No sueltes las riendas

Capítulo 29 - Lo que no se dice

Hay cosas que no se esconden.
Solo esperan el momento equivocado para salir.

El despertar fue lento.

No porque estuviera cansada…
sino porque no quería abrir los ojos.

Porque lo sentía.

El calor.
La cercanía.
El brazo de Sebastián rodeando su cintura, firme pero relajado, como si hubiera estado ahí toda la noche sin intención de soltarse.

Lottie respiró hondo.

Una vez.

Otra.

Intentando entender por qué…
no se sentía incómodo.

Abrió los ojos.

Y supo de inmediato—

no estaba en su habitación.

El cuarto era distinto.

Más oscuro.
Más… él.

Había cosas fuera de lugar, pero no desordenadas.
Solo vividas.

Botas junto a la pared. Una chamarra en una silla.
Guantes sobre la mesa.

Detalles que no intentaban impresionar a nadie.

Y entonces—

él se movió detrás de ella.

Apenas.

Acercándose más.

—Ya estás despierta.

Su voz fue baja.

Demasiado cerca.

—Un poco.

Su brazo se ajustó apenas.

No reteniéndola.

Solo… manteniéndola ahí.

—No te has movido.

—Tú tampoco.

Pausa.

—No quería.

Eso la desarmó más de lo que esperaba.

Se giró.

Quedando frente a él.

Y por un segundo—

no dijo nada.

Porque verlo así…
era distinto.

Más tranquilo.

Más real.

Menos controlado.

—¿Qué? —murmuró él.

—Nada.

Pero no dejó de mirarlo.

Silencio.

Cómodo.

Peligroso.

Sus dedos se deslizaron por su cabello.

Lentos.

Sin prisa.

—Sigues pensando demasiado.

—No es verdad.

—Lo es.

—Te vas a ir.

No fue pregunta.

—No ahora.

—Pero sí.

Silencio.

—Tengo que.

Algo se tensó.

—¿Y si no quiero que te vayas?

Sebastián la miró.

De verdad.

—Entonces voy a tardar más.

No era suficiente.

Pero tampoco era poco.

Lottie no insistió.

Se acercó.

Lo besó.

Suave.

Lento.

Y esta vez—

no había urgencia.

Solo… cercanía.

—No te vayas —murmuró contra sus labios.

—No todavía.

Y eso—

dolió menos de lo que debería.

Pero la realidad llegó igual.

—Tenemos que bajar.

—Lo sé.

—Nos van a ver.

—Ya nos vieron.

—No ayudas.

—No quiero ayudarte.

Pero aun así—

no la soltó de inmediato.

—No bajes conmigo.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que esto sea de ellos.

Pausa.

—Todavía.

—Está bien.

Y no discutió.

🐎🐎🐎🐎

El hípico ya estaba despierto.

Ruido.
Movimiento.
Energía.

Pero algo—

se sentía distinto.

—¿Dónde está Sebastián?

—No sé.

—Raro.

Sí.

Demasiado.

—Ok… —Sofía apareció a su lado— no me digas nada.

—Sofía—

—Ya entendí TODO.

—No entiendes nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.