batalla espectacular, decenas de globos surcaron el aire y no se salvó nadie, ni siquiera los profesores.

Una vez terminó todo, ya más relajados, se cambiaron de ropa y fueron a la sala de actos, donde se había montado una mini—discoteca. A eso de las siete de la tarde, los profesores los despidieron, deseándoles una buena Semana de Pascua.

En casa de Hannah, le dieron el recado a Jonathan y éste se negó en redondo a ver al psicólogo.

—¡Vamos, no seas cabezota! ¿qué crees que te pasará?— al final lograron convencerlo si ellas dos lo acompañaban también.

— Hola, buenas tardes.— les dijo Steve abriéndoles la puerta— pasad a mi despacho y sentaos.

— ¿Para qué quería ver a mi hermano?

— Bueno, en primer lugar llamadme de tú, por favor, no soy tan mayor. Esto... es que es una situación un poco delicada y todo este fin de semana le he estado dando vueltas, ¿cómo te llamas?

— Jonathan.

— Lo que pasó en mi actuación del sábado fue muy extraño, adivinaste las cinco cartas con una facilidad increíble. Y encima lo remataste con el resto de la baraja...

— Bueno, yo solamente me dejé hipnotizar.— dijo el chico encogiéndose de hombros.

— Es eso lo que no acabo de comprender, me pareció que no salía bien, nunca llegue a entrar en tu mente, por eso, cuando respondiste con tanta exactitud, quedé muy sorprendido. ¿Cómo lo hiciste?

Las chicas se miraron y Melissa recordó que aquel chico de negros cabellos tenía alguna clase de poder; Carol pudo verlo a solas con él en la cocina.

—¿Quieres decir... que lo adivinó él solo?—preguntó Hannah.

— Exactamente, hacía mucho tiempo que nadie lograba una cosa así.

— ¿Qué tienes que decir a eso, Jonathan?—le dijo su hermana. Éste las miró a ambas sintiéndose acorralado. Sabía que algún día su secreto saldría a la luz.

— No... no tengo nada que decir.

— Pero te darías cuenta que no te había hipnotizado, ¿por qué no dijiste nada?




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