No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 16

La noticia se había extendido por los estados del este y oeste del país. La foto de la heredera de Chicago aparecía en todos los noticieros locales de Chicago, Louisiana y Misisipi. A Logan le había molestado profundamente el escándalo mediático, sobre todo porque había atraído a curiosos y periodistas que merodeaban cerca de las zonas de búsqueda.

Miró a Ben, que había llegado hacía un par de horas. Su amigo se acercó con el ceño fruncido, claramente preocupado por su estado.

—Ben, está cayendo la tarde y aún no hay rastro de ella… —dijo Logan cuando lo tuvo cerca.
—Tranquilo. Sé que estás impaciente. En poco rato vendrá un helicóptero a recogernos.

Logan bajó la mirada, la voz apenas un susurro.

—Está cayendo la noche y ella sigue sin aparecer. Las posibilidades de encontrarla con vida son casi nulas.

A medida que pasaban las horas sin noticias, un desasosiego profundo se había instalado en su pecho. Había desviado varias llamadas de Charlotte porque no encontraba el valor para admitir que todavía no la habían encontrado. Cada vez que pensaba en su abuela, la culpa se le hacía más pesada.

Ben se alejó unos pasos y marcó un número.

—Envíame las coordenadas… y mantenlos lejos de allí —dijo al teléfono.

Colgó y miró a Logan.

—Un equipo pasará por ti.

Luego hizo otra llamada.

—¿Qué tan lejos estás? Te espero.

Colgó y caminó hacia el teniente Carter, con Logan siguiéndolo de cerca.

—Mis hombres la han encontrado —anunció Ben—. Necesito un equipo médico en el lugar ahora mismo.
—Vamos… —fue lo único que dijo Logan al ver el helicóptero aproximarse.

Su pierna seguía doliéndole con cada paso, pero apenas lo notaba.

Una vez a bordo los cuatro —Ben, Emilio, Logan y el teniente Carter—, partieron hacia el lugar. Eran solo unos minutos de vuelo.

Cuando el helicóptero comenzó a descender, Logan miró a Carter con expresión dura.

—No quiero a Harrison ni a nadie de los Clark cerca de ella.
Carter asintió sin discutir.

Logan fue el primero en bajar. Apenas tocaron tierra, corrió hacia el equipo de rescate que trabajaba alrededor de la camilla. Al llegar, se detuvo en seco. No pudo contener las lágrimas.

Madi estaba cubierta de barro seco, con los brazos llenos de pequeños cortes y rasguños. Sus labios tenían un tono violáceo que le heló la sangre. Era doloroso verla así, tan frágil.

Por un instante, su mente regresó al día anterior: ella sonriente, bailando entre los puestos del festival, con esa luz en los ojos que él había empezado a necesitar. La culpa lo atravesó como una cuchillada.

Él la había descuidado. Había bajado la guardia por primera vez en años y ahora ella pagaba las consecuencias.

Tomó suavemente su mano fría y acarició sus dedos rígidos, como si ese pequeño contacto pudiera transmitirle que ya estaba a salvo.

A su alrededor, los paramédicos trabajaban con rapidez.

—¿Me escuchas? —preguntó uno de ellos con voz firme.
Madi no respondió.

Le colocaron una manta térmica y oxígeno antes de trasladarla.

Logan caminó junto a la camilla hasta el helicóptero que la llevaría al hospital más cercano.

Un paramédico intentó detenerlo.

—Yo iré con ella —dijo Logan, encarándolo—. Intenta impedirlo si puedes.

El hombre retrocedió y miró a Carter, quien dio su consentimiento con un leve movimiento de cabeza.

Una vez arriba, antes de que el helicóptero despegara, Logan miró a Ben.

—Trata que los medios no tengan acceso.

Luego volvió la vista hacia Madi. Observaba cómo tomaban sus signos vitales. Respiraba con suavidad, pero seguía inconsciente.

La contemplaba como si aún no pudiera creer que había salido del río con vida.

En un susurro apenas audible, le prometió:

—No volveré a fallarte.

Cuando aterrizaron en el helipuerto del hospital, un equipo de trauma ya los esperaba. El ruido ensordecedor de las hélices dio paso al ambiente blanco y estéril del pasillo.

Logan los siguió todo el camino hasta que un doctor lo detuvo frente a la puerta doble.

—Espere aquí —dijo el médico con firmeza, sin darle oportunidad de réplica.

Y desapareció tras las puertas por donde se habían llevado a Madi.

No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente. Probablemente solo segundos, porque el río seguía arrastrándola con fuerza.

Por momentos, la corriente la atrapaba en remolinos que le robaban el aire y, al instante siguiente, volvía a salir a la superficie, luchando por respirar.

En algún punto fue golpeada por un tronco flotante. El instinto la hizo aferrarse a él con todas las fuerzas que le quedaban.

«No puedo morir ahogada», pensó con desesperación. «Tengo que salir viva… para ver cómo Harrison paga por todo esto. Y para ver si Logan me elige de verdad. Estoy segura de que es él».




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