No sueltes las riendas

Capítulo 33 - Lo que cambia

Algunas verdades duelen cuando aparecen.

Otras duelen cuando no llegan nunca.

Lottie apenas durmió. No porque hubiera tenido pesadillas ni porque hubiera pasado algo, sino porque su mente parecía incapaz de quedarse quieta. Cada vez que cerraba los ojos… volvía a la terraza, volvía a la fotografía, volvía a la expresión de Sebastián.

Y cuanto más lo pensaba, menos sentido tenía. Porque ella esperaba enojo; esperaba distancia, esperaba que intentara quitarle la fotografía. Pero no eso. No aquella mirada, aquella expresión que había durado apenas un instante y que, aun así, se había quedado grabada en su memoria: miedo, miedo real. Y eso era lo que más la inquietaba, porque las personas no reaccionaban así por una simple fotografía. Las personas reaccionaban así cuando la fotografía significaba algo.

O alguien.

La mañana en el hípico avanzaba lentamente. El cielo estaba cubierto por nubes grises, mientras el viento recorría los senderos de grava, movía las hojas, sacudía las copas de los árboles y hacía que todo pareciera más silencioso de lo habitual. Lottie caminaba sin rumbo, con las manos dentro de la sudadera, intentando pensar e intentando no pensar, sin éxito en ninguna de las dos cosas.

Y entonces lo vio.

Sebastián.

Al otro extremo del patio principal, cerca de los establos, hablando con uno de los cuidadores. La distancia era considerable, pero aun así lo reconoció al instante, y él también a ella. Sus miradas se encontraron solo un segundo, dos, tres; el tiempo suficiente para que algo incómodo apareciera. No era rabia, no era resentimiento, era peor. Era todo lo que seguía ahí; todo lo que ninguno de los dos estaba logrando ignorar. Sebastián fue el primero en apartar la vista y, por alguna razón… eso dolió más de lo esperado.

🐎🐎🐎🐎

El entrenamiento de la mañana estaba siendo un desastre. Lottie llevaba más de diez minutos intentando concentrarse sin conseguirlo. Tempestad obedecía perfectamente; el problema no era el caballo, era ella.

—Otra vez.

La voz del entrenador la sacó de sus pensamientos.

—Estás llegando tarde al salto.

Lottie soltó aire.

—Lo sé.

—Y también estás pensando demasiado.

Eso la hizo rodar los ojos.

—Gracias.

—De nada.

Intentó otra vez, y otra, y otra más. Pero seguía distraída. Seguía viendo fotografías, conversaciones, miradas, preguntas… y ninguna respuesta. Cuando finalmente terminó, decidió alejarse de la pista principal. Necesitaba aire, necesitaba espacio, necesitaba cualquier cosa que no fueran pensamientos. Y fue entonces cuando terminó cerca del edificio de rehabilitación; un lugar donde rara vez había gente, más silencioso, más apartado, más fácil para esconder cosas.

Y ahí estaba.

Sebastián.

Otra vez. No la había visto; estaba solo, entrenando. Lottie se quedó quieta, observando desde la distancia, porque algo llamó su atención. Algo pequeño, pero extraño. Cada cierto tiempo, cuando terminaba una serie, Sebastián se detenía… muy poco, apenas unos segundos, pero siempre igual, siempre en el mismo momento, siempre con la misma tensión atravesándole el rostro.

Y entonces ocurrió.

Un movimiento, uno simple, nada espectacular, nada que llamara la atención de cualquiera, pero suficiente. Porque durante una fracción de segundo… pareció perder estabilidad.

Apenas.

Lo corrigió de inmediato, como si no hubiera pasado, como si llevara años haciéndolo. Cuando terminó la serie, apoyó ambas manos sobre sus piernas solo unos segundos, como si estuviera recuperando el aire, como si estuviera esperando que algo dejara de doler.

Después, casi por reflejo, su mano fue hacia la zona de la cadera derecha. Un movimiento rápido, instintivo, tan breve que probablemente nadie más lo habría notado.

Pero Lottie sí.

Porque llevaba demasiado tiempo observándolo; porque estaba empezando a reconocer incluso las cosas que él intentaba esconder.

Sebastián volvió a incorporarse como si nada hubiera ocurrido, como si no existiera ninguna molestia, como si no hubiera ninguna limitación. Pero cuando retomó el ejercicio, el apoyo sobre la pierna derecha era distinto… más cuidadoso, más contenido, como si estuviera protegiéndola sin darse cuenta. Y aquello le revolvió el estómago.

Porque por primera vez, la lesión dejó de ser una teoría. Porque por primera vez.. empezó a parecer algo real.

🐎🐎🐎🐎

—Así que ya lo viste.

Lottie giró.

Camille estaba detrás de ella, apoyada contra una columna con los brazos cruzados; pero esta vez no había hostilidad, ni burlas, ni sonrisas irritantes… solo cansancio y algo parecido a resignación.

—¿Qué?

Camille miró hacia Sebastián.

—Lo que intenta ocultar.

Silencio.




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