PARTE III: LA TRANSACCIÓN
Chelo explicó su situación sin dramatismo.
Ella era una estudiante de medicina. Estaba en tercer año de seis. Su carrera requería una dedicación absoluta: clases, prácticas, simulaciones, estudio constante. Sus padres la apoyaban económicamente pero no emocionalmente. Su madre estaba divorciada dos veces y su padre vivía en otro país. La universidad era su refugio, pero los hombres que había en la universidad eran distracciones.
"He visto amigas mías arruinar sus calificaciones por novios," dijo Chelo. "He visto a mujeres brillantes conformarse con hombres mediocres porque la soledad es peor que la mediocridad. No seré eso."
"Así que..." Tino no estaba siguiendo.
"Así que necesito un escudo. Necesito poder decirle a los tipos que se acercan que ya tengo a alguien. Necesito una razón válida para rechazarlos sin tener que explicar que simplemente no quiero las complicaciones."
"¿Y yo sería ese escudo?"
"Más o menos. Pero con beneficios."
Chelo se inclinó hacia delante. Sus ojos eran dos archivos de computadora esperando ser abiertos.
"Tú tienes un problema físico. No es romántico, pero es real. Estás en una edad donde tu cuerpo quiere cosas, y tu corazón está completamente ocupado por alguien que no te lo va a dar. Así que estás en un estado de frustración constante."
Tino sintió su cara enrojecerse, pero no apartó la mirada.
"Yo tengo una solución para eso. Podríamos ser pareja de conveniencia. Completamente confidencial. Nadie tiene que saberlo. Tú obtienes alivio físico y sexual regularmente, sin las complicaciones emocionales porque sabremos exactamente dónde están los límites. Yo obtengo paz mental de que puedo estudiar sin que hombres me molesten, y tengo una explicación simple para cuando la gente pregunte por qué no estoy disponible."
Tino la miraba como si acabara de hablar en un idioma extranjero.
"¿Me estás pidiendo que sea tu novio falso?"
"Estoy sugiriendo que seamos compañeros con beneficios. Es diferente. Más honesto, porque estaríamos ambos claros sobre qué es."
"¿Chelo, eso es... eso es..."
"¿Raro?" preguntó ella, sin parecer ofendida. "Sí. Pero también es eficiente. Tú necesitas algo. Yo necesito algo. En lugar de ambos languidecer en nuestras necesidades insatisfechas, las satisfacemos mutuamente. Es un intercambio justo."
Tino pensó en ello. Pensó en Lola durmiendo en su cama, sus brazos que él nunca tocaría romanticamente. Pensó en las noches donde el desprecio por su propia existencia era casi tangible.
"¿Y si me enamoro de ti?" preguntó.
Fue la pregunta correcta, porque Chelo exhaló, y por un momento, Tino vio que ella había estado esperando esa pregunta.
"No lo harás," dijo Chelo.
"¿Y si lo hago?"
"Entonces el acuerdo termina. Inmediatamente. Sin discusión. Sin negociación. Porque eso es lo que arruinaría todo. Si empiezas a esperar algo emocional de mí, si comienzas a creer que esto podría convertirse en algo más, entonces la frecuencia de rechazo que experimentarías sería peor que la que estás experimentando ahora."
Tino asintió lentamente.
"Necesito decir algo," dijo Chelo, y su voz había cambiado. Era menos clínica, más humana. "Yo creo que eres una buena persona, Tino. Una buena persona que ha puesto toda su bondad en el lugar equivocado. Así que esto, lo que estoy ofreciendo, es una forma de que obtengas algo sin tener que venderte completamente a alguien que no lo aprecia. Es pragmático, pero también es, en su propia forma retorcida, amable."
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Editado: 09.10.2026