Los mensajes estaban ahí, flotando en la oscuridad de la pantalla.
Haku: Hana, dormí todo el día. Soñé contigo, y al despertarme sentí que tenía que hablarte.
Haku: Perdón por lo de hoy. Solo... tengo muchas cosas en la cabeza.
Haku: No podía esperar hasta mañana para decírtelo. Que descanses... me gustaría mucho estar durmiendo en mi futón ahora mismo.
La primera lágrima cayó antes de que pudiera parpadear. El nudo que había logrado aflojar durante la tarde con Amy se apretó de golpe, quemándome la garganta con la fuerza de un incendio.
Me quedé mirando la luz blanca del teléfono en la oscuridad de mi cuarto. Leer a Haku así, tan despojado de su ruido, tan frágil y honesto, me partía el corazón en dos. Vi los tres puntitos de escribiendo... aparecer y desaparecer un par de veces antes de cesar por completo. Estaba dudando. Estaba despierto, solo y asustado a kilómetros de aquí.
Sin perder un segundo más, antes de que el orgullo me jugara en contra, tecleé de vuelta.
Hana: Qué bueno que descansaste. Y está bien, no me molestó. (Mentí. Sí me había molestado muchísimo. De hecho, me había amargado el día entero y casi golpeo a mi única amiga por su culpa).
Hana: Espero que todo se solucione rápido y vuelvas antes de que el futón pierda la forma de tu trasero.
Al enviar el mensaje, vi cómo su respuesta llegaba casi instantáneamente. Había tecleado tan rápido por los nervios que las palabras se le enredaron en los dedos.
Haku: ¡perdón por escribirte tan tarde!
Haku: Solo necesitaba decírtelo.
Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y solté una risita ahogada que me dolió en el pecho. Me senté en la cama, abrazando mis rodillas, iluminada solo por el brillo de la pantalla.
Hana: ¿Está todo bien por allá?
Haku: Sí, todo bien por acá. Por lo que escuché, van a venir unos familiares de mi madre a verla unos días.
Fruncí el ceño ligeramente en la oscuridad. Pero preferí no presionar. Si él decía que estaba bien, yo le seguiría el juego.
Hana: Por lo menos no estarás tan solo.
Haku: Sí.
Haku: ¿Y cuéntame, todo bien en clases?
Hana: Sí, todo bien. Por lo menos tengo a Amy distrayéndome con sus locuras.
Haku: ¿Y?
Hana: Y qué.
Haku: Mi asiento, Hana.
El pecho se me apretó de inmediato. Incluso a las tres de la mañana, su cabeza no podía soltar la idea de que alguien más estuviera ocupando su lugar. Era una posesividad que rozaba el pánico, y por primera vez, no me dio rabia. Me dio una ternura que me asustó.
Me acomodé contra el respaldo de la cama, mordiéndome el interior de la mejilla, decidida a darle la única paz que yo podía ofrecerle desde aquí.
Hana: Está seguro. Ya le dije a ese chico que se buscara otro maldito asiento lejos de mí.
Me froté los ojos cansados con la mano libre, soltando un suspiro al techo. Espero que ese chico de verdad me haya hecho caso y el lunes no se le ocurra volver a acercarse, pensé. Pero bueno, Haku no necesitaba lidiar con mi estrés territorial ahora. Necesitaba dormir.
Haku: Me alivia escuchar eso, de verdad.
Quería cambiar el tema rápidamente antes de que mi culpa por no estar ahí con él, o su tristeza, volvieran a ganar terreno y nos hundieran a los dos a las tres de la mañana.
Soñó conmigo, recordé de golpe, sintiendo un cosquilleo traicionero en el estómago.
Escribí. Borré. Volví a escribir. Volví a borrar. Necesitaba saberlo. Mi curiosidad estaba librando una batalla campal contra mi dignidad, y con cada letra que tecleaba y borraba, sentía cómo el calor me subía por el cuello hasta dejarme la cara roja como un tomate.
Finalmente, me tapé los ojos con la mano libre, sintiendo que iba a explotar de vergüenza, y presioné "Enviar" antes de arrepentirme.
Hana: Sí, bueno.... Oye... ¿y qué soñaste de mí?
Los tres puntitos parpadearon al instante. Casi pude ver su sonrisa arrogante iluminando la pantalla.
Haku: Jajajaja, ¿de verdad quieres saberlo, Generala?
Cerré los ojos con fuerza y dejé caer la cabeza hacia atrás contra la pared. ¡Fui una estúpida! ¡Había caído directo en su trampa! O sea, ¡ya había vuelto el imbécil de siempre! El cansancio y la melancolía le habían durado exactamente cinco minutos.
Mis dedos golpearon la pantalla con furia, intentando recuperar mi terreno perdido a las tres y media de la mañana.
Hana: ¡NO! ¡Ya no, Haku! ¡No quiero saber absolutamente nada! ¡Vuelve a dormir!
Haku: Jajajaja, es que tú también, Hana, me haces imposible no molestarte. Pero si quieres te lo cuento. Aunque te advierto que puede tener escenas para mayores de 18 años.
Mi cara, que ya estaba ardiendo de vergüenza, pasó a estar del color de un semáforo en alerta máxima. Sentí un golpe fuertísimo en el pecho y el corazón se me disparó a mil por hora. Obviamente una parte oscura y traicionera de mi cerebro quería saberlo, pero ni muerta iba a pedírselo a las 3 y tanto de la mañana.
Hana: ¡¿QUÉ?! ¡Eres un sinvergüenza pervertido! ¡Te tengo terminantemente prohibido soñar así conmigo! Si no borras eso de tu mente ahora mismo, ¡te liquidaré en cuanto vuelvas!
El indicador de escribiendo... apareció de inmediato, pero esta vez con un ritmo mucho más tranquilo. Casi podía ver su sonrisa torcida desde aquí.
Haku: ¡Es broma, es broma! Jajajaja. Solo soñé que estábamos los dos tirados en tu pieza, como cada fin de semana. Jugando, comiendo porquerías, viendo películas horribles. ¡Eso es todo! Tu mente trabaja de formas muy misteriosas y perturbadoras, Hana. Jajajaja.
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Editado: 31.07.2026