No Te Enamores De MÍ

Partes VII y VIII

PARTE VII: ANTES DE UNA CITA

Fue un jueves por la mañana, casi tres meses después de que se mudaron, cuando Tino vio algo que lo quebraría de una forma que viaje a través del tiempo.

Estaba saliendo del baño después de ducharse cuando Lola estaba entrando. Pero antes de entrar al baño, pasó frente al espejo del pasillo, y Tino la vio.

Estaba envuelta en una toalla, su piel mojada brillando, su cabello goteando. Se estaba peinando, preparándose para una cita. Había un hombre esperándola fuera del apartamento—alguien que Tino había visto brevemente cuando llegó. Alguien que se veía exitoso, seguro, exactamente el tipo de hombre que Lola decía que quería.

Tino debería haber seguido su camino. Debería haber ido a su habitación y cerrado la puerta.

En cambio, se quedó parado en el pasillo, viéndola. Viéndola prepararse para alguien más.

Ella no lo vio. O si lo hizo, no lo mostró. Solo continuó peinándose, cantando algo bajito, radiant en la forma que se ponía cuando estaba emocionada por algo.

Luego entró al baño y cerró la puerta.

Tino se quedó allí, en el pasillo, durante treinta segundos que se sintieron como treinta horas.

Luego fue a su habitación, cerró la puerta, y permitió que algo en su interior se endureciera un poco más.

PARTE VIII: LA NOCHE SILENCIOSA

Esa noche, después de que Lola se fue con su cita, Chelo y Tino estaban en el apartamento solos.

Chelo estaba estudiando. Tino estaba pretendiendo estudiar. Lo que realmente estaba haciendo era escuchando los sonidos del apartamento. El zumbido del refrigerador. El viento afuera. La ausencia de Lola.

"¿Ella sale con ese tipo?" preguntó Chelo, sin alzar la vista de su libro.

"Parece que sí," dijo Tino.

"¿Te molesta?"

Tino no supo cómo responder honestamente sin romper todo lo que habían construido. Así que dijo: "No debería."

"Pero te molesta."

"Sí."

Chelo cerró su libro. Miró a Tino.

"Esto es lo que te dije que pasaría," dijo, sin crueldad pero con una especie de tristeza clínica. "Esto es lo que siempre pasa. Ella va a continuar viviendo su vida, buscando hombres, enamorándose, desenamorándose. Y tú vas a estar aquí, viendo todo suceder, esperando que algún día ella vea lo que es obvio para todos: que eres tú quien debería estar en esas citas."

"No es así," dijo Tino débilmente.

"Es exactamente así. Y lo peor es que yo no puedo ayudarte con esto. Lo que te estoy dando—la alivio físico, la compañía—no es lo que realmente quieres. Lo que realmente quieres es que Lola te ame de la forma en que tú la amas. Y eso nunca va a pasar mientras ella crea que hay algo mejor."

Tino sintió que algo en su pecho se quebraba en un patrón que era cada vez más familiar.

"Entonces, ¿qué se supone que debo hacer?" preguntó.

"Honestamente," dijo Chelo, "creo que deberías moverte. Encontrar otro lugar. Porque esto, lo que estamos haciendo—esto no es sostenible. No para ti."

Pero Tino no se movió. No ese día. No la próxima semana. No en los meses que seguirían.

Porque la alternativa era aceptar que lo que estaba sucediendo era exactamente lo que era: una lenta desaparición en el nombre del amor.

Y Tino no sabía cómo dejar de amar aún.

FIN DEL CAPÍTULO 3: LA CONVIVENCIA




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