Hay momentos en los que todo se detiene…
no porque el mundo deje de moverse,
sino porque ya no puedes ignorar lo que sientes.
La residencia estaba más silenciosa esa noche.
No completamente vacía, pero lo suficiente para que cada sonido pareciera más claro de lo normal. Pasos lejanos en algún pasillo, una puerta que se cerraba a medias, el murmullo bajo de una conversación que no alcanzaba a formarse del todo.
Nada importante.
Nada que justificara que Lottie no pudiera dormir.
Giró sobre la cama una vez más, soltando el aire con frustración. Había intentado convencerse de que era por la competencia. Por la presión. Por el hecho de que en dos días todo lo que había estado intentando —y fallando— iba a quedar expuesto frente a todos.
Pero no era eso.
O al menos… no era solo eso.
Cerró los ojos un momento, intentando ignorar la imagen que no dejaba de repetirse en su cabeza: la forma en que Sebastián se había quedado, la manera en que había dicho “no” sin dudar, como si irse ni siquiera fuera una opción.
Y eso…
no tenía sentido.
Se incorporó de golpe antes de pensarlo demasiado.
Quedarse ahí no iba a ayudar.
Nunca lo hacía.
Salió al pasillo sin hacer ruido, dejando que el aire más fresco le ayudara a despejar un poco la mente. La luz tenue hacía que todo se viera distinto, menos rígido, menos estructurado que durante el día.
Más real.
Caminó sin un destino claro al inicio.
Hasta que lo encontró.
Al final del pasillo, cerca de las escaleras, apoyado contra la barandilla como si llevara ahí más tiempo del que parecía.
Sebastián.
No estaba mirando nada en particular.
Solo… estaba.
Y por un segundo, Lottie dudó.
Podía regresar.
Fingir que no lo había visto.
Pero ya había tomado esa decisión antes.
Y nunca la había cumplido.
—No eres la única que no puede dormir.
La voz la detuvo a medio paso.
Sebastián no se movió, pero sabía que ella estaba ahí.
Eso… tampoco le sorprendió.
—No es eso —respondió Lottie, acercándose lo suficiente como para que la distancia dejara de ser cómoda.
Él giró la cabeza apenas, lo justo para mirarla de reojo.
—Entonces, ¿qué es?
La pregunta no era ligera.
Y ella lo sabía.
Se apoyó contra la barandilla también, dejando un espacio entre ellos que no era suficiente… pero tampoco inexistente.
—La competencia —dijo.
Mentira.
Parcial, al menos.
Sebastián no respondió de inmediato.
—No parece que te preocupe —añadió ella.
—No lo hace.
Directo.
Como siempre.
Lottie soltó una pequeña exhalación.
—Claro.
Silencio.
Pero no incómodo.
No como antes.
Este era distinto.
Más tranquilo.
Más… peligroso.
—A ti sí —dijo él finalmente.
No era una pregunta.
Lottie bajó la mirada un segundo.
—Es importante.
—No es eso.
La frase la hizo girarse.
—¿Entonces qué?
Sebastián sostuvo su mirada.
Demasiado tiempo.
—Es lo que crees que significa.
El comentario la descolocó.
Porque no era sobre el entrenamiento.
Era sobre algo más.
—No todo tiene que ser tan complicado.
—Tú lo haces así.
La respuesta llegó rápido.
—No soy yo.
—Claro.
Ese tono.
Otra vez.
Y, aun así… no le molestó tanto como debería.
—No tienes que estar ahí —murmuró Lottie—. En la pista.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué lo haces?
La pregunta salió sin filtro.
Otra vez.
Sebastián no respondió de inmediato.
Y ese silencio…
Editado: 05.05.2026