No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 6

En los días siguientes, Madi comenzó a interesarse por los procesos productivos de la granja. Empezó escuchando toda la información que pudo obtener de Charlotte y, en algunas ocasiones, la acompañó a los campos a recoger fresas.

Aquella tarde se cruzaron con Logan. Al principio hubo algo de sorpresa en su rostro; luego, un poco empujado por Charlotte, se tomó la tarea de explicarle el proceso posterior a la recolección.

Madi ya sabía, por Charlotte, que las fresas se clasificaban según su tamaño, color y grado de maduración. Las más bonitas terminaban en las cajas destinadas al mercado.

Las más pequeñas o demasiado maduras iban a los canastos de madera que luego se convertirían en mermelada.

Pero Logan, esa tarde, le dio una explicación diferente.

—Las que no parecían perfectas, pero sabían a verano.
Madi alzó la mirada hacia él.

Por un segundo tuvo la absurda sensación de que no estaba hablando de fresas.

Era ridículo pensar algo así. Más ridículo aún creer que lo diría por ella, cuando apenas la miraba más de cinco segundos seguidos.

Estaba perdida en sus pensamientos cuando él carraspeó.

—¿Disculpa? —preguntó ella, intuyendo que le había estado hablando.
—Decía que puedo ayudarle si desea seguir conociendo los procesos productivos. Solo tiene que pedirlo.
—Gracias —murmuró en voz baja—, pero no quisiera quitarte tiempo.
—Si me he ofrecido, es porque puedo.
—Bien… ¿podríamos empezar por dejar de tutearme?

En su boca se dibujó una fugaz sonrisa.

—Sí, definitivamente podría hacer el esfuerzo.
—Bien —dijo ella, dando media vuelta.
—¿Eso quiere decir que sí?
—Sí. Me vendría bien recorrer la finca y conocer más de cada proceso.
—Perfecto. Empezamos mañana a las cinco de la mañana.
—¿Qué?
—A esa hora alimento a los animales, recojo los huevos de las gallinas y luego trabajo en el invernadero de hierbas. La mañana es la mejor hora para cortarlas.
—¿Por qué?
—A esa hora los aceites esenciales tienen mayor concentración.
—¿Y eso mejora la calidad? —preguntó, más por confirmar que por duda.
—Exacto. A mayor concentración de aceite, más intenso el olor y el sabor.
—Ya veo —respondió, dubitativa, preguntándose si era momento de pedir lo que llevaba días rondando en su cabeza.
—¿Pasa algo? —preguntó él, notando su silencio.
Ella negó de inmediato, pero al instante rectificó:
—O sí… Quiero comprar algunas cosas y también necesito vender un objeto.

Él agudizó la mirada.

—¿Qué quieres vender?

Madi se llevó las manos al cuello, soltó su cadena y se la extendió. Logan la observó un instante antes de tomarla.
La sostuvo entre sus dedos, examinándola un segundo más de lo necesario.

—¿Quieres vender tu corona, princesita? —dijo con tono mordaz.

Ella apretó la mandíbula, conteniendo la frustración que le provocaba ese constante cambio en él: a veces frío y distante; otras, sarcástico, casi provocador.

—No soy una princesita… y sí, quiero venderla.
—¿Tiene valor sentimental?

Ella negó con la cabeza, pero en sus ojos algo se apagó.
Logan lo notó.

Y supo que estaba mintiendo.

Se quedó en silencio un instante antes de hablar:

—Hagamos algo. Te acompaño a comprar lo que necesites esta tarde. La próxima semana debo ir a Nueva York por un asunto personal; allí intentaré vender el colgante.
—¿Por qué no venderlo hoy?
—Porque hacerlo tan cerca podría atraer a quienes te buscan. Si siguen tu rastro, es mejor que crean que estás en Nueva York.

Ella asintió sin cuestionar más. Continuaron caminando hasta que una empleada vino a buscarlo. Logan se despidió y acordaron verse por la tarde en la casa.

La empleada era la misma del invernadero y, como la vez anterior, miró a Madi con fastidio.

Al caminar junto a Logan, apoyó una mano sobre su hombro y, como si compartieran una broma privada, chocó suavemente su hombro con el de él antes de seguir.

Charlotte, que había observado toda la escena desde la distancia, se acercó de inmediato.

—Sabes que es cruel —dijo en tono reflexivo.
—¿Qué? —respondió Madi mecánicamente.
—Enamorarse de un imposible.

Madi giró hacia ella con rapidez, creyendo que hablaba de ella. Pero Charlotte señaló con la cabeza a Logan y a la empleada.

—¿Ella o él?
—Ella… Siempre ha estado flechada por Logan. Pero el muy tonto nunca se dio cuenta.
—¿Por qué lo dices en pasado?
—Porque antes de enlistarse en el ejército no se dio cuenta… y quizá entonces habría tenido una oportunidad.

Pero a su regreso era otro. Y ese Logan jamás la verá como ella quiere.

Madi guardó silencio, procesando sus palabras.

Al final, llegó a una conclusión simple: es cruel cuando el corazón elige a alguien que nunca te elegirá.

Quizá tenía el consuelo de que Harrison no la quería… y ella tampoco a él. Allí no había crueldad, solo una verdad incómoda.

Con ese pensamiento regresó a la casa. Se encerró en la oficina de Logan y comenzó a investigar cuál sería la mejor opción de laptop.




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