No sueltes las riendas

Capítulo 10 - Lo que parece fácil

Hay personas que hacen que todo parezca sencillo…

hasta que te das cuenta de que nada lo es

Lottie no volvió a buscarlo.

No ese día.

Ni al siguiente.

Ni siquiera cuando sabía exactamente dónde estaría.

Había algo en la forma en que Sebastián se había ido, en ese silencio que había dejado después de decir “entonces hazlo sola”, que se le había quedado más presente de lo que quería admitir. No era solo enojo. No era solo orgullo. Era otra cosa… algo más incómodo, más difícil de ignorar.

Porque por primera vez, no estaba segura de quién había perdido realmente.

Y eso la irritaba.

Así que hizo lo que mejor sabía hacer.

Volver al principio.

Control.

Orden.

Rutina.

Tempestad no lo hizo fácil.

Nunca lo hacía.

Cada intento de acercarse terminaba en ese mismo punto inestable donde nada se rompía del todo… pero tampoco funcionaba. Era como si el caballo supiera exactamente cuándo ella dejaba de confiar, cuándo volvía a cerrarse, cuándo dejaba de sentir para empezar a controlar otra vez.

Y siempre reaccionaba.

Siempre.

—No tienes que hacerlo sola.

La voz la tomó desprevenida.

No porque fuera inesperada.

Sino porque no era la que había estado esperando.

Lottie giró ligeramente la cabeza.

Y ahí estaba.

Nicolas Lefevre.

Impecable sin esfuerzo. El uniforme bien puesto, pero sin rigidez. La postura relajada, segura, como alguien que no necesitaba demostrar nada para que todo pareciera bajo control. Incluso su sonrisa… era distinta. No medía. No evaluaba.

Simplemente estaba.

—Estoy bien —respondió Lottie, casi por reflejo.

Nicolas inclinó ligeramente la cabeza, observando la escena con calma, como si no tuviera prisa por sacar conclusiones.

—No parece —dijo finalmente, sin tono acusador—. Pero no lo digo como crítica.

Eso la hizo fruncir el ceño apenas.

—¿Entonces cómo?

—Como alguien que ha estado ahí.

Silencio.

Lottie volvió la mirada hacia Tempestad, que había retrocedido lo suficiente para mantener distancia, pero no completamente fuera de alcance. Ese punto incómodo donde todo podía mejorar… o empeorar.

—No necesito ayuda —añadió.

No sonó tan firme como quería.

Nicolas no insistió de inmediato. Dio un paso más cerca del corral, pero sin invadir, sin hacer nada que pudiera alterar al caballo.

—No te estoy ofreciendo ayuda —dijo—. Solo compañía.

El comentario la descolocó.

Porque no era lo que esperaba.

Porque no tenía ese peso incómodo que todo parecía tener últimamente.

—No es lo mismo.

—No —admitió él—. Pero a veces es suficiente.

Lottie no respondió.

Porque no estaba segura de que lo fuera.

El silencio entre ellos no fue incómodo. No como con Sebastián. No había tensión constante ni esa sensación de que cualquier palabra podía convertirse en algo más.

Era… fácil.

Demasiado fácil.

—Lo estás intentando controlar otra vez —añadió Nicolas después de unos segundos.

Lottie tensó ligeramente los dedos.

—No lo estoy haciendo.

—Sí lo estás.

Pero no sonó como una corrección.

Sonó como una observación.

Y eso lo hacía peor.

—¿También eres experto en eso? —preguntó, con un leve deje de ironía.

Nicolas sonrió apenas.

—No —respondió—. Solo lo veo desde afuera.

Pausa.

—Y desde ahí… es más claro.

Lottie soltó el aire lentamente, sintiendo cómo esa incomodidad volvía, pero de una forma distinta. No como presión. No como confrontación.

Como verdad.

—Entonces dime —murmuró—. ¿Qué se supone que haga?

Nicolas no respondió de inmediato.

Observó al caballo.

Luego a ella.

Como si estuviera midiendo sus palabras.

—Deja de intentar demostrar que puedes con él —dijo finalmente—. Eso nunca funciona.

Silencio.

La frase le resultó demasiado familiar.

Pero viniendo de él… sonaba diferente.

Menos dura.

Más… lógica.

—Eso es exactamente lo que tengo que hacer.

—No —negó Nicolas suavemente—. Eso es lo que crees que tienes que hacer.

Lottie frunció el ceño, girándose hacia él.

—¿Y qué debería creer entonces?

Nicolas sostuvo su mirada, tranquilo.

—Que no todo se trata de poder con algo.

Pausa.

—A veces se trata de entender por qué no puedes.

El comentario la dejó en silencio.

No porque no tuviera respuesta.

Sino porque no le gustaba la que tenía.

Tempestad se movió frente a ellos, como si esa pausa también lo alcanzara. Su respiración era más estable ahora, pero aún había esa tensión contenida, ese límite invisible que Lottie no lograba cruzar.

—No es solo el caballo, ¿verdad? —añadió Nicolas.

Lottie no respondió.

No podía.

Porque esa pregunta ya no era tan fácil de ignorar.

—Ten cuidado —dijo él entonces, bajando un poco la voz—. Con eso.

Lottie giró la cabeza.

—¿Con qué?

Nicolas dudó apenas.

Lo suficiente para que se notara.

—Con él.

Silencio.

El nombre no fue necesario.

—No sabes de qué estás hablando —respondió Lottie, demasiado rápido.

—Sé lo suficiente.

Eso la hizo tensarse.

—¿Qué significa eso?

Nicolas no apartó la mirada.

Pero tampoco respondió de inmediato.

—Significa que… no es la mejor idea acercarte demasiado.

La advertencia cayó suave.

Pero no ligera.

Lottie sintió cómo algo se movía en su pecho, incómodo.

—No estoy “acercándome”.

—Claro.

No sonó burlón.

Pero tampoco convencido.

—Solo digo —añadió— que no siempre termina bien.

Silencio.

Esa frase…

sí pesó.

—¿Qué no termina bien? —preguntó Lottie.

Nicolas sostuvo su mirada un segundo más.

Luego desvió la vista hacia el caballo.




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