No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 17

Logan sabía que Harrison no se iba a rendir. Y, para él, era un alivio tener a Ben desmontando el siguiente circo que, sin duda, pondría en marcha. Con la certeza de que Madi estaba estable y dormiría la noche completa, llamó a Charlotte.

—¿Ella está bien? —preguntó su abuela apenas atendió.
—Sí… está bien. Desorientada y golpeada, pero fuera de peligro —respondió. Había visto situaciones mucho peores, pero nombrar lo de Madi le resultaba incómodo, casi doloroso—. Tuvo hipotermia, pero ya está controlado. Tendrá que quedarse unos días más.

Charlotte guardó silencio un segundo.

—¿Quieres que vaya a hacerte compañía?
—No, abuela… quédate tranquila. Todo está bajo control.
—Logan, yo podría…
—Charlotte —la interrumpió con suavidad, pero firme—, necesito que estés en la finca. Mañana Emilio regresa… ayúdenme allá, por favor.

Ese “por favor” bastó. Charlotte entendió que insistir no ayudaría. Se despidieron y Logan colgó, dejando escapar el aire que no sabía que estaba reteniendo. La enfermera le hizo una seña desde la puerta.

—¿Aún persiste el dolor? —preguntó.

Logan frunció el ceño.

—El médico autorizó morfina, pero pidió confirmar antes.
—No… puedo manejarlo. Prefiero algo más suave.

La enfermera lo observó un instante, como evaluándolo, y luego asintió.

—En cuanto tenga la orden, se lo traigo.

Logan volvió a la habitación. El silencio allí era distinto: más denso, pero también más tranquilo. Se acercó a la cama y se quedó de pie unos segundos, simplemente mirándola. Madi dormía profundamente, ajena a todo. Un mechón de cabello cobrizo caía sobre su rostro. Logan lo apartó con cuidado, casi sin pensar. El gesto fue lento, medido. Se veía diferente así. Más pequeña. Más vulnerable de lo que ella permitiría mostrar despierta. Sus labios ya no tenían ese tono violáceo que le había helado la sangre al verla. Aun así, la palidez persistía. Logan rozó apenas su mejilla con la yema de los dedos, como comprobando que realmente estaba allí. Respirando. Viva. Su mano permaneció un segundo más de lo necesario. No era propio de él. Logan no era un hombre de gestos innecesarios. No tocaba sin motivo, no se detenía en detalles, no se permitía ese tipo de distracciones. Y, sin embargo, ahí estaba. Observando la curva de su mejilla, el contraste de sus pecas sobre la piel clara, la forma en que su respiración levantaba apenas las sábanas. En algún punto dejó de analizarlo. Simplemente se quedó. Y en ese silencio, sin urgencias ni ruido, lo entendió sin necesidad de ponerlo en palabras. Ya no era solo responsabilidad ni protección. Era ella.

Acercó la silla sin hacer ruido y se sentó a su lado, como si vigilar su descanso fuera lo único que importaba. No supo en qué momento se quedó dormido. Despertó al sentir una caricia en su mejilla. No abrió los ojos de inmediato; durante un instante se permitió quedarse ahí, suspendido en esa sensación cálida. Hasta que recordó. Se incorporó de golpe. Madi lo miraba. Sus ojos, aún cargados de sueño, tenían algo distinto. Más abiertos. Más presentes.

—Hola —dijo él.
—Hola —respondió ella, con la voz baja.

Intentó incorporarse y una mueca de dolor cruzó su rostro.

—Despacio —murmuró Logan, inclinándose hacia ella.
—Estoy bien… —pero su respiración la delató—. Me buscaste…

La forma en que lo dijo le apretó algo en el pecho.

—Claro que te busqué. Desde que desapareciste no dejé de hacerlo. Ben y su equipo te encontraron en la orilla del río.

Madi asintió apenas.

—Gracias… por no dejarme sola.

Él sostuvo su mirada un instante más.

—No podría.

No añadió nada más. No hacía falta. Se sentó en el borde de la cama, tomando su mano con cuidado.

—Prométeme algo —dijo.

Ella lo miró, atenta.

—No vuelvas a saltar de ningún lado. Si vuelves a estar en peligro… espérame.

Madi no respondió de inmediato. Sus dedos se cerraron ligeramente sobre los de él.

—Confiaré en que vas a ir por mí —dijo al final.

Logan negó con la cabeza, apenas.

—No. Prométemelo.

Ella exhaló, rindiéndose.

—Está bien… no me voy a lanzar de ningún otro lado.

Una sombra de alivio cruzó el rostro de Logan. La acercó con cuidado y la abrazó, midiendo cada movimiento. Permaneció así unos segundos más de lo necesario antes de soltarla. Cuando se separó, dejó un beso breve en su frente.

—Tenemos que hablar de lo que pasó…
—Eso será después —intervino la enfermera al entrar.

Su tono era profesional, pero su sonrisa tenía un matiz de calidez. Revisó a Madi, hizo algunas anotaciones y desconectó parte del equipo.

—Vas bien —dijo—. El médico pasará en un rato.
—¿Ya me puedo ir? —preguntó Madi.

La enfermera sonrió apenas.

—Primero deja que él lo diga.

Cuando se fue, el silencio regresó. Logan volvió a sentarse junto a ella.

—¿Qué quieres saber?
—Todo.

Demasiadas cosas contenidas en una sola palabra. Logan le explicó con calma: dónde estaban, lo poco que sabían y lo que aún faltaba. Madi escuchó en silencio.

—¿Él sabe que estoy aquí? —preguntó al final.
—Sí. Y no va a acercarse.

Ella mantuvo la mirada fija en él.

—No puedo seguir escondiéndome.
—Lo sé —respondió Logan—, pero primero necesitas recuperarte.

El teléfono sonó. Logan respondió sin apartarse demasiado.

—¿Ya despertó? —preguntó Ben.
—Sí.
—¿Está lúcida?
—Sí.

Hubo una pausa.

—Voy a enviar a una psicóloga forense. Necesito que hablen a solas.

Logan frunció el ceño.

—¿Qué está pasando?

El silencio previo a la respuesta fue suficiente.

—Harrison habló con la prensa.

El cuerpo de Logan se tensó.

—¿Qué dijo?
—Que Madi lleva meses con problemas psiquiátricos. Que está inestable, que se escapó… y que alguien la está manipulando.

Logan apretó el puño.

—Maldito…
—Si eso escala —continuó Ben—, pueden intentar cuestionar su estabilidad legalmente.




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