Hay cosas que deberían quedarse en una sola noche.
POV Sebastián
Errores.
Impulsos.
Decisiones que se toman sin pensar…
y se olvidan al día siguiente.
Esto no era eso.
Sebastián lo supo en el momento en que despertó.
No por la habitación.
No por el silencio.
Sino por ella.
A su lado.
Demasiado cerca.
Demasiado real.
Su respiración lenta.
Su cuerpo aún pegado al suyo como si no hubiera existido distancia en ningún momento de la noche.
Y no la hubo.
Cerró los ojos un segundo.
Error.
Porque todo volvió.
El calor.
Las manos.
La forma en que ella respondió sin detenerlo.
Sin dudar.
Como si también lo quisiera.
Como si también lo necesitara.
Apretó la mandíbula.
Porque no fue solo eso.
No fue solo la noche.
Fue la mañana.
La forma en que no se alejó.
La forma en que lo miró incluso después.
Más consciente.
Más peligrosa.
Como si ahora sí entendiera exactamente en lo que se estaba metiendo…
y aun así no retrocediera.
Y luego—
la regadera.
El vapor.
El espacio reducido.
El agua cayendo entre los dos.
La forma en que se tensó cuando lo sintió entrar…
y cómo no se movió.
Ni un paso atrás.
Ni una sola vez.
Sebastián apoyó las manos contra el lavabo, el agua fría corriendo sin que realmente le importara.
No era algo que pudiera sacarse de encima.
Porque no quería.
Ese era el problema.
No quería.
—Mierda…
🐎🐎🐎🐎
El pasillo de la residencia estaba lleno.
Movimiento constante.
Voces.
Puertas abriéndose y cerrándose.
Vida.
Pero en cuanto la vio—
todo lo demás dejó de importar.
Lottie.
Al otro lado.
Hablando con Sofía.
Relajada.
Demasiado.
Como si todo estuviera bajo control.
Como si lo de anoche.
Como si lo de esa mañana.
Como si la regadera—
no existiera.
Mentira.
Porque él lo sentía todavía.
Y al verla—
no fue sorpresa.
Fue reconocimiento.
El mismo cuerpo.
La misma piel.
La misma chica que no había puesto distancia entre ellos.
Y eso—
lo cambiaba todo.
Caminó hacia ella sin pensarlo.
Directo.
Sin suavizar.
Sofía fue la primera en notarlo.
—Lottie…
Pero ya era tarde.
Porque cuando Lottie levantó la mirada—
él ya estaba ahí.
Demasiado cerca.
Otra vez.
El aire cambió.
—Tenemos que hablar.
No fue pregunta.
Lottie sostuvo su mirada.
—Ahora no.
Sebastián inclinó apenas la cabeza.
—Ahora.
Más bajo.
Más firme.
Su mano rozó su muñeca.
No la sostuvo.
Pero tampoco fue casual.
Suficiente.
Sofía dio un paso.
—Oye—
—No es contigo.
Frío.
Sin mirarla.
Editado: 26.05.2026