Al otro día desperté temprano, dándole vueltas al error que había cometido la noche anterior. ¿Cómo pude ser tan estúpida?, me recriminaba una y otra vez. Aparte, estaba segura de que Haku no me había creído nada de la coartada de Amy. ¡Cómo tan...! ¡Aggg!
Me fui a duchar, deseando con todas mis fuerzas que el agua fría se llevara toda la estupidez acumulada de mi cuerpo. Cuando terminé y me vi en el espejo, el golpe de realidad me cayó encima.
Hoy Ryu vendrá a mi casa. A mi casa.
Sin pensar en otra cosa, casi por un instinto que no quise analizar, me puse a ordenar mi pieza de arriba a abajo. Por si acaso... ¿Por si acaso qué?, me cuestioné a los tres minutos, deteniéndome con una sudadera en la mano. Ya basta de pensar estupideces. Solo ordené lo básico, me rendí ante la ansiedad y bajé en mi pijama.
Mi madre ya me estaba esperando al pie de las escaleras.
—¿Y qué dijo Ryu? —preguntó de inmediato, sin un "buenos días" ni nada. Estaba demasiado concentrada en el próximo capítulo de su telenovela favorita de la vida real.
—Sí, vendrá a las dos —le respondí, arrastrando los pies hacia la cocina.
—¡Genial! —exclamó con una sonrisa enorme—. Prepararé algo especial, entonces.
Se fue casi corriendo a revisar los estantes para ver qué iba a cocinar.
—¡¿Y mi desayuno?! —le grité desde la puerta.
—¡No hay tiempo para eso! —me respondió, metiendo la cabeza en la alacena—. ¡Háztelo tú!
—¡Mamáaaa! —protesté, desesperada—. Por favor, sé normal hoy. Te lo ruego.
Ella sacó la cabeza de la alacena, soltó un "Ja" irónico y me apuntó directamente con una caja de fideos.
—Yo soy la persona más normal de esta casa, Hana. Que no se te olvide jamás.
—Claro. Por eso siempre te robas a mis pocos amigos.
—No me voy a robar a Ryu —se defendió, encogiéndose de hombros con dignidad—. Yo le soy fiel a Haku... no como otras personas en esta casa.
Sentí el pinchazo directo en el estómago. La miré indignada, pero el peso de la culpa por mi mentira de anoche me impidió responderle algo ingenioso. Mi madre notó mi expresión y carraspeó.
—Ah, sí, me acordé que también estaba muy dolida contigo por ocultármelo... —añadió rápidamente, agitando las manos—. Pero bueno... ¡es que esto es muy emocionante!
Me quedé mirándola, confundida por su cambio de tono.
—Espera, eeeh... no, no lo es. O sea, quiero decir... —Mi madre empezó a balbucear, tratando de buscar una excusa decente para no hacerme sentir tan mal por mi evidente traición, pero al final se rindió y bajó los brazos con una sonrisa culpable—. Ay, la verdad es que no se me ocurre nada, hija. Pero es que tienes un lío juvenil muy bueno entre manos. ¡Es mucho mejor que los K-dramas que veo en las noches!
Se rió por lo bajo, claramente satisfecha con su papel de espectadora de primera fila, y empezó a sacar ollas de la alacena, dejándome sola con mi taza de leche vacía, mi crisis adolescente y mi falta absoluta de argumentos.
Me preparé algo rápido de comer y subí a mi habitación. Mi madre estaba demasiado ocupada pensando en qué cocinar para el almuerzo. Cuando revisé el celular, vi un mensaje de Amy preguntando cómo iba todo... y uno de Ryu.
Abrí el de Ryu de inmediato.
Ryu: Hola, Hana. Solo quería confirmar el almuerzo por si te arrepentiste.
Hana: No, Ryu. Mi madre está muy entusiasmada (tal vez demasiado), así que te esperamos.
Ryu: Ok, ahí estaré.
Suspiré y pasé al chat de mi escudera.
Amy: Ya sabes, Hana, me tienes que contar todo. Sería genial si pudieras tomar fotografías para el archivo de evidencias.
Hana: No lo haré, estúpida. No le sacaré fotos a Ryu mientras almuerza, esto ya es lo suficientemente raro. Ah... y solo por si acaso: tú y yo vamos a almorzar juntas hoy. Es solo una excusa.
Amy: ¡¿Qué?! ¿Algo pasó, Hana? ¡Cuéntame ahora mismo! ¿Por qué mentirías? ¡¿Haku es el objetivo de la mentira?! ¡¿Él lo sabe?! ¡Aah, muero!
Hana: Me equivoqué de chat ayer en la noche, pero no pasa nada, ya lo arreglé. Solo inventé esa excusa contigo, así que cualquier cosa, ya sabes.
Amy: ¡No sé mentir, Hana! Lo sabes. Mi sistema falla bajo presión. Si alguien me interroga, colapsaré y diré la verdad...
Mierda, Amy... pensé, pasándome la mano por la cara.
Hana: Escúchame bien. Si por alguna razón Haku se entera, sabré que fuiste tú y te liquidaré en cuanto cruces la puerta del colegio. No hay presión, amiga.
Amy: Mejor me desconecto hoy de las redes de comunicación. Haku igualmente no tiene mi número, pero caeré muy fácil. Te dejo, Hana. Entrando en modo desconexión total desde ahora.
Sonreí. Creo que mi amenaza de muerte esta vez sí había funcionado.
La hora pasó rápido. Traté de vestirme con algo decente, nada muy llamativo ni tan formal, pero no supe cómo diablos pasó una hora entera entre probarme cuatro camisetas distintas, descartar tres y terminar poniéndome la primera que había elegido frente al espejo.
Cuando bajé nuevamente a la sala, mi madre ya estaba lista y la mesa servida.
Me tapé la cara con las manos. ¿Por qué me pasa esto a mí?
—Ya van a ser las dos —le avisé, mirando el reloj de la pared.
—Sí, estoy lista, Hana.
Justo en ese instante, sonaron tres golpes en la puerta. Claros, precisos y rítmicos. Ni muy fuertes, ni muy débiles.
Mi madre se puso de pie de un salto, se alisó el vestido, puso una cara de seriedad extrema y se apoyó contra la pared del pasillo, intentando adoptar una postura de matriarca intimidante. Luego me hizo un gesto enérgico con la mano para que fuera yo a abrir.
Me acerqué a la puerta, respiré hondo para calmar los latidos desbocados de mi pecho y tiré de la perilla.
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Editado: 20.08.2026