No sueltes las riendas

Capítulo 30 - Lo que empieza a verse

Hay cosas que no se rompen de golpe.
Se desgastan, se tensan.
Se quedan ahí… hasta que ya no puedes ignorarlas.

Lottie no supo exactamente en qué momento dejó de dormir.

Solo supo que abrió los ojos…

y ya estaba despierta.

La luz apenas comenzaba a filtrarse por la ventana.

Su habitación estaba en silencio.

Demasiado.

Se quedó mirando el techo unos segundos.

Sin moverse.

Sin pensar.

O al menos… intentándolo.

No funcionó.

Las imágenes regresaron solas.

El pasillo.
Las voces.
El tono del tío.

Y sobre todo la forma en la que Sebastián no había dicho nada después.

Eso era lo que más pesaba.

No lo que había escuchado.

Sino lo que él había decidido callar.

Lottie exhaló despacio.

Girándose sobre la cama.

Por un segundo tuvo ese impulso automático.

Mirar a su lado.

Como si fuera a estar ahí.

Pero no.

Vacío.

Y esta vez no fue solo una costumbre rota.

Fue una confirmación.

—Claro…

Se incorporó lentamente.

Pasándose una mano por el cabello.

No estaba triste.

No exactamente.

Era otra cosa.

Más incómoda.

Más difícil de nombrar.

Porque no quería admitirlo... pero sí le importaba.

Demasiado.

“Ella no está aquí por casualidad.”

La frase volvió.

Otra vez.

Y ahora no sonaba solo inquietante.

Sonaba personal.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo…?

No había forma de ignorarlo ya.

Porque por primera vez la historia no giraba solo alrededor de él.

También la estaba alcanzando a ella.

Se levantó.

Más rápido de lo necesario.

Como si quedarse ahí fuera peor.

Como si pensar más…

fuera un error.

🐎🐎🐎🐎

El pasillo estaba en silencio.

Demasiado.

Lottie cerró la puerta de su habitación con cuidado.

Sin hacer ruido.

Como si eso fuera a cambiar algo.

No sabía a dónde iba.

Solo sabía que no quería quedarse ahí.

El aire de la mañana la recibió apenas salió.

Fresco.

Ligero.

Por un segundo le ayudó.

Pero no lo suficiente.

El hípico ya estaba en movimiento.

Personas caminando.
Caballos siendo guiados.
Voces bajas mezclándose con el sonido de la grava.

Todo seguía igual.

Y eso... le molestó más de lo que debería.

—Ok… no voy a hacer preguntas invasivas.

La voz de Sofía la alcanzó desde atrás.

Lottie no se detuvo.

—Eso no te queda.

Sofía se puso a su lado.

—Estoy trabajando en eso.

Pausa.

—Un poco.

Lottie soltó aire por la nariz.

Siguieron caminando.

Sin rumbo claro.

—No dormiste —dijo Sofía, mirándola de reojo.

—Dormí.

—No.

—Sofía—

—No estoy molestando.

Bajó la voz apenas.

—Solo… estoy aquí.

Eso le bajó la guardia lo suficiente.

Un caballo pasó cerca de ellas.

El sonido de sus pasos llenó el espacio unos segundos.

Lottie lo siguió con la mirada.

Sin pensar realmente en eso.

—No está, ¿verdad?

La pregunta llegó más suave.

Lottie no respondió de inmediato.

—No.

Sofía asintió.

Y no dijo nada más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.