Hay caídas que no duelen por el golpe…
sino por todo lo que queda expuesto después.
El polvo aún estaba en el aire cuando Lottie se levantó.
No era mucho. Apenas una capa ligera que se había levantado con el impacto, flotando lo suficiente como para hacer visible lo que acababa de pasar. Pero para ella, se sentía como si todo el lugar estuviera cubierto por eso. Por ese momento. Por esa sensación incómoda que no tenía nada que ver con el dolor físico.
Porque el golpe no había sido lo peor.
Había sido la mirada de los demás.
Las que no se apartaron.
Las que no fingieron no haber visto.
Las que confirmaban exactamente lo que más le molestaba aceptar.
No había podido hacerlo.
Y esta vez… no había nadie que lo negara.
Lottie se sacudió el polvo de las manos con movimientos rápidos, más por impulso que por necesidad. Sentía el ardor en las palmas, el leve dolor en el costado, pero nada de eso importaba tanto como esa presión en el pecho que no desaparecía.
Respiró hondo.
Una vez.
Dos.
Como si eso fuera suficiente para recomponerse.
Como si pudiera volver a ese punto donde todo tenía sentido.
No lo hizo.
—¿Estás bien?
La voz la sacó de ese intento inútil de ordenarse.
Sofía.
Lottie levantó la mirada apenas lo suficiente para verla acercarse, con esa mezcla de preocupación y curiosidad que no sabía disimular del todo. Su cabello oscuro recogido de forma descuidada, el uniforme ligeramente desajustado… todo en ella era lo opuesto a Camille. Menos perfecto. Más real.
Y en ese momento… más fácil de soportar.
—Sí —respondió Lottie, demasiado rápido.
Sofía alzó una ceja.
—No parece.
Lottie soltó una pequeña exhalación, desviando la mirada hacia Tempestad, que ahora estaba siendo sujetado por uno de los encargados. Más tranquilo. Como si nada hubiera pasado.
Como si no hubiera sido él quien la había tirado.
—Estoy bien —repitió, esta vez más bajo.
Sofía no insistió de inmediato.
Solo se quedó ahí, observándola, como si estuviera decidiendo cuánto presionar.
—Sabes que todos vieron, ¿verdad?
Directa.
Sin rodeos.
Lottie cerró los ojos un segundo.
—Gracias por recordármelo.
—No lo digo por eso.
Pausa.
—Lo digo porque ya están hablando.
Por supuesto que lo estaban.
Lottie apretó la mandíbula.
—Que hablen.
—Lo hacen —respondió Sofía—. Y no todos están de tu lado.
Silencio.
Eso no era nuevo.
Pero escucharlo en voz alta… lo hacía distinto.
Más real.
Más incómodo.
—No necesito que estén de mi lado.
—No —dijo Sofía con calma—. Pero tampoco quieres que estén en tu contra.
Lottie no respondió.
Porque no tenía una respuesta para eso.
Porque en el fondo sabía que Sofía tenía razón.
Siempre había importado.
El rendimiento. La percepción. El lugar que ocupaba ahí.
Y ahora… todo eso estaba en duda.
—¿Qué pasó? —preguntó Sofía finalmente, bajando un poco la voz—. Porque no fue solo el caballo.
Lottie soltó el aire lentamente.
Miró hacia el otro lado de la pista.
Buscándolo.
No debería.
Pero lo hizo igual.
Sebastián ya no estaba ahí.
Y eso… no ayudó.
—Nada —respondió.
—Eso no es verdad.
—No es importante.
Sofía la observó unos segundos más.
—Para ti sí lo es.
Silencio.
Lottie tragó saliva, sintiendo cómo esa presión en el pecho volvía a hacerse presente, más fuerte ahora que no tenía nada que la distrajera.
—Solo… lo arruiné —dijo finalmente.
Sofía negó con la cabeza.
—No.
Pausa.
—Eso no fue solo eso.
Lottie frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Editado: 17.04.2026