No Soy Yo

Treinta y tres

“Ven a casa Dagga Bradna, ven pronto a tu hogar, te estamos esperando”

 

Melissa no comprendía las intrigantes voces que, metidas en su cabeza, repetían lo mismo constantemente.

Se había despertado de golpe al oírlas como en un sueño, pero ahora, una vez bien despierta, las podía oír claramente, como si hubiera alguien allí susurrándoselas al oído. Se los tapó levantándose y acercándose a la ventana, pero fue inútil, esas palabras, formuladas en un lenguaje extraño pero comprensible para ella no provenían del exterior, sino de su propia cabeza.

—¡Callaos! ¡Oh... callaos de una vez...!¡me vais a volver loca!

Entonces entró su madre preocupada y las voces cesaron repentinamente.

—¿Qué te pasa Hija?¿otra vez vuelves a tener pesadillas?— Melissa se abrazó a su madre temblando.

—Mamá... tengo miedo... tengo mucho miedo.—la madre fue a marcharse, pero esta la retuvo a su lado— no, no te vayas, quédate no quiero estar sola.

—Pero cariño, todos estamos durmiendo, es tarde y ya no tienes siete años para tenerle miedo a un simple sueño...

—Se me pasará, solo quédate aquí hasta que me duerma, por favor...

Su hija parecía claramente afectada, por lo que la madre asintió con el corazón en un puño y se sentó a su lado.

 

Por la mañana, las dos amigas decidieron ir a pasear en barca de remos y finalmente Melissa suspiró y dijo muy seria:

—Esta tarde iré a ver a Steven.

—¿A quien, al hipnotizador?

—Sí, ese mismo.

—¿Y por qué? ¿crees que necesitas que te hipnotice?

—No... es que le quería comentar una cosita... un asunto urgente.

—¿El qué?

—Lo siento, no te lo puedo decir.

—¿Y a él sí? No te querrás declarar...— Melissa puso los ojos en blanco, su amiga era única.

—No mujer, solo que... pasó algo cuando fui a su consulta.

—Madre mía hija... que misteriosa estas... ¿cuándo fuiste a verle? No me dijiste nada...

Al final, Melissa ante tanta insistencia decidió decírselo, total ya... no perdía nada.

—Hace unos meses, fui y le conté que veía cosas raras, ya sabes, aquel hombre—gato y que tenía sueños extraños. Pues que me hipnotizó y...

—¿Cómo? ¿te dejaste hipnotizar y a mí, a tu única y mejor amiga no me dijiste nada?— pero ella la ignoró y prosiguió.

—Espera, deja que continúe y no seas teatrera... cuando terminó me dijo (porque yo no me enteré de nada), dijo que había hablado en un idioma raro.

—¿En un idioma raro? ¿qué idioma?

—Sí, pero la cosa quedó en nada porque ni él ni yo pudimos descubrir lo que significaba, pero esta misma noche...

—¡Siiigue! ¡por el amor bendito, esto es mejor que las historias bobas de terror que nos explicaba tu hermano por Hallowen!

—Es que... pensarás que sufro alucinaciones o algo así...

—¿Te volvió a visitar el hombre—gato?— ésta negó molesta y por su momento dudó si explicárselo todo; sabía que su amiga no se lo estaba tomando demasiado en serio.

—Eran unas voces que me llamaban, parecía ser de varias personas a la vez, aunque no he podido entender lo que decían.

—¿Y eso quieres decírselo al hipnotizador? Pues no se chica... si por lo menos supieses lo que decían...

—Es que lo malo es que no era ningún idioma conocido...

—Toma, ni que tu supieses tantos...

—Pero se reconocer cuando es francés o alemán... o incluso japonés, ¡y eso no era ninguno de esos!¡no era de este planeta!

—Eeeei, para, para el carro que vas a volcar la barca. ¿Por qué no era de este planeta? Bueno... creo que te estas dejando llevar por la imaginación, o por esas naves que dices que vistes por tu casa... yo creo que solamente te quedaste dormida y soñaste, a mi a veces me ha pasado...

—Pues daba un miedo de narices, si no se lo explico a un especialista en temas raros, ¿que quieres que haga?¿quedarme igual y que esta noche vuelvan a llamarme?

—Esta bien, te acompañare, vamos, coge los remos que se ha pasado ya la hora...

—Gracias, así si necesita hipnotizarme otra vez y hago algo raro, tu seras testigo, porque se que no te crees ni una palabra... vaya mejor amiga que me ha tocado... —le dijo maliciosamente.

---

A las siete y media se presentaron las dos en su despacho. Steve al verlas a las dos se puso pálido, pero las hizo pasar tratando de no parecer preocupado.

—Hola chicas, ¿que os trae por aquí?

—¿Recuerda la última vez que vine?

—Sí claro... como iba a olvidarlo... ¿y esta amiga tuya tan guapa quien es?

—Es Hanna, la hermana de Jonathan. Estuvo conmigo el día de la representación y vinimos también con él a verle, ¿no lo recuerda?

—Es verdad, hace mucho de eso, lo había olvidado. ¿Cómo esta tu hermano?¿sigue con su extraña enfermedad?

—Bueno... no esta ni mejor ni peor, simplemente no está.

—¿Cómo dices?

—Que ya no está en el hospital, ha desaparecido, tiene que habérselo llevado alguien y nadie sabe donde.

—Vaya...— Steve se secó el sudor que le iba bajando por la frente. De repente hacía un calor asfixiante allí dentro.

—¿Le pasa algo Doctor?¿esta bien?— el chico las miró a ambas algo nervioso y al fin le dijo a Hanna:

—Si no te importa tendría que hablar con tu amiga un rato a solas.—Pero Melissa negó rotundamente.

—Si ha venido es para enterarse de todo lo que ocurre, además se lo he explicado todo, lo de la clase de hipnotismo donde hablé en un idioma...

—No es sobre ti, es sobre Jonathan.— dijo él gravemente. Ellas se miraron asombradas y Hanna le preguntó con una pizca de esperanza:

—¿Sabe donde puede estar mi hermano?¿ha venido a verle?

—No, él no. Han estado viniendo otros jóvenes, todos de aproximadamente su edad y aspecto.

—¿A sí?¿qué les pasaba?

—Todos padecían de lo mismo, oían unas voces extrañas que los llamaban.— y antes de que Melissa pudiese interrumpirle prosiguió— Uno de ellos afirmó ver una nave por el cielo, enorme que aterrizó frente a él en el bosque. Al no poder moverse, atraído por su luz anaranjada, tuvo que observar impotente como se abría una puerta y de unas escaleras descendían dos o tres personas muy altas vestidas con trajes espaciales. Lo obligaron a acercarse con una fuerza poderosa y en seguida se vio en el interior prisionero a merced de aquellas gentes que le hicieron algunas pruebas, a veces consciente y a veces no. Luego decidieron dejarlo suelto, asustado en medio del bosque. Él no entendió nada de lo que decían, pero estaba seguro que buscaban a alguien.




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