No Soy Yo

Treinta y uno

          Por la mañana del domingo, bien temprano, Jonathan tocaba el piano con una profunda tristeza. Acababa de recibir la visita de sus padres y de Hanna. Todos se mostraron muy atentos con él, hasta le trajeron un precioso peluche en forma de buho de color azul para que le hiciera compañia. Su familia notó su tristeza y trataron de animarle pensando que era por el hecho de estar encerrado alli. Pero no era por esa causa que estaba tan apesadumbrado. La verdad era que poco le importaba quedarse alli toda su vida, estaba demasiado acostumbrado a la reclusion, aun sin burbuja se pasaba la mayor parte del dia cuando no trabajaba encerrado en su habitacion.

            Lo que pasaba es que recordaba a Melissa, la expresion que puso ella al decirle aquello. Se habia marchado muy asustada y temia que no quisiera volver a verle. Habia sido testigo de sus poderes y lo que podía influir sobre ellos, aunque de manera involuntaria. Aquello, más que para unirlos habia servido para atemorizarla a un nivel tal que no pudo soportarlo y se marchó, se fue corriendo sin atender a sus suplicas. Pero tenia que saberlo, tenía que saberlo todo... Además algo no dejaba de martirizarlo; tenía la terrible intuición de que si ellos no conseguian permanecer juntos, podia pasar algo muy grave, algo que ambos desconocían.

 

            En estas estaba cuando notó un calorcillo que provenia del exterior.  Él desde alli no podia ver nada, pero un poco más allá, al otro lado de su puerta, todo el hospital habia parado su actividad. Todo el personal y pacientes se hallaban bajo un potente influjo, todos inconscientes, unos en sus camas como si simplemente estuvieran durmiendo, el resto caidos en el suelo o sobre sus mostradores. En aquel mismo instante, dos figuras se disponían a entrar  en la habitación donde estaba él. Éste dejó de tocar al acto al ver como se abria la puerta de la habitación, cosa rara puesto que él siempre preveía con su instinto cuando iba a venir alguien.

            —¿Quien... quienes sois?— exclamó congelado por la impresion, al ver que las dos figuras llevaban sendos trajes muy extraños y un casco que impedia ver sus rostros.

            Éstos no le respondieron y uno de ellos, el que parecía ser de menor estatura y menos corpulento, hizo un gesto con la mano y la puerta se cerró sola. Jonathan a penas pudo creer lo que veían sus ojos, aquellos dos hombres poseian sus mismos poderes.

            El otro hombre abrió la cremallera y entraron, la cerraron cuidadosamente y una vez sellada se quitaron los cascos.

            Uno era un hombre moreno, de cabellos largos hasta los hombros y media barba. El segundo resultó ser una mujer, de larga cabellera rubia, ambos poseían una belleza singular. Lo miraron de arriba a abajo sonrientes, tambien se miraron entre ellos y se hablaron en una lengua extraña. Parecían muy aliviados de encontrarse alli con él.

            El hombre se puso la mano derecha en el corazón a modo de saludo y la mujer lo imitó. Luego los dos le dijeron algo que el chico no entendió pero que en nuestra lengua sería así:

            —”Por fin hemos podido encontrarte majestad, celebramos verte despues de tantos años y sin duda vemos que estas gentes te han sabido proteger bien,  no hemos dejado de llamarte pero no nos has contestado. La guerra ha acabado y hemos venido para llevarte con nosotros, a tu casa, con los tuyos”.

            La mujer asintió mientras le ofrecía uno de los trajes que llevaba consigo. Jonathan vio consternado que era igual que el que ellos llevaban y pudo fijarse en el emblema que habia cosido en él; dos triángulos dorados unidos por un lado.

— — —         

            Melissa se estaba quitando el pijama algo preocupada; aquella mañana se habia despertado muy inquieta, como si algo no fuera bien y aquella sensación ya le era demasiado familiar para saber que no significaba nada bueno.

            —Debo ir a ver a Jonathan. Le dire que me perdone por haberme marchado de aquella manera, debe pensar que soy una histerica... Carol le preguntó a donde iba.

            —Voy al Saint George, necesito hacerle una visita a Jonathan.

            —Pues te acompaño, solamente fui una vez a verle y  lo vi muy apagado.

            Entonces decidió confiar en ella, como una vez lo hizo Carol para decirle lo de sus poderes.

            —El jueves fui a verle e hicimos un experimento, tuvimos como una vision conjunta, pensabamos lo mismo y además me mostró como mueve objetos, ¡fue asombroso!— no quiso explicarle exactamente lo que pasó luego. — Pero Carol, en vez de alegrarse se quedó muy parada, a ella no quiso mostrarle nada de lo que hacía, ¿por qué a Melissa sí?

            — Vaya, yo le pedí que me los enseñara y me hizo callar con mucho miedo, ¿por qué a tí ha querido enseñartelos?

            —Pues... no lo se.— respondió, aunque se lo imaginaba, Jonathan le tenía mucha más confianza, porque la veía como a una igual y  además se habia sincerado con ella respecto a sus sentimientos... ¿o lo habria interpretado mal?— Pero Carol frunció el ceño y al ver a su hermana como dudaba se imaginó lo peor y comenzó a chillarle:

            —¡Yo sí lo se!¡y tu lo sabes perfectamente, no me trates como a una niña como haces siempre!¡él se ha enamorado de tí y por eso hace todo lo que tu le pides!pensaba que te gustaba Toni y ahora juegas con Jonathan, ves a saber lo que has llegado a hacer con él para que él acepte mostrarte su poder... ¡solamente eres una frivola y una ligona cualquiera y además, hace solo unas semanas que Billy se murió!




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