No te pedí ser mi héroe

CAPÍTULO 29

Esa noche fue extraña. Madison ya estaba en la cama cuando Logan entró en la habitación, y los días que siguieron comenzaron a tener el mismo patrón. Él empezó a notar pequeños cambios en ella. Eran la clase de cosas que cualquiera habría pasado por alto, pero Logan no.

Comenzó a identificar los silencios un poco más largos, la forma en que a veces se quedaba quieta, perdida en algún pensamiento que no compartía, o la manera en que sonreía cuando él le hablaba, aunque con una sombra de distracción en la mirada. No parecía molesta. Tampoco distante. Solo… distinta, y eso lo inquietaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

La observó esa mañana desde la mesa del desayuno mientras removía distraídamente su té sin llegar a beberlo. Charlotte hablaba sobre una nueva prueba para las mermeladas de frutos rojos y Daphne discutía con Ben sobre algunos ajustes logísticos. Todo transcurría con la normalidad que la finca había construido en los últimos meses, pero Madison apenas participaba.

—¿Todo bien? —preguntó Logan cuando finalmente quedaron solos.

Ella alzó la mirada y sonrió.

—Sí —respondió en automático.

Logan entrecerró apenas los ojos.

—Madi.
—Estoy bien —insistió, acercándose para besarlo brevemente—. Solo estoy cansada.

No era mentira, pero tampoco era toda la verdad, y él lo supo. La vio alejarse para atender a Clare, que reclamaba su atención, y decidió no insistir, porque esa noche tenía algo preparado. Algo que esperaba lo cambiara todo.——————————

Horas antes, Logan había salido muy temprano con Ben para firmar la compra del terreno del que Clare le había hablado semanas atrás. No necesitó pensarlo demasiado. Las hectáreas colindaban con la finca principal, lo suficiente para expandir la producción sin alterar la esencia del lugar.

Pero no fue eso lo que terminó de convencerlo.
Fue la pequeña casa de campo levantada cerca de una loma suave, rodeada de árboles y con vista directa al atardecer.

Necesitaba bastante trabajo, pero apenas la vio supo que ese lugar tenía futuro. Podía imaginarlo con claridad: Madison entusiasmada con un proyecto de remodelación, y el trío fantástico opinando aquí y allá sobre qué sería mejor.

Por un momento rio solo, negando con la cabeza mientras se imaginaba la escena. También imaginó una vida construida desde cero. Algo de ambos.

Cuando regresó, encontró a Clare esperándolo en la cocina.

—¿Lo compraste?

Logan asintió y ella sonrió con satisfacción.

—Bien. Entonces esto puede seguir.
—¿Esto?

Charlotte apareció desde la sala con expresión sospechosamente serena.

—Tu velada romántica.

Logan exhaló.

—Sigo pensando que no necesitábamos hacer tanto.
—Claro que sí —intervino Daphne sin apartar la vista de su tablet—. Tu estándar romántico es llevarle un te frío y mirarla en silencio mientras ella trabaja.

Ben soltó una carcajada desde la esquina.

—Debo admitir que tiene razón.

Logan les lanzó una mirada de fastidio que solo consiguió divertirlos más.

Entonces Clare se acercó con una pequeña caja de terciopelo oscuro entre las manos. Su expresión cambió y todo rastro de diversión desapareció.

—Quiero darte algo.

Logan frunció el ceño.

Cuando ella abrió la caja, encontró un anillo antiguo, elegante y sobrio. Una pieza de diseño clásico, con un diamante central rodeado de pequeñas incrustaciones.

—Era de tu abuela —dijo Clare—. Tu padre me lo dio cuando me pidió matrimonio, y siempre pensé que moriría conmigo.

Logan alzó la vista.

—Clare…
—Quiero que lo tengas.

Él negó de inmediato.

—No puedo aceptar esto.
—Sí puedes.

La firmeza de Clare lo hizo callar.

—Este anillo siempre ha permanecido en la familia Brown. Y si se lo das a Madison, seguirá exactamente donde debe estar.

Charlotte sonrió con discreción. Su hija había sido una madre desastrosa y ella nunca ocupó realmente ese lugar; siempre fue la abuela. Pero al ver aquella escena comprendió que, sin saberlo aún, Logan tendría una madre de ahora en adelante, y sus hijos tendrían una abuela más.

Logan observó la pieza durante unos segundos. Luego cerró la caja lentamente.

—Gracias, Clare.

El abrazo fue sorpresivo para todos. Clare lo recibió sintiendo que la vida le había negado demasiadas cosas en el pasado, pero que ahora estaba siendo generosa con ella.

—Hazlo bien —dijo con una sonrisa emocionada.

Esa tarde, después del almuerzo, Daphne y Clare tenían a Madison prácticamente secuestrada en su habitación.

—No entiendo por qué tanto misterio —murmuró ella mientras Daphne revisaba por tercera vez las opciones del armario.
—Porque claramente has olvidado toda educación estética y ahora no sabes arreglarte para una cita importante —respondió Daphne.




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