No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 7

Estaban a las afueras de New Orleans cuando Logan repitió la pregunta que había hecho al inicio.

—¿Por qué estás huyendo?
—Mi prometido pretende matarme después del matrimonio para quedarse con la empresa de mi familia.

Logan no respondió de inmediato.

La observó en silencio, con esa quietud suya que parecía medir cada palabra antes de soltarla. Era la primera vez que Madi lo decía en voz alta, y él notó cómo se le tensaban los hombros al pronunciarlo.

—Supongo que es una historia más extensa, pero por ahora voy a administrar mis preguntas.
—Si es extensa… bien, voy yo con mi pregunta. ¿Por qué me ayudaste a huir? ¿Por qué yo?
—Esas son dos preguntas…
—Nooo, Logan. No seas así.
—Las reglas fueron claras, y has hecho dos preguntas.

La seriedad en su tono dejaba claro que no estaba jugando.

—Bien, solo responde la primera.
—Ese día te vi saltar del segundo piso del hotel. Me pareció que estabas en serios problemas y luego te encontré escondida en mi camioneta. No podía simplemente entregarte a ellos o dejarte tirada en la calle.

Esa era la verdad, y Madi la reconoció en sus palabras.

—¿Y si yo hubiera sido una asesina, o una loca peligrosa?
—¿Esa es tu segunda pregunta?
—Logan… —se quejó ella.
—Está bien, responderé, y será una extra. No tienes madera de asesina, probablemente de loca sí, pero no de asesina —dijo con tono burlón—. Y en últimas consecuencias, soy ex Marine, Madison. No sabes el peligro que correrías si yo sintiera que intentas hacerme daño a mí o a Charlotte.

Madison frunció los labios. No sabía si sentirse ofendida… o extrañamente expuesta.

Se quedó rumiando esa advertencia. Quizás había querido asustarla. O quizás era solo una línea que él nunca cruzaba.

—Es mi turno —dijo Logan, sacándola de sus pensamientos—. ¿Por qué no te quedaste y les hiciste creer que no sabías nada?
—No lo medité realmente. Algo dentro de mí me empujó a huir. No sé si hubiera sido capaz de fingir. Aparte de mi prometido, hay otras personas involucradas. No estaba segura de en quién confiar.

En su mente, Logan iba uniendo puntos.

—Ahora es mi turno.
—Así es —contestó ella, sabiendo que la siguiente pregunta sería complicada.
—¿Por qué te enlistaste?
El suspiro fue sonoro. Ya habían llegado a la primera parada y Logan se estacionó antes de contestar.
—Fue un acto de rebeldía. Mi madre me abandonó cuando yo era muy pequeño, y por esa época había regresado a vivir en la finca —hacía mucho que no hablaba de esa etapa; aun así, meditó lo siguiente que diría—. Vivir con ella era un infierno. Entre el alcohol y las drogas, era poco el tiempo que pasaba lúcida, y mis abuelos la protegían aun cuando era un dolor de cabeza. Así que decidí que necesitaba huir de ese infierno, y esa fue la opción más fácil.

Ella escuchó atenta y pensó que quizás Logan y ella habían tenido una infancia con puntos en común. Ambos habían sido abandonados, de una u otra forma.

—Bien, te quedan dos preguntas, pero las dejaremos para la vuelta. Hemos llegado al centro comercial.

Y allí murió ese espacio.

El recorrido fue en silencio. Ella fue por artículos puntuales; incluso en la tienda de ropa fue directa a ciertas prendas y las tomó sin pensarlo demasiado, y él las pagó.

Ya finalizando, él pidió entrar en una tienda departamental y fue a buscar lo que llevaba en mente.

—¿Vas a comprar una cama? —preguntó, extrañada.
—¿Esa es una de tus preguntas? —dijo él, alzando una ceja.
—No, Logan… De ser así, tú acabas de hacer una pregunta también.
—Así es… solo me aseguraba de que estabas atenta. Sí, voy a comprar una cama. No es para que te sientas mal, pero duermes en mi habitación y dormir en el catre es un poco incómodo, dado mi tamaño.
—Yo… eh, lo siento. No sabía que era tu habitación. Pudiste haberlo dicho antes y yo…
—Calma, Madison. No pasa nada… Eres la invitada, pero intuyo que te vas a quedar por un tiempo, y necesito tratar de dormir un poco mejor.

Ella se sintió un poco más culpable, pero se obligó a dejarlo pasar y se concentró en ayudarlo con la elección.

Antes de regresar, decidieron que era buen momento de comer algo. Entraron en la feria de comida y cada uno pidió su plato. Se sentaron junto a la ventana, con el ruido constante de la gente y el olor a comida frita envolviéndolo todo. Ella eligió pasta; él, lasaña.

Comenzaban a comer cuando Madi, entre bocado y bocado, dijo:

—Logan, yo aún no sé si me quedaré. Quiero presentarte la propuesta, es la primera vez que tengo una oportunidad…
—Entonces, ¿por qué no la tomas? ¿Tienes miedo de fallar?
Logan había dejado los cubiertos y la observaba con esa intensidad suya, sin parpadear.
—No es eso. Sé que soy perfectamente capaz. Hasta ahora nunca se me había tomado en cuenta y yo acepté el papel que me pedían representar. Pero ese no es el problema.
—Pues cuéntame cuál es el problema.

A pesar de lo mucho que habían limado asperezas, no estaba tan segura de confiar al cien por ciento en él. Aun así, decidió contarle lo que la atormentaba.

—Logan, yo soy la heredera de una familia muy influyente, y mi prometido tenía años siendo la mano derecha de mi abuelo, esperando su oportunidad. Casarse conmigo es esa oportunidad, y que yo me haya escapado es solo una piedra en su camino. Harrison no va a descansar hasta llevarme de vuelta, a cualquier costo. No quiero ponerlos en medio de una guerra en la que seguramente alguien saldrá lastimado…
—¿“Los”? —repitió Logan, inclinándose ligeramente hacia adelante—. ¿Ya nos metiste en esto?




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