Hay momentos que no cambian nada…
hasta que lo cambian todo.
Lottie evitó pensar en ello.
Al menos… lo intentó.
Desde que regresó a su habitación esa noche, cada cosa que hacía tenía un solo objetivo: no detenerse lo suficiente como para que el recuerdo volviera a tomar forma. Quitarse las botas, cambiarse, dejar la ropa en cualquier lugar que no fuera el correcto… incluso quedarse mirando la ventana sin realmente ver lo que había afuera.
Todo era mejor que quedarse quieta.
Porque quedarse quieta significaba recordarlo.
Y recordarlo…
no ayudaba.
Se sentó en la cama con un movimiento brusco, pasando una mano por su cabello mientras soltaba el aire con frustración. Había intentado dormir. Varias veces. Pero cada vez que cerraba los ojos, volvía al mismo punto.
El gimnasio.
La distancia que desaparecía.
El momento en que ya no pensó.
Y después…
eso.
Abrió los ojos de golpe.
No.
No iba a hacerlo otra vez.
Se levantó antes de cambiar de opinión, saliendo de la habitación con pasos rápidos, como si el simple hecho de moverse fuera suficiente para dejar todo atrás. El pasillo estaba en silencio, apenas iluminado por las luces bajas que dejaban sombras suaves contra las paredes.
Demasiado tranquilo.
Demasiado fácil de pensar.
Así que no se detuvo.
Bajó las escaleras sin pensarlo demasiado, atravesando el área común hasta llegar al comedor, donde al menos había algo de ruido. No mucho, pero lo suficiente para no sentirse completamente sola con sus pensamientos.
Algunas mesas ocupadas, conversaciones dispersas, el sonido de platos y vasos que chocaban suavemente.
Normal.
Todo parecía normal.
Y eso…
la descolocó más de lo que esperaba.
—No esperaba verte tan temprano.
La voz la hizo girarse.
Nicolas.
Sentado en una de las mesas cercanas a la ventana, con una taza en la mano y esa expresión tranquila que parecía no alterarse con nada.
Lottie dudó un segundo antes de acercarse.
—No podía dormir.
Él asintió levemente, como si esa respuesta fuera suficiente.
—Tiene sentido.
Pausa.
—Ayer fue… mucho.
La palabra quedó en el aire.
Indefinida.
Pero clara.
Lottie se sentó frente a él, evitando profundizar demasiado en eso.
—Sí.
Nicolas no insistió de inmediato.
Solo la observó.
Como si estuviera esperando.
Como si supiera que había algo más.
—¿Estás bien?
La pregunta no fue invasiva.
Pero tampoco superficial.
Y eso…
la incomodó.
—Estoy bien.
Mentira.
—Claro.
No la contradijo.
Pero tampoco la creyó.
El silencio que siguió fue distinto.
Menos tenso.
Más… contenido.
—Hoy no necesitas demostrar nada —añadió Nicolas después de unos segundos—. Lo de ayer ya fue suficiente.
Lottie bajó la mirada hacia sus manos, jugando distraídamente con el borde de la mesa.
—No lo siento así.
—Lo sé.
Pausa.
—Pero no cambia el hecho de que funcionó.
Funcionó.
Otra vez esa palabra.
Y aun así…
no se sentía como debería.
—No fue control —murmuró.
—No siempre tiene que serlo.
La respuesta fue simple.
Pero no fácil.
—Entonces, ¿qué fue?
Nicolas sostuvo su mirada.
—Confianza.
Silencio.
Lottie no respondió.
Porque esa palabra…
pesaba más de lo que quería admitir.
—Y eso es más difícil de repetir —añadió él—. Así que no te presiones.
La intención era clara.
Pero no ayudaba.
No del todo.
Editado: 05.05.2026