No sueltes las riendas

Capítulo 27 - Donde ya no se esconden

Hay momentos en los que todo se vuelve demasiado claro.

Y entonces…

no puedes fingir que no lo ves.

Ni aunque quieras.

Ni aunque debas.

Lottie no dijo nada cuando se levantó de la mesa.

No miró al chico.

No miró a nadie.

Porque no hacía falta.

Porque la mirada de Sebastián seguía ahí.

Pesada.

Fija.

Esperando.

Y esta vez…

no huyó.

Salió del comedor con el corazón latiéndole demasiado rápido, sintiendo cómo él la seguía sin necesidad de comprobarlo.

No había distancia.

No realmente.

El pasillo de la residencia estaba lleno, pero todo se sentía lejano, borroso, como si el mundo se hubiera reducido a pasos, respiración… y tensión.

No se detuvo hasta girar hacia una zona más vacía.

Un pasillo lateral.

Cerca de las habitaciones.

Más silencioso.

Más privado.

Y cuando se giró—

él ya estaba ahí.

Demasiado cerca.

Otra vez.

—¿Qué fue eso? —preguntó, su voz más baja de lo que esperaba.

Sebastián no respondió de inmediato.

La miró.

Como si todavía estuviera decidiendo algo.

—No me gustó.

Directo.

Sin rodeos.

Lottie alzó una ceja.

—¿Perdón?

—Él —dijo, sin apartar la mirada—. No me gustó.

El aire cambió.

—No es asunto tuyo.

—Ahora sí.

Eso la hizo tensarse.

—No tienes derecho a—

—Después de anoche, sí.

Silencio.

Golpe directo.

Imposible de ignorar.

Su respiración se desacompasó apenas.

—No uses eso como excusa.

—No lo es.

Un paso más cerca.

Reduciendo el espacio.

Invadiéndolo.

—Es un hecho.

Lottie lo miró.

De verdad.

Y ahí estaba otra vez.

Esa intensidad.

Esa forma de decir las cosas como si no hubiera vuelta atrás.

—No puedes simplemente decidir eso.

—No estoy decidiendo.

Más bajo.

Más cerca.

—Ya pasó.

El silencio se volvió más denso.

Más real.

—Sebastián…

—Dime que no quieres esto.

Su voz cambió.

Menos dura.

Más… peligrosa.

Porque ahora no estaba imponiendo.

Estaba preguntando.

Y eso era peor.

Lottie abrió la boca.

La cerró.

Porque ya no había excusas.

No después de la noche.

No después de la mañana.

No después de la forma en que su cuerpo reaccionaba cada vez que él estaba cerca.

No después de cómo lo había dejado acercarse.

Cómo no lo había detenido.

Cómo no quería hacerlo.

—No puedo.

Apenas un susurro.

Pero suficiente.

Sebastián no sonrió.

No celebró.

Solo la miró.

Más intenso.

Más real.

—Entonces deja de pelear.

Y esta vez…

Lottie no retrocedió.

No discutió.

No puso distancia.

Fue ella quien acortó el espacio.

Quien lo tomó del cuello.

Quien lo besó primero.

Sin duda.

Sin miedo.

Como si por fin se permitiera sentirlo todo.

El beso no fue suave.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.