No sueltes las riendas

Capítulo 2 - No encaja aquí

Hay lugares donde todo parece encajar.

Y luego están aquellos donde sabes, desde el primer momento…
que algo está fuera de lugar.

El Domaine Équestre Valmont siempre había tenido un ritmo.

No era silencio, no realmente. Había pasos constantes sobre la grava, voces que se repetían con precisión casi mecánica, el sonido de los cascos marcando un compás firme contra el suelo. Todo se movía bajo una estructura clara, ordenada, casi perfecta.

Y Lottie encajaba en eso.

Siempre lo había hecho.

O al menos… hasta esa mañana.

—Charlotte.

La voz de Alexander Moreau no necesitaba elevarse para imponerse. Bastaba con que hablara para que todo a su alrededor pareciera alinearse de inmediato.

Lottie se giró sin dudar.

—Sí, señor.

Él la observó unos segundos, más de lo habitual. No como quien revisa postura o técnica… sino como si estuviera evaluando algo más profundo. Algo que ella no podía ver, pero que claramente estaba ahí.

Eso la incomodó.

—Vas a trabajar con Tempestad esta semana.

El nombre no la tomó por sorpresa.

Pero el peso de lo que implicaba… sí.

No era cualquier caballo. No era un reto más dentro del entrenamiento. Tempestad era ese tipo de problema del que todos hablaban sin hacerlo directamente. El que nadie quería, pero todos conocían.

Lottie sostuvo su mirada.

—Ya lo estoy haciendo.

Alexander negó apenas.

—No —corrigió—. Lo estabas intentando.

Directo.

Como siempre.

Lottie apretó ligeramente la mandíbula, sintiendo cómo esa pequeña corrección era suficiente para hacerle ruido. No porque no fuera cierta… sino porque no estaba acostumbrada a que se la dijeran así.

—Puedo manejarlo.

—Eso está por verse.

Otra pausa.

Más pesada.

Más consciente.

Y entonces—

—No estás sola en esto.

Algo en su tono cambió.

No fue evidente. No para cualquiera.

Pero Lottie lo notó.

Lo suficiente para que frunciera ligeramente el ceño.

—¿A qué se refiere?

Alexander no respondió de inmediato.

Desvió la mirada.

Y Lottie lo sintió antes de verlo.

Ese cambio sutil en el ambiente.

Esa incomodidad que no tenía explicación lógica, pero que se instalaba igual, como si algo acabara de desordenar el ritmo perfecto del lugar.

—Trabajarás con él.

Lottie siguió su mirada.

Y ahí estaba.

Sebastián Ferrer.

Apoyado contra la cerca, como si no perteneciera a ese lugar… pero tampoco pareciera interesado en encajar. Su postura relajada contrastaba demasiado con el orden que lo rodeaba, como si fuera el único elemento fuera de lugar en un sistema que funcionaba sin errores.

Y eso… la irritó de inmediato.

—No necesito ayuda —dijo, casi por reflejo.

—No es una sugerencia.

El tono de Alexander cerró cualquier posibilidad de discusión.

—Es una decisión.

Silencio.

De los incómodos.

Lottie cruzó los brazos, sin apartar la mirada de Sebastián, evaluándolo con la misma frialdad con la que él parecía mirar todo.

—¿Y él qué gana con esto?

—Nada.

La respuesta vino de él.

Sin moverse.

Sin cambiar la expresión.

—Créeme, si fuera por mí, no estaría aquí.

Eso fue suficiente para que algo dentro de Lottie reaccionara.

No era solo arrogancia.

Era rechazo.

—Entonces no estorbes.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Mínima.

Casi invisible.

Pero lo suficiente para que ella supiera que no estaba tomándola en serio.

—Lo intentaré.

Mentira.

Se notaba.

Alexander dio un paso atrás, como si la conversación ya no le perteneciera.

—Empiezan ahora.

Y se fue.

Sin más explicaciones.

Sin mirar atrás.

Como si eso fuera suficiente.




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