No sueltes las riendas

Capítulo 24 - Donde todo cae

Hay caídas que duelen…

y otras que te obligan a enfrentar lo que llevas evitando demasiado tiempo.

La arena todavía estaba en su piel.

Y no era lo que más le molestaba.

El golpe ya había pasado.

El dolor físico…

también.

Pero la sensación de haber fallado—

esa no se iba.

No tan fácil.

La pista seguía activa.

Como si nada hubiera pasado.

Caballos entrando y saliendo.

Órdenes firmes.

Correcciones en movimiento.

Todo seguía.

Menos ella.

Porque algo en su interior…

sí se había detenido.

Tempestad resopló cerca, inquieto, moviendo ligeramente la cabeza como si también sintiera el cambio.

Y Lottie lo entendió.

Porque ella tampoco estaba en su lugar.

—Concéntrate.

La voz de Alexander llegó firme.

Sin elevarse.

Pero imposible de ignorar.

—Otra vez.

Lottie asintió.

Automático.

Pero su mente…

no estaba ahí.

El recorrido comenzó.

Primer obstáculo.

Limpio.

Segundo.

Preciso.

Tercero—

una duda.

Mínima.

Pero suficiente.

Tempestad reaccionó antes de que pudiera corregir.

Un movimiento brusco.

Un salto mal calculado.

El equilibrio se rompió en el aire.

Y en el siguiente segundo—

ya no estaba sobre él.

El impacto contra la arena fue seco.

Brutal en su simpleza.

El aire se le fue.

El mundo se volvió ruido.

Y después—

silencio.

Ese silencio incómodo.

El que todos sienten.

El que nadie ignora.

Se levantó antes de que alguien se acercara.

Respirando con dificultad.

Ignorando cualquier ayuda.

—Estoy bien.

Mentira.

Pero suficiente para mantenerse en pie.

—Vaya…

Camille.

Desde la orilla.

Observando.

Sin prisa.

—Eso sí fue… inesperado.

Algunas miradas cambiaron.

Otras se quedaron.

Pero todas estaban ahí.

—Aunque —continuó, inclinando ligeramente la cabeza— considerando tus últimas distracciones…

Pausa.

Sonrió.

—supongo que era cuestión de tiempo.

El golpe fue directo.

Preciso.

Y completamente público.

Lottie sostuvo su mirada.

Sin responder.

Porque sabía que cualquier palabra…

solo lo haría peor.

—Suficiente.

La voz de Sebastián cortó el momento.

Firme.

Más dura de lo normal.

—No te metas.

Camille levantó una ceja.

—Solo observo.

—Hazlo en silencio.

Silencio.

Pesado.

Cargado.

Y ahora…

todos estaban mirando algo más.

No solo la caída.

—Fuera de la pista, Charlotte —ordenó Alexander—. Se acabó por hoy.

Eso fue peor que la caída.

Porque no fue un descanso.

Fue un límite.

Y ella lo sintió.

En el pecho.

En el orgullo.

En todo.

🐎🐎🐎🐎

El camino de regreso a la residencia fue un borrón.

Pasillos largos.




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