No sueltes las riendas

Capítulo 28 - Lo que se siente cuando todo está en calma

Hay momentos que no hacen ruido…
pero lo cambian todo.

No por lo que pasa.

Sino por lo que se queda.

Y a veces…
lo más peligroso no es la tormenta.

Es la calma después.

La luz entraba despacio.

No de golpe.
No brusca.

Se filtraba entre las cortinas en líneas suaves, tibias, deslizándose por la habitación como si no quisiera interrumpir. Como si entendiera que ahí dentro… todo estaba en un punto frágil.

En equilibrio.

Lottie no se movió al principio.

No porque estuviera dormida.

Sino porque estaba demasiado consciente.

Del calor.
De la cercanía.
De él.

La respiración de Sebastián era constante detrás de ella. Profunda. Tranquila. Y el peso de su brazo alrededor de su cintura no era casual.

Era firme.

Como si incluso dormido…
no tuviera intención de soltarla.

Lottie bajó la mirada apenas.

La sábana enredada.
Su piel contra la de él.
Nada entre ellos más que calor.

Y por primera vez—

no se sintió como un error.

Se sintió… bien.

Demasiado bien.

Sebastián se movió apenas.

Un ajuste mínimo.
Pero suficiente para que su mano se deslizara un poco más, acercándola sin esfuerzo.

Instintivo.

—Estás despierta —murmuró, con la voz grave, todavía cargada de sueño.

Lottie sonrió apenas, sin girarse.

—Desde hace rato.

Silencio.

Pero no vacío.

Nunca vacío con él.

—¿Y no pensabas escapar? —añadió, más bajo, su aliento rozando su piel.

—No.

Simple.
Directo.

Honesto.

Eso hizo que él exhalara suavemente, como si algo dentro de él se relajara con esa respuesta.

—Bien.

Sus dedos empezaron a moverse despacio sobre su brazo.

Sin prisa.

Trazando líneas suaves, distraídas… pero constantes. Como si no estuviera pensando demasiado en ello.

Como si solo… necesitara sentirla ahí.

Lottie cerró los ojos un segundo.

Solo uno.

—No te vas a ir, ¿verdad?

La pregunta salió más baja de lo que esperaba.
Más vulnerable.

Sebastián no respondió de inmediato.

Pero tampoco la soltó.

Al contrario.

La acercó un poco más.

—No.

Sin duda.

—No hoy.

Eso le quitó algo de peso al pecho.

Más del que quería admitir.

Lottie se giró entonces.

Despacio.

Quedando frente a él.

Y ahí estaba.

Esa mirada.

Menos dura.
Menos cerrada.
Más… tranquila.

Más de ella.

—Hola —murmuró.

—Hola.

Pero no sonaba como saludo.

Sonaba como si ese “hola” significara todo lo que había pasado.

Todo lo que seguía ahí.

Sus miradas se sostuvieron un segundo más de lo normal.

Dos.

Tres.

Y nadie se apartó.

No hacía falta.

El beso llegó sin decisión consciente.

Suave.

Lento.

Sin urgencia.

Como si no tuvieran nada que demostrar.

Nada que probar.

Solo… quedarse.

Los labios de Sebastián se movieron con calma, sin forzar nada. Sin acelerar.

Y Lottie respondió igual.

Sin prisa.

Sin miedo.

Sus dedos subieron por su cuello hasta perderse en su cabello, enredándose apenas.

Jugando.

Sintiéndolo.

—Esto sí es raro —susurró ella contra su boca.

—No.

—Sí.

Una pequeña pausa.

—Porque no quiero levantarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.