No sueltes las riendas

Capítulo 23 - Donde empiezan las consecuencias

Hay cosas que no se quedan en secreto…

no en un lugar donde todos observan.

El hípico no dormía.

Nunca lo hacía.

Pero esa mañana…

parecía más despierto de lo normal.

Más atento.

Como si algo hubiera cambiado durante la noche.

Y todos lo supieran.

Lottie lo sintió antes de salir de su habitación.

Ese peso.

Esa incomodidad que no venía de ella…

sino de afuera.

Se miró al espejo apenas un segundo.

Nada distinto.

Pero tampoco igual.

Porque ahora sabía.

Porque ahora no podía fingir tan fácil.

Y porque, en algún punto…

ya no quería hacerlo.

Salió.

El pasillo de la residencia estaba activo: puertas abriéndose, pasos apresurados, voces bajas mezclándose con el eco del lugar. Todo en movimiento.

Pero cuando pasó…

algo cambió.

No se detuvo.

No se giró.

Pero lo sintió.

Las miradas.

Otra vez.

Más directas.

Menos cuidadosas.

Como si ya no fuera solo sospecha.

Como si alguien hubiera visto algo.

El área de comedor estaba llena.

Más de lo habitual.

El ruido de platos, conversaciones cruzadas, sillas moviéndose… una normalidad forzada.

Lottie tomó algo rápido.

No tenía hambre.

Pero necesitaba parecer normal.

—Deberías comer más.

Nicolas.

Frente a ella.

Observándola con esa atención tranquila que siempre parecía ver más de lo que decía.

—Estoy bien.

—No.

Pausa.

—No lo estás.

Directo.

Sin presión.

Pero sin ignorarlo.

Lottie desvió la mirada.

—Solo estoy cansada.

—No es eso.

Silencio.

—¿Entonces qué es?

Nicolas no respondió de inmediato.

Solo la observó.

Evaluando.

Como si estuviera decidiendo cuánto decir.

—El ambiente cambió —murmuró al final—. Y tú estás en el centro.

Eso…

no ayudó.

Antes de que pudiera responder—

—Charlotte.

La voz de Camille cortó el momento.

Desde el otro lado del comedor.

Sonriendo.

Pero no amable.

—Espero que hoy sí puedas concentrarte.

Silencio.

Algunas miradas se giraron.

Esperando.

Lottie sostuvo su mirada.

—Siempre lo hago.

Camille inclinó ligeramente la cabeza.

—No ayer.

Golpe.

Sutil.

Pero público.

—Fue un mal día.

—Claro.

Pausa.

—A todos nos pasa… cuando tenemos otras distracciones.

El mensaje era claro.

Demasiado.

Y esta vez…

nadie fingió no entenderlo.

Lottie apretó la mandíbula.

Pero no respondió.

Porque hacerlo…

solo le daría más.

Porque ahora…

todo era un juego.

Y Camille acababa de mover primero.

🐎🐎🐎🐎

La pista estaba más exigente que nunca.

No era solo entrenamiento.

Era evaluación.

Se sentía.

En la forma en que Alexander daba las órdenes.

En cómo el entrenador observaba cada movimiento sin intervenir.

En cómo nadie hablaba de más.

Lottie montó a Tempestad con movimientos precisos, controlados… pero su mente no estaba completamente ahí.




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