No te necesito, Imbécil.

Capítulo 11 - Cómo Consolar a una Generala.

Subí nuevamente a mi cuarto arrastrando los pies. Estaba llena de comer tanto, pero mi habitación se sentía más vacía que nunca.

Los viernes por la noche eran sagrados. Eran el momento de la semana en que Haku y yo dejábamos de fingir que teníamos cosas mejores que hacer y nos encerrábamos aquí a pelear por el control remoto, a comer comida chatarra hasta que nos doliera el estómago y a insultarnos hasta quedar dormidos.

Caminé hacia el rincón de la pared. Allí seguía el futón de Haku, doblado a medias, conservando todavía esa estúpida marca hundida que dejaba su cuerpo pesado. Me senté en el borde de mi propia cama, mirándolo fijamente.

Repasé su último mensaje en mi cabeza una docena de veces: "hablamos después. iré a dormir un rato."

—Debería hablarle... —susurré al cuarto vacío—. Le mandaré la foto de la planta. Así, cuando despierte, al menos verá que no soy una completa inútil. O algo así.

Pero el orgullo y el miedo me paralizaron los dedos. Me eché de espaldas sobre el colchón, clavando la vista en el techo, y dejé caer el teléfono a mi lado con un suspiro pesado. El silencio de la casa empezó a mecerme, denso y cansado, y sin quererlo, el agotamiento de la semana entera me cerró los ojos.

No sé cuánto tiempo pasó, pero la vibración aguda del celular contra las sábanas me sacó del letargo de golpe.

Me giré lentamente, con el corazón dándome un vuelco estúpido. Agarré el aparato, rogando internamente que fuera él.

Pero la pantalla iluminada mostraba un nombre distinto.

Amy: ¡Hola, Hana! Ya me liberé del protocolo familiar de la cena y de mi hermano el revoltoso. ¿Qué quieres hacer? ¿Iniciamos la revancha o prefieres solo mantener una línea de comunicación abierta?

Me quedé mirando el mensaje en la misma posición en la que estaba tirada, con la mejilla aplastada contra la almohada. Y entonces, sin previo aviso, sin permiso y sin hacer ningún ruido, una sola lágrima trazó un camino caliente desde el rabillo de mi ojo hasta perderse en la tela de la sábana.

Tragué saliva, me obligué a tragar amargo. Tecleé despacio.

Hana: Hola, Amy... No tengo muchas ganas de jugar ahora. No tengo mucho ánimo para nada.

Amy: No quiero ser una mala amiga, Hana. Según lo que acabo de investigar en línea, necesito seguir reintentando la conexión remota, así que aquí voy: ¿quieres hablar de lo que te pasa? ¿O solo quieres dormir en paz?

Leí el mensaje y no pude evitarlo. Solté una risita ahogada que me sacudió los hombros, frotándome la cara contra la sábana para secarme la única lágrima estúpida que se me había escapado. Eres una tonta adorable, Amy.

Me incorporé despacio y me apoyé contra el respaldo de la cama, cruzando las piernas mientras tecleaba con ambas manos.

Hana: Dime tú de qué quieres hablar, Amy. Soy toda oídos.

Me quedé esperando su respuesta, viendo los tres puntitos titilar en la pantalla. Amy tardaba más de lo normal. Seguramente estaba consultando su fuente de "investigación" otra vez.

Amy: Aquí dice: "hazla sentir bien y acompañada, pero no insistas demasiado". Así que... me gustaría hablar de... tus sentimientos. O de cualquier otra cosa.

Me reí de verdad esta vez. El sonido rebotó en las paredes de mi cuarto, llevándose consigo un poco del peso muerto que tenía en el pecho.

Hana: ¡Deja de leer esos estúpidos foros de internet, Amy! ¡Eres terrible! Me haces reír, pero en serio, no tengo ganas de hablar de mis tonterías ahora mismo.

Amy: si si si ..

Hana: Eres muy buena amiga para ser tu primera vez. Gracias por lo de hoy en la plaza.

Amy: Sí, sí, tú también. A ver... sí... ya todo se solucionará, Hana, no te preocupes por eso.

Noté cómo Amy escribía, pausaba y volvía a escribir. ¡Seguía leyendo ese estúpido manual de internet! Pero bueno, la dejé ser. Era su forma, ridículamente adorable, de estar preocupada por mí.

Hana: ¡Cambiemos de conversación mejor! No puedo creer que te esté escribiendo esto, pero... ¿cómo va el experimento con tu hermanito?

Amy: Estoy probando el condicionamiento de Pavlov con el espécimen. Cada vez que quiero silencio, toco una campana y le lanzo un dulce desde la puerta de mi cuarto. Funciona en un 40%.

Me reí en la oscuridad de la habitación, tratando de imaginarme la escena sin sentir pena por el pobre niño.

Hana: ¡Estás loca, Amy! ¡Lo vas a dejar traumatizado!... ¿Qué pasa si se acaban los dulces? –

No sé por qué pregunte, pero me intrigaba.

Amy: Esa es la Fase 2 del experimento. Ver si el sonido de la campana es suficiente para paralizarlo por el simple miedo a no recibir azúcar. Te mantendré informada de los resultados.

Hana: ¡Ya no quiero saber más! Acabas de confesar un crimen.

La distracción estaba funcionando a la perfección. Me había olvidado del hospital, de la maleta y del futón vacío por un buen rato.

Amy: Oye... cambiando de tema hacia amenazas locales. Sigo analizando al transferido del Este. Revisé la base de datos pública del colegio y no hay registros de traslados recientes en esa zona.

Hana: ¡Amy, por el amor de Dios, deja de hackear la red de la escuela! Es solo un chico muy torpe con un poco de ansiedad social...

Dejé el celular apoyado en el pecho un segundo, frunciendo el ceño en la penumbra. ¿Será así?, pensé. Es súper torpe... pero quiere aparentar con todas sus fuerzas que es perfecto. Se le caen las cosas de las manos de puro nervio.

El teléfono vibró, sacándome de mis deducciones.

Amy: Esa es la fachada perfecta. Se tropieza para que bajemos la guardia. Además... se guardó el lápiz que te presto y que tú mordiste. Eso es una táctica clara de recolección de ADN. Lo tengo clarísimo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.