No sueltes las riendas

Capítulo 16 - El momento en el que todo se rompe

No es el salto lo que define todo…
es lo que pasa justo antes de hacerlo.

El silencio antes de empezar nunca era completo.

Siempre había algo.

El sonido de los cascos golpeando la arena con ritmo contenido, el roce del cuero al ajustarse, las voces bajas de quienes observaban sin querer interrumpir, como si el simple hecho de hablar más fuerte pudiera alterar lo que estaba a punto de suceder.

Pero para Lottie, todo eso se desvanecía.

No porque no estuviera ahí.

Sino porque había aprendido a ignorarlo.

A enfocarse en lo único que importaba.

El caballo.

El recorrido.

El momento exacto en el que todo dependía de una decisión.

Tempestad se movía bajo ella con una energía distinta.

No era la inquietud desordenada de antes.

Pero tampoco era calma.

Era ese punto intermedio.

Ese lugar donde algo podía funcionar… o romperse sin previo aviso.

Y lo sabía.

Lo sentía en cada movimiento.

En la forma en que su respiración no terminaba de estabilizarse, en cómo respondía a cada pequeño cambio en su postura como si lo analizara todo antes de decidir si confiar o no.

—No lo controles.

La voz no llegó desde cerca.

Pero fue suficiente.

Sebastián.

Lottie no giró.

No podía hacerlo.

No ahora.

Pero lo escuchó.

Claro.

Directo.

Y eso…

fue suficiente para que algo dentro de ella reaccionara.

No debía pensar en él.

No ahí.

No en ese momento.

—Concéntrate.

Esta vez la voz fue distinta.

Nicolas.

Más suave.

Más estable.

Menos invasiva.

—Respira con él.

Dos voces.

Dos formas.

Dos maneras completamente opuestas de ver lo mismo.

Y ella en medio.

Otra vez.

Lottie cerró los ojos apenas un segundo.

No para desconectarse.

Para decidir.

Cuando los abrió, ya no estaba pensando en ninguno de los dos.

Solo en Tempestad.

En la forma en que se movía.

En el ritmo que marcaba bajo ella.

En ese punto exacto donde todo podía sostenerse si no lo arruinaba.

—Ahora.

El recorrido comenzó.

Los primeros pasos fueron limpios.

Demasiado.

Tempestad respondió con precisión, como si por primera vez no estuviera cuestionando cada indicación, como si hubiera decidido —por razones que Lottie no entendía del todo— que iba a seguir adelante.

Eso… era nuevo.

El primer obstáculo apareció antes de que pudiera procesarlo demasiado.

Salto bajo.

Fácil.

En teoría.

Lottie mantuvo la postura, evitando tensar las riendas, dejando que el movimiento fluyera.

Tempestad respondió.

Limpio.

Sin resistencia.

El impacto al caer fue firme, controlado.

Bien.

Demasiado bien.

El segundo salto fue más alto.

Y ahí fue donde lo sintió.

Ese pequeño cambio.

Esa mínima duda que no venía del caballo.

Venía de ella.

No falles.

El pensamiento llegó sin permiso.

Error.

Tempestad lo sintió.

El ajuste en sus manos fue casi imperceptible, pero suficiente.

El caballo tensó el cuerpo apenas antes de saltar.

No fue descontrol.

Pero tampoco fue perfecto.

El aterrizaje fue más pesado.

Más inestable.

Y el ritmo cambió.

—No lo hagas.

La voz de Sebastián llegó otra vez.

Más firme.




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