Capítulo final: Hana.
El ruido sordo del golpe me sacó de mi parálisis, pero me dejó en un estado de shock aún peor.
Me quedé congelada. Mis ojos viajaron frenéticamente por la escena. Ryu estaba en el suelo, apoyándose en los codos con un hilo de sangre bajándole por el labio partido. A su alrededor, los pétalos de las rosas azules y la caja de chocolates de menta que yo le había mencionado a Amy yacían pisoteados y aplastados en la tierra.
Y frente a él, Haku.
Estaba de pie, respirando con dificultad, con los puños apretados y el cuerpo temblando. Nunca en toda mi vida, en todos nuestros años de insultos y peleas tontas, lo había visto así. Parecía un animal acorralado. Una opresión asfixiante me aplastó el pecho al darme cuenta de que todo mi mundo, mis mentiras y mi estúpido orgullo, se estaban yendo a la mierda en frente de mis ojos.
—¡¿Qué demonios te pasa, Haku?! —grité por fin, saliendo del trance.
Me interpuse entre los dos, empujándolo por el pecho con todas mis fuerzas para alejarlo de Ryu.
—¡¿Estás loco?!
Haku retrocedió un paso, pero no por mi empujón. Me miró como si no me reconociera. Sus ojos estaban inyectados en sangre, oscuros y llenos de una decepción tan profunda que me quitó el poco aire que me quedaba.
—¿Que qué me pasa? —Su voz salió rota, áspera, como si le doliera físicamente hablar—. Me pasé las últimas semanas ahogándome, sintiéndome solo, aterrorizado, y mi única esperanza... mi única maldita esperanza para no volverme loco era pensar en ti en volver a verte, Hana.
—¡Haku, escúchame, todo esto tiene una explicación! —le supliqué, sintiendo que las lágrimas empezaban a quemarme los ojos.
—¡Me mentiste me ocultaste todo para no joderte, ¿verdad?! —me interrumpió a gritos, señalando a Ryu, que seguía en el suelo—. ¡Yo no te dije nada del infierno que estaba viviendo para protegerte, y resulta que tú ya me habías reemplazado con el primer idiota que apareció y ocupó mi asiento!
—¡No te he reemplazado! ¡Solo pensaba en ti! —le grité de vuelta, con la voz quebrada por el llanto que ya no podía contener—. ¡Estaba asustada, Haku! No me decías nada, y Ryu llegó y no supe qué hacer. ¡Te iba a decir la verdad, pero no sabía cómo ibas a reaccionar y no sabía qué me iba a hacer amiga de él! ¡Mierda, me pasé días enteros sintiéndome mal por nuestro estúpido pacto!
La mandíbula de Haku tembló. Me miró, luego miró a Ryu, y finalmente fijó la vista en mis manos. Sin darme cuenta, mi instinto me había hecho mirar a medias a Ryu para ver como estaba.
La expresión de Haku se desmoronó por completo. La rabia fue reemplazada por una resignación devastadora.
—No... ya veo lo preocupada que estabas por mí —susurró, con una frialdad y un sarcasmo que me helaron la sangre.
Se dio la media vuelta y empezó a caminar hacia la salida del parque a paso rápido, dejándome los regalos destrozados a mis pies.
—¡Haku, espera! —grité, queriendo salir corriendo detrás de él.
Pero nuevamente mire para ver a ryu. Me giré, desesperada. Ryu se estaba limpiando la sangre del labio inferior con el dorso de la mano libre, pero me miró con absoluta calma. Con un movimiento rápido de cabeza, me señaló la espalda de Haku.
—Ve tras él, Hana —me ordenó en voz baja—. Vete.
En ese momento, Amy llegó corriendo. Estaba roja por la falta de aire y se dejó caer de rodillas junto a Ryu. Apenas me vio dudar, la Agente de las Conspiraciones me miró con urgencia.
—¿Estás bien, Ryu? —Le preguntó primero a él, antes de mirarme a mí—. Ve, Hana. Yo me quedaré con él. Y tú, idiota —le reclamó, perdiendo todos sus protocolos de calma—, ¡¿por qué estás aquí?! ¡Le dije a Hana que viniera sola! Déjame verte el labio.
No necesité escuchar más. Dejé a Ryu en buenas manos, me di la vuelta y corrí con todas mis fuerzas detrás del ruidoso idiota que acababa de romperme el corazón.
Empecé a caminar rápido detrás de él, intentando acortar la distancia, pero en cuanto escuchó mis pasos, Haku aceleró el suyo, convirtiendo mi caminata en un trote torpe y desesperado.
En mi mente surgieron miles de pensamientos oscuros, aplastándome con todo el peso de la mierda que yo misma había provocado. Pensé en Haku en el norte, encerrado en esa casa fría con su madre enferma, preocupado por mí, sintiéndose como una completa basura mientras intentaba hacerse el fuerte y preparar esta sorpresa comprarme esos chocolates y ese estúpido peluche. Y mientras él hacía todo eso... yo estaba aquí con Ryu.
Mierda. Fui con él al centro comercial. Le disparé a los patos. Le gané un oso. Fuimos a comer juntos. ¡Quería morirme! ¡Era la peor persona del universo!
Mis ojos se nublaron por las lágrimas que brotaban sin control, empapándome las mejillas con el viento frío. No sabía qué le iba a decir a Haku. No tenía la más puta idea de cómo explicarle nada de esto, pero solo sabía que necesitaba hablar con él. Necesitaba que me escuchara antes de que se cerrara por completo.
Cuando por fin llegué a su edificio, él ya había entrado. Subí las escaleras corriendo de a dos, con los pulmones ardiéndome y dejándome completamente sin aire.
Al llegar a su piso, tuve que detener un segundo la marcha, apoyando las manos en mis rodillas y apretándolas con fuerza para poder reaccionar. Justo entonces, el sonido de un portazo violento retumbó por todo el pasillo.
Maldito...
Corrí hasta su puerta. Metí la mano temblorosa en el bolsillo de la sudadera y saqué mi llave de repuesto. Mi maldita llave de siempre. Sin embargo, con los nervios, el llanto y el pulso a mil por hora, no lograba atinarle a la cerradura. El metal chocaba contra la madera.
—¡Aggg! —gruñí, desesperada, sintiendo que me dolía hasta el pecho por la impotencia.
Forcé la mano, y finalmente, después de lo que pareció una eternidad, la llave se introdujo. Di un giro brusco, empujé la puerta con el hombro y entré de golpe a su departamento.
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Editado: 20.08.2026