No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 4

Ella lo miró fijamente; no parecía estar avergonzada de invadir su espacio personal. Por su parte, Logan miró la foto en sus manos y apretó la mandíbula, tratando de controlar su incomodidad.

Ese era su lugar, y encontrarla con la foto de Mali era una intromisión en su intimidad.

—Estaba organizando el inventario de la alacena… —se explicó, ahora sí claramente nerviosa—. Charlotte dijo que tú sabías que usaría tu computadora.

Él la miró inseguro; estaba convencido de que no había existido tal conversación con su abuela sobre dejarla entrar allí.

—Pues te mintió. No tenía conocimiento de que estarías aquí.
—Yo… lo siento. No hubiera entrado sin permiso.

Él le hizo un gesto con la mano para que le quitara importancia y colocó la foto en su lugar.

—¿Él era tu compañero?
—Sí.
—¿Él está…?
—Muerto. Y agradecería que no hablemos del tema —dijo firme, estableciendo un límite. No fue grosero, pero cerró la puerta para que ella siguiera preguntando.
—Lo… lo siento, no quise ser irrespetuosa.
—Extrañamente no has sido irrespetuosa, pero Mali es un tema que no hablo con desconocidos.

Ella bajó la vista, sintiéndose algo incómoda. Y sí, era una desconocida.

—Bien, voy a la cocina por algo para tomar. Si no tienes problema en que siga usando tu computadora, díselo a Charlotte y volveré cuando no estés.

Sin esperar respuesta, se levantó y salió del espacio del escritorio.

—Espera, princesita… —dijo tomándola del antebrazo.

Ella sacudió el brazo tratando de zafarse y quiso refutar que no era ninguna princesita, pero él la soltó y dio un paso atrás.

—Bien, bien… Madison —dijo Logan levantando las manos en son de paz—. Puedes usar mi oficina para trabajar en el computador. Pero, por favor, deja todo tal cual está.

Y ese momento quizá fue una bandera blanca —o eso creyó Logan—, que salió de su oficina dejando a una Madison algo contrariada.

Esa tarde Logan regresó más temprano a casa. Se había propuesto cenar en la mesa, tomar una ducha e ir a dormir pronto. Creyó que era momento de retomar la medicación; aunque ya hacía varios días desde que fue a Hammond por ella, no se había animado a tomarla.

La cena fue más tranquila de lo que esperaba.

Básicamente fue un espectador. Madison hablaba del potencial que tenían muchos productos artesanales que había descubierto en la alacena. Según su visión, serían productos top en grandes supermercados si la granja lograba actualizar un poco sus procesos.

Estaba completamente distraído cuando Charlotte llamó su atención.

—¿Qué te parece, Logan?

Se quedó pensativo, tratando de unir lo poco que había escuchado. Carraspeó, algo inseguro de qué decir.

—Nuestra finca es pequeña. La calidad de nuestros productos es tan buena porque se producen artesanalmente y no en cantidad industrial. Tampoco forma parte de nuestro objetivo.

Madison apretó los labios, como quien intenta contener las palabras, y respiró un par de veces antes de replicar.

—Sí, lo sé. No estoy hablando de industrializar los procesos, quizá solo de ampliar un poco la mano de obra y actualizar algunos procedimientos —sintió las manos sudarle y, sin achicarse ni un poco, explicó más—. No necesitas producir en cantidades industriales todos tus productos. Con apostar por algunos que podrían ser la joya de la corona, puedes hacerte un espacio en grandes cadenas de mercado.

—Te veo muy segura de lo que dices.

La intuición de Madison no era descabellada, pero requería una inversión grande de dinero que él, en ese momento, no tenía. Quizá, si la herencia de su recién descubierto padre se resolviera, podría invertir en la finca lo suficiente para mejorar su situación actual, que no era mala, pero podía ser mejor.

—Te sorprenderías de lo mucho que sé sobre el tema.

La condescendencia con la que dijo aquello no pasó desapercibida para Logan. Su primera impresión —sobre todo por el collar que vio el día que la rescató— lo llevó a pensar en ella como una niña rica fugitiva.

Pero lo poco que había visto de ella esos días —lo que hizo en la alacena, cómo armó el inventario y la propiedad con la que hablaba del tema— daba cuenta de alguien que sabía más de lo que probablemente sabían algunos con títulos universitarios.

—Pues sorpréndeme —la retó, mirándola directamente a los ojos—. Si crees que sabes mucho del tema, preséntame una propuesta. Tu propuesta —remarcó—. Y si me convences, haré lo necesario para que sea realidad.

Ella jamás pensó que él fuera a tomar en serio su afirmación y darle una oportunidad real. Pero inmediatamente su mente le recordó su posición en ese momento.

—Yo… yo, eh… no puedo quedarme —dijo bajando la mirada y tragando grueso.
—Justo ahora es cuando más te conviene lo que propongo. Hazme la propuesta; si me convence, tendrás un salario y la oportunidad de ejecutarla. ¿O ya no te sientes tan valiente? —concluyó, retándola.
—Logan, yo…

Por primera vez desde que llegó, la veía con la guardia baja.




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