No supe olvidarte

3

Escucho como unos golpes en mi puerta, me levantan de mi profundo sueño, miro el teléfono y son las ocho de la mañana. 


—¡Ya voy! ¡Ya voy! — ya ni siquiera puedo dormir tranquilamente, al pararme tengo un ligero mareo que me tengo que sentarme de nuevo en la cama, busco un short rápidamente, sacudo mi cabeza ligeramente y me pongo el primer short que encuentro y camino descalza hasta la puerta, al abrirla encuentro a un hombre alto, de tés morena clara, con un traje que se ve bastante costoso — Diga ¿En que le puedo ayudar? 


—Buenos dias, soy Crithian Millers el abogado del señor Evan — con escuchar su nombre mi enojo y los recuerdo vuelven con mayor intensidad ¿Qué coño le pasa? Se larga sin decir nada y lo primero que hace es mandarme a su abogado mi hijo y yo no necesitamos nada de el ¡Ahora sabrá quien es Aleyna Herrera! 


—De ese hombre no quiero saber nada y dígale que si se atreve a mándame a otro de sus mandaderos que se prepare por que le corto los huevo que tiene de adorno — le cierro la puerta en las narices y apoyo la frente en ella. 


—Señorita por favor tengo ordenes y tengo que entregarle algo que le ha mandado el señor Evan — el hombre habla del otro lado de la puerta ¿Qué es lo que me ha mandado? Abro la puerta y lo miro, me entrega un sobre y en ese mismo lugar lo abro y el muy imbécil me ha mandado una suma muy generosa de dinero y eso solo aumenta mi enojo. 


—¡Yo no quiero ni necesito su dinero! ¿Cree que con esto puede redimirse y quedar como si nada hubiera pasado? Yo no soy la puta de nadie para que cuando me abandonen lo único que hagan una semana después es mandarme dinero. Ya que esta de mandadero, hágale saber a ese hombre, que es un completo imbécil que yo no necesito su lastima, que los huevos que tiene mejor se los regale a alguien que si sepa ser hombre — le aviento el sobre y le azoto la puerta en la cara. 


Maldito imbecil, lo bueno que en ningún momento le he dicho a ese hombre que espero un hijo de su "señor" Evan. Acaricio mi vientre, que aun permanece plano, pero que se que alberga a mi hijo aunque su padre no tenga los huevos suficientes para ser un hombre de ver, me enamora, me llena de promesa, de ilusiones por un año y después, me arroga hasta el más hondo de los infierno. 


—Tranquilo mi amor, tu tienes mucha madre, no te faltara nada — digo acariciando mi vientre — te espero con mucha ilusión y amor, sabiendo que tu seras mi alegría y mi fuerza para seguir día a día.

 




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