Logan no era un hombre que diera vueltas innecesarias a las cosas. Pero esa mañana, mientras recorría la finca con la mirada fija en nada en particular, la escena entre Madison y Yvette seguía repitiéndose en su cabeza con una claridad incómoda.
No era solo lo que había visto, era lo que no había querido ver antes. Yvette siempre había estado allí, cercana y presente. Él lo había dejado pasar porque nunca le dio importancia… porque nunca sintió eso como un problema, pero ahora sí lo tenía.
Y no iba a permitir que interfiriera.
La encontró cerca del invernadero principal, revisando unas cajas con uno de los trabajadores. Cuando lo vio acercarse, el gesto le cambió apenas, lo suficiente para que él lo notara.
—Necesito hablar contigo —dijo sin rodeos.
Yvette hizo una seña al hombre para que se fuera. Esperó a que estuvieran solos antes de cruzarse de brazos.
—Dime.
Logan no se apoyó en nada. Se mantuvo de pie frente a ella, directo.
—Lo que pasó ayer con Madison no se repite.
La mirada de Yvette se tensó.
—¿Ahora vienes a defenderla?
—No. Vengo a poner un límite.
El silencio se estiró un segundo.
—Nunca ha habido nada entre tú y yo —continuó Logan—. Y no lo va a haber.
En sus palabras no había crueldad, pero sí firmeza.
Y eso le dolió más.
—Estoy con Madison —añadió, sin bajar la mirada—. Y no tengo intención de tener problemas en mi relación por algo que no existe.
Yvette soltó una risa breve, sin humor.
—Claro… ahora resulta que es el amor de tu vida.
Logan no reaccionó inmediatamente a la ironía.
—Lo es.
Eso sí la golpeó.
—Así que mantente al margen —concluyó él—. Porque si esto sigue… no vas a poder seguir trabajando aquí.
Logan no pretendía que sonara como una amenaza exagerada, pero si como un ultimátum.
Yvette lo sostuvo en silencio, con algo más oscuro cruzándole la mirada.
—¿Eso es todo?
—Eso es todo.
Logan no esperó respuesta. Se giró y se fue.
Yvette no se movió de inmediato. Se quedó allí, inmóvil, apretando la mandíbula, sintiendo cómo algo dentro de ella terminaba de romperse.
No era rechazo. Eso lo había tenido antes, era humillación, y esa… no la iba a dejar pasar.
Esa misma noche, la finca parecía respirar en calma. El movimiento del día había cesado y el silencio del campo se había instalado con esa naturalidad que siempre había sido parte del lugar.
Pero no todos estaban en paz. Emilio fue el primero en notar que algo andaba mal. No fue un sonido claro ni un movimiento evidente. Fue una sensación. Algo fuera de lugar.
Salió del establo principal, caminando hacia la zona trasera. Y entonces lo vio.
Una figura moviéndose entre las sombras. No era alguien de la finca. A esa hora, los únicos trabajadores permanentes eran Matías y él.
Se detuvo apenas, afinando la vista… y cuando el hombre giró lo suficiente para que la luz lo alcanzara, lo reconoció.
Harrison.
El pulso se le tensó. No dudó… giró sobre sus pasos y corrió a la casa principal.
—¡Logan!
El grito rompió la quietud de la noche.
Logan y Madison, que estaban en las escaleras del porche, reaccionaron al instante.
—¡Hay alguien en los invernaderos! —alcanzó a decir Emilio cuando los vio.
No hizo falta más. Logan corrió y Madi lo siguió. El olor llegó primero, el humo comenzaba a notarse y poco después todo empezó a iluminarse con la luz de las llamas.
Una llamarada contenida comenzaba a levantarse desde el invernadero pequeño, el de las hierbas.
El de Logan.
—¡Mierda! —soltó él, avanzando sin pensar.
Madison lo siguió.
—Voy a entrar, necesito activar el sistema de riego —gritó Logan, a unos metros de Madison.
El fuego aún no se había extendido del todo, pero ya estaba tomando fuerza. Y entre el movimiento, Madi la vio.
Yvette.
Llevaba una mochila en la espalda y vestía completamente de negro. No estaba huyendo aún, estaba mirando.
Como si necesitara ver el daño.
Madison no dudó.
—¡Yvette!
La mujer giró apenas, y por un segundo no se movió. Como si hubiera estado esperando ese momento.
Luego reaccionó, intentó correr, pero no llegó lejos.
Madison la alcanzó antes de que pudiera salir del área, la tomó del brazo y la giró con fuerza.
—¿Estás loca?
Yvette intentó soltarse.