No Te Enamores De MÍ

Parte II

PARTE II: LA BÚSQUEDA

Lo que Lola consideraba "cerca de las facultades" y lo que Tino y Chelo consideraban "financieramente viable" eran dos conceptos muy diferentes.

Pasaron cuatro fines de semana buscando. Lola llevaba una lista de características que parecía sacada de una revista de diseño: "Iluminación natural. Un espacio abierto para la sala. Pisos de madera si es posible."

Chelo llevaba una lista de características que parecía sacada de un manual de negocios: "Proximidad al transporte. Servicios incluidos. Sin plagas evidentes."

Tino llevaba una lista mental de "¿Cuánto cuesta esto?" y "¿Puedo trabajar más horas para cubrirlo?"

El primer apartamento que vieron tenía una bañera que funcionaba intermitentemente y una cocina que parecía haber sido diseñada para una persona de dos metros de altura. Lola hizo una mueca. Chelo preguntó sobre infestación de insectos. Tino preguntó el precio.

El segundo apartamento tenía paredes color naranja brillante que parecían estar gritando. Lola sugirió que podrían pintarlo. Chelo preguntó si la pintura estaba permitida. Tino preguntó el precio.

El tercero, el cuarto, el quinto, fueron variaciones del mismo tema: demasiado caro, demasiado lejos, demasiado pequeño, demasiado grande, demasiado todo.

Fue durante la búsqueda del octavo apartamento cuando tuvieron su primera pelea.

Estaban en un lugar en el barrio Los Andes, caminando por una avenida donde los edificios se veían como si hubieran sido construidos en los años setenta y nunca hubieran sido tocados desde entonces.

"Este es hermoso," dijo Lola, apuntando a un edificio con una fachada de color crema que había visto mejores días.

"Es hermoso si no miras de cerca," dijo Chelo. "¿Ves eso? Humedad en la pared. Eso significa filtraciones."

"Es una mancha de agua, Chelo. No significa que se va a caer el techo."

"No, pero significa que hay problemas estructurales potenciales, y problemas estructurales potenciales se convierten en problemas estructurales reales, y problemas estructurales reales son caros."

"¿Siempre tienes que ser tan... así?" preguntó Lola, su tono cambiando de manera sutil.

"¿Así cómo? ¿Práctica?"

"Lúgubre. Siempre ves lo peor en todo."

Chelo se detuvo. La miró.

"No veo lo peor. Veo la realidad. Y la realidad es que si alquilamos un apartamento con problemas de humedad, vamos a terminar con moho, y el moho causa problemas respiratorios. Así que sí, seré 'lúgubre' si significa que no terminaremos enfermándonos."

Lola cruzó los brazos. "Simplemente digo que parece que no quieres que esto funcione."

"¿Quiero que funcione? Sí. ¿Quiero que funcione de forma segura y racional? También sí. Si eso te parece que no quiero que funcione, entonces tenemos un problema de comunicación fundamental."

Tino estaba de pie entre ellas, sintiéndose como alguien que había entrado a una película a mitad de camino.

"¿Qué tal si vamos al siguiente?" sugirió, con la voz cuidadosa de quien está pisando cáscaras de huevo. "Hay tres más en la lista."

Lola se fue caminando hacia el siguiente sin esperar respuesta. Chelo la siguió, pero su expresión se había endurecido en una forma que Tino reconocía. Era la expresión de alguien que acababa de confirmar una sospecha que prefería no tener.

En el camino, Chelo se acercó a Tino y susurró: "¿Yes? Esto es lo que pasará. Ella querrá cosas que no podemos costear, y cuando digamos que no, será nuestro culpa por no tener dinero."

"Ella no dijo eso," intentó Tino.

"Aún no," dijo Chelo.

El noveno apartamento era perfecto.

No era perfecto de la manera que Lola quería—no tenía iluminación natural excepto en una ventana, y el piso era concreto pintado de gris—pero era perfecto en formas que importaban: estaba a dos cuadras de la facultad de medicina, una cuadra de la facultad de derecho, tenía una renta que era apenas soportable si trabajaban horas adicionales, y lo mejor de todo, el propietario no parecía obsesionado con mantener un depósito de seguridad.

Tenía dos habitaciones, un baño, una sala-comedor que era lo suficientemente grande para que tres personas no estuvieran literalmente una encima de la otra, y una cocina que funcionaba. Había manchas en las paredes y un olor vago a humedad, pero nada que no pudiera ser arreglado.

Lola entró y miró alrededor. Hubo un momento donde su expresión cambió—donde su búsqueda de lo perfecto colisionó con la realidad de lo disponible—y decidió que esto era suficiente.

"Me encanta," dijo.

Chelo inspeccionó las tuberías bajo el lavamanos. "Las tuberías no están corroídas. Eso es un buen signo."

Tino preguntó sobre la renta.

"$1,200 al mes," dijo el dueño.

"¿Incluye servicios?" preguntó Tino.

"Agua y electricidad. Gas no."

Tino hizo matemáticas en su cabeza. Si trabajaba treinta horas adicionales a la semana, podría ganar aproximadamente $400. Lola había mencionado que sus padres podrían contribuir con $600. Chelo con $300. Eso dejaba $100 por cubrir, que podía venir de trabajos ocasionales.

Era apretado. Era insoportable. Era perfecto.

"¿Cuándo podemos mudarnos?" preguntó Lola.




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