No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 11

Luego de esa cena, Logan estuvo un rato en su oficina. Había encendido su teléfono y encontró un mensaje de Clare confirmando que ese mismo fin de semana iría de visita.

Él aún no lo sabía, pero ese pequeño acercamiento hacia Clare le estaba salvando la vida. Desde la muerte de Jhon, ella no le encontraba sentido a nada.

A veces se quedaba mirando fijo por la cristalera de su oficina cómo New York seguía su vida, mientras ella no tenía más por quién vivir.

Logan le contó parte de la conversación con Clare a Charlotte y esta lo animó a escribirle e invitarla a pasar unos días, o incluso una temporada, en la finca.

Ella, más que nadie, sabía cómo el mundo se venía abajo cuando perdías al amor de tu vida e intuía que Clare buscaba algo a lo que aferrarse. En su caso, Logan fue su tabla salvavidas.

La respuesta de Clare fue más efusiva de lo que él esperaba. Dejando su teléfono en el cajón del escritorio, decidió ir a sentarse en el porche un rato. Sentía que era el único lugar donde podría sostener lo que esa carta venía a romper.

Respiró profundo, abrió el sobre y sacó la hoja escrita a mano, con una letra poco entendible.

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Querido Logan,

Si estás leyendo estas líneas es porque mi mente o mi cuerpo no resistieron. No fui capaz de esperar un poco más.

La vida fue cruel con ambos y nos quitó la posibilidad de conocernos. Para mí hubiera sido mi bendición más grande. Lamentablemente, de ti solo me llevo saber que exististe, y pido a Dios que sea benevolente contigo y te regale una esposa maravillosa, como lo fue Clare para mí; que te conceda una familia hermosa como la que yo hubiera deseado tener junto a ti y mi amada Clare.

Por años he odiado lo que nos hicieron, pero estos últimos días me he dado cuenta de que el odio envenena el corazón y mata el espíritu. Así que perdona rápido, Logan; no le des el poder a quien nos dañó de seguir robándonos vida.

Ninguna cantidad de dinero será suficiente para retribuir todas las ausencias, pero dejo para ti un fondo fiduciario. Seguramente el abogado te explicará mejor de qué se trata, pero quiero que sepas que mi intención es asegurar que el legado de esta familia trascienda a las futuras generaciones que yo no pude conocer.

La vida puede ser inestable —lo viví con tu madre—, y quiero que, si tú tienes hijos, ellos nunca pasen por las carencias o las incertidumbres que tú pasaste. Te dejo una renta para que vivas bien, pero guardo el tesoro principal bajo llave para tus hijos. Es mi forma de decirte que, aunque llegue tarde a tu vida, en la mía yo te amé desde que supe de tu existencia y lo haré hasta la eternidad.

Que tengas buena vida, mi querido Logan.

_____________

Leer esa carta fue como abrir una herida que nunca había cerrado; no pudo hacerlo de corrido. Tuvo que detenerse en algunos tramos porque las lágrimas inundaron sus ojos.

Lloró como nunca lo había hecho. Ella le arrebató la única oportunidad de tener un padre. Uno que sí hubiera sido capaz de darle el amor que ella le negó.

Se quedó allí, respirando despacio, tratando de ordenarse por dentro.

Su padre quizás no lo tuvo a él, pero sí tuvo un amor que lo acompañó toda su vida.

Él ni siquiera tenía eso… y, con la vida que llevaba, empezar a creer en algo se sentía casi ingenuo.

En esa misma casa, pero en otra habitación, Madi se levantó de la cama, cansada de dar vueltas sin poder dormir. Fue a la cocina por un poco de agua y, de regreso, vio una sombra en el porche. Su cuerpo se tensó de inmediato, preparándose para lo peor… pero cuando se acercó se dio cuenta de que era Logan, sentado en los escalones con la cabeza encajada entre las rodillas.

Antes de salir, arrastró un poco los pies para alertar de su presencia sin asustarlo.

Él se giró cuando la escuchó acercarse, pero se quedó mirando fijamente al frente.

—¿No puedes dormir? —preguntó ella.
—No… quizás el té hoy no fue tan efectivo.
—O quizás no es el té…
—Quizás… —repitió, como si la palabra no alcanzara a contener lo que realmente pasaba dentro de él.

Ella se sentó a su lado, dejando apenas un espacio entre ambos, y luego preguntó:

—¿Puedo?
—¿Tengo oportunidad de negarme? —replicó él.
—Pues no…
—Entonces claro que puedes.

El silencio que siguió fue distinto. Más denso.

Cuando ya no pudo sostenerlo más, ella habló:

—Logan… yo te debo una disculpa… y más de una, si soy honesta. Y también quería agradecerte por salvarme, por protegerme y por todo lo que has hecho por mí.
—Disculpas aceptadas —dijo él, quitándole hierro al asunto—. Si decides quedarte, prometo mantenerte a salvo… cueste lo que cueste.

Sus miradas se cruzaron apenas un segundo… pero fue suficiente.

—¿Estás bien? —preguntó ella, más suave esta vez.

Él negó con la cabeza.

Logan era de pocas palabras, pero justo ahora sentía un nudo en el pecho y necesitaba hablar.

—Hoy me decidí a abrir una carta que dejó mi padre para mí, junto con el testamento.

Sintió sus ojos picar nuevamente y tragó fuerte, tratando de contener las ganas de llorar.

—Ella me robó a mi padre… y es claro que jamás me quiso —hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Siempre supo quién era mi padre… y aun así decidió borrarlo de mi vida.

Ella puso su mano sobre la de él. Él no se apartó.

—Ya soy un hombre adulto, Madi, y siempre tuve a mis abuelos. Quizás su ausencia no me duele tanto como saber que su egoísmo no solo los lastimó a ellos y a mí —apretó su mano—. Le arruinó la vida… y ni siquiera estuvo para ver lo que hizo. Después de robarnos veinticinco años, fue y se presentó como una madre amorosa que sufrió durante años para sacar adelante a su hijo. Y, como si no fuera poco, inventó una enfermedad terminal para sacar dinero.

A esas alturas, el mayor dolor de Logan era el sufrimiento que ella había causado en sus abuelos, en su padre e incluso en Clare, que fue daño colateral en toda esta historia.




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