Hay cosas que no deberían importarte…
hasta que lo hacen.
Lottie no pensó que lo vería ahí.
No tan pronto.
No después de cómo se había ido.
Y aun así… ahí estaba.
Apoyado contra la cerca, exactamente igual que siempre, como si nada hubiera cambiado, como si la distancia que había marcado el día anterior no existiera realmente. Pero sí existía. Lottie lo sentía en la forma en que no se acercaba, en cómo mantenía esa separación precisa, suficiente para estar presente… pero no involucrado.
Y eso la irritó más de lo que debería.
Porque no era lo mismo.
Porque ya no se sentía igual.
—¿Vas a seguir ignorándolo o es parte del plan?
La voz de Nicolas la sacó de sus pensamientos, suave, casi ligera, como si no hubiera nada tenso en el ambiente.
Lottie no apartó la vista de Tempestad.
—No lo estoy ignorando.
—Claro.
Pausa.
—Solo no lo estás mirando.
Eso la hizo exhalar con un poco más de fuerza de la necesaria.
—Estoy concentrada.
—Lo sé.
Nicolas dio un paso más cerca del corral, lo suficiente para estar ahí sin alterar al caballo, pero también lo bastante para que su presencia fuera evidente. No invadía. No presionaba. Simplemente… estaba.
Y eso hacía todo más fácil.
Demasiado fácil.
—Intenta otra vez —dijo con calma—. Pero sin forzarlo.
Lottie asintió apenas, ajustando su postura, obligándose a ignorar todo lo demás. Las miradas, la presión, el hecho de que Sebastián seguía ahí, sin decir nada, sin acercarse.
Como si no le importara.
Y eso…
no debería importarle a ella.
Pero lo hacía.
Tempestad se movió frente a ella, inquieto pero no agresivo, como si también estuviera probando ese nuevo equilibrio. Lottie respiró hondo, recordando lo que había logrado antes, ese punto extraño en el que todo había dejado de ser una lucha constante.
—No intentes controlarlo —murmuró Nicolas—. Solo acompaña el movimiento.
La frase le resultó familiar.
Pero viniendo de él… no pesaba igual.
Lottie dio un paso más cerca, manteniendo la respiración estable, evitando tensar las riendas, concentrándose en no arruinarlo antes siquiera de empezar.
Y por un momento…
funcionó.
Tempestad no retrocedió.
No se tensó.
Nada.
Solo se quedó ahí.
Y esa pequeña victoria se sintió más grande de lo que debería.
—Eso —dijo Nicolas en voz baja—. Es ahí.
Lottie no respondió, pero sintió cómo algo dentro de ella se acomodaba, como si, por fin, hubiera encontrado una forma de hacerlo sin pelear cada segundo.
Y entonces—
—Vaya… no sabía que necesitabas compañía para que esto funcionara.
La voz cayó suave.
Pero el efecto fue inmediato.
Tempestad movió la cabeza al instante, el cambio en el ambiente suficiente para romper ese equilibrio frágil que acababa de formarse.
Lottie no se giró de inmediato.
No quería hacerlo.
—No he cambiado de nada —respondió, firme.
Camille se acercó con esa calma calculada que siempre la hacía parecer completamente segura de todo lo que decía.
—Claro —murmuró.
Pero no sonó convencida.
Su mirada pasó de Lottie a Nicolas, evaluando la escena completa con demasiado detalle.
—Es curioso… cómo empiezas a mejorar justo cuando él está cerca.
El comentario fue sutil.
Pero directo.
Lottie sintió cómo algo se tensaba en su pecho.
—No tiene nada que ver con eso.
Camille inclinó ligeramente la cabeza, como si analizara esa respuesta.
—Algunos avances no son tan… propios como parecen.
Silencio.
Más pesado.
Más incómodo.
Nicolas no reaccionó de inmediato.
—No estoy haciendo su trabajo —dijo con tranquilidad—. Solo estoy aquí.
Camille lo miró, apenas interesada.
—Eso es exactamente el problema.
Pausa.
—No necesitas escuchar lo que dicen… se nota en cómo te miran.
El comentario cayó directo.
Editado: 19.04.2026