No te mentiré #3

Capítulo 44

El cochero, los lacayos, los sirvientes, la ama de llaves, el mayordomo y la doncella personal de lady Darian no supieron del regreso del señor hasta el día siguiente cuando fue a primera hora de la mañana y se sorprendieron verlo bajar de la cocina a preparar un desayuno para su mujer.

Se quedaron tan atónitos que cuando lo vieron, solo pudieron cerrar las bocas y asentir. Excepto el mayordomo y Christine que le dieron la bienvenida, aunque esta última le dio un pequeño ultimátum.

- Espero que no haga más daño a mi señora porque si hace lo contrario yo misma me encargaré que pague por ello.

En vez de sentirse ofendido, se rio y le dijo:

- Me alegra que mi esposa cuenta con una defensora como usted. Gracias a ti y a todos por cuidarla mientras yo estaba ausente.

Él caminó hacia a la habitación de su esposa con la bandeja de desayuno preparada. A los lejos pudo escuchar de fondo las exclamaciones de alegría y vítores por parte de la servidumbre. Parecía que más de uno en la casa se alegraba de la reconciliación. Sin duda alguna, había sido un hombre débil e idiota. Debería haber confiado en su mujer y no haber perdido ese tiempo, alejados uno del otro. La seguía amando; ahora más que nunca. Sabía que le iba a costar ganarse su perdón, y más sabiendo, que la mayor parte de culpa había sido por él. Por eso cada día trataría que ella se sintiera querida y respetada. No habría más mentiras y más personas de por medio.

Abrió la puerta con cuidado para que el desayuno no acabara en el suelo. Entró y vio que la princesa seguía durmiendo. Era comprensible después de hacer ciertos ejercicios. Dejó el desayuno en la mesita de noche y trató de despertarla como él sabía hacerlo.

- Por favor, déjeme dormir un poco más – le pidió y él intentó controlarse a pesar de que se había excitado más por su voz ronca y adormilada.

Debería haber sido un buen caballero y dejarla dormir pero no lo hizo. Fue malo y continuó acariciándola hasta que la escuchar suplicar otra cosa más pecaminosa e indecente que el simple hecho de dormir.

- Me muero de hambre - dijo la joven después de hacer el amor tan cariñosamente por su marido.

- Espera, tengo la solución– se levantó sin mostrar vergüenza alguna de su cuerpo.

Ella soltó un gritito de sorpresa al ver la bandeja que él le había preparado.

- No hacía falta que lo hicieras – le dijo sobrecogida por ese detalle.

- Lo que hago es bien poco – Ophelia negó con la cabeza.

- No, Christopher – le llamó por su nombre, no era la primera vez que lo hacía, ya que anoche lo dijo varias veces -. Desde que nos conocimos, no lo quise ver, usted siempre ha estado ahí a mi lado, protegiéndome y queriéndome. En parte tengo la culpa de que se fuera. Por no serle sincera.

- Ambos tuvimos nuestra culpa – reconoció él y ella asintió tomando un sorbo de zumo de naranja -. ¿Qué pasó ese día?

Ella tragó el resto de jugo y lo miró. Sabía lo que se refería. Inspiró y le contó desde el principio todo.

- Hacía unos años conocí a Hawker en una fiesta – sentir la mano de su marido envolviendo la suya fue reconfortante para seguir y contarle -. Yo pensé que sería como otro caballero que pudiese encandilar. Sabes, perfectamente que, en ese tiempo, era muy vanidosa y me gustaba mucho la admiración y la atención. Me gustaba que me alagaran y me adoraran. Él no fue la excepción...

Se detuvo y miró sus manos entrelazadas. Él le dio un apretón como si le leyeran sus pensamientos y le pidió que continuara.

- Sigue, por favor.

- Bueno, ocurrió, supongo, lo que tenía que ocurrir – dijo con una sonrisa triste y culpable -. Darian, no supe lo que realmente pasaba hasta que fue demasiado tarde. Fui ignorante y pequé de vanidad. No me sentí cómoda. Recuerdo muy poco de ese hecho. Fue tan desagradable.

Christopher tiró de su mano y la atrajo a su pecho, cobijándola entre sus brazos.

- Si lo hubiera sabido, le hubiera molido a golpes en ese momento.

- Podría – le dio un beso delicado justo en la zona de su corazón -. Podría habértelo dicho pero yo te odiaba, ¿recuerdas?

- Aún me preguntó porqué desde un principio me rechazabas...

- Quizás, porque enviaba la relación que tenías con mi padre – él se extrañó de su respuesta, se apartó un poco pero no lo suficiente para romper el abrazo -. Aunque no lo creas, mi padre te quería más que a mí. Sé lo que estás pensando que yo era su hija preferida y me complacía en todo. No fue del todo tiempo así.

- No lo sabía.

- Muy pocos lo veían. Pero no solamente era por eso. Tenía mucho miedo, mucho que llegaras a enamorarme. Nunca dejaste de intentarlo.

- Te metiste en mi sangre, Ophelia – le dijo cogiéndole el rostro, se controló en no besarla ya que aún quedaba más por hablar-. Dime qué pasó después.

Ella se entretuvo con atrapar su mano y besar con delicadeza cada nudillo.




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