Jossie pasó los siguientes seis días aislada de todo.
No atendía la puerta ni llamadas. Grecia, junto a sus padres y abuelos, decidió irrumpir en su casa, temiendo lo peor. Al entrar, la encontraron al borde de la cama con la mirada perdida. Grecia se acercó con cuidado, pero apenas entró en su campo de visión, ella se tensó como un gato.
—¡Ya viene! ¡Ya viene! —Jossie le gritó con una voz que no había escuchado antes.
Grecia retrocedió de un salto y se colocó tras su abuela, mientras, ella se acercaba a Jossie.
—Madre, ¿Qué ocurre?
Jossie, sin más, la hizo hacia un lado y se levantó de un salto. Se abalanzó hacia la ventana.
—¡Ahí está! ¡Ya es tarde! —Gritó, mientras golpeaba el cristal con un dedo.
El sonido del cristal retumbó en los oídos de Grecia, y fue cuando sintió que algo malo estaba por suceder.
Entre su madre y su abuela, encaminaron a Jossie a la cama, la recostaron con cuidado ya que permanecía con la mirada perdida mientras balbuceaba cosas sin sentido. Todos los demás se encontraban frente a la cama observando su próximo movimiento. Hasta que Jossie giró bruscamente hacia Grecia y comenzó a temblar. Los ojos se le voltearon y la convulsión fue más notoria.
Todos se asustaron tanto que no dudaron en marcar a urgencias de inmediato.
Grecia se acercó para ayudar a sujetarla, y al tocar su brazo sintió tal hervor que retiró su mano instintivamente; no era de fiebre, sino como si hubiera metido su mano al fuego. Al apartarse de ella la convulsión se detuvo.
Tras el último espasmo, Jossie quedó rígida con la mandíbula apretada y las manos enroscadas. Unos segundos después, empezó a retorcerse. Giraba de un lado de la cama al otro mientras gemía de dolor y le suplicaba a Dios que ya se la llevara.
Pasaban los minutos y la ambulancia no aparecía; la desesperación fue tanta, que entre todos la cargaron como pudieron hasta el auto porque Jossie ya se veía soñolienta, débil y de un pálido grisáceo.
Al intentar recostarla en el asiento trasero, su cuerpo se volvió pesado hasta desvanecerse. Grecia, no dudó en abofetearla gritándole que no la dejara.
En ese instante, los paramédicos llegaron y la subieron a la unidad después de reanimarla.
Grecia regresó a su casa con la esperanza de que Jossie se encontrara bien, pero en el camino, sintió un hueco en el pecho. La sensación de aturdimiento y hormigueo en el cuerpo llegaron después.
Ahí fue cuando sintió que no había resistido, y minutos después, su madre lo confirmó: Jossie había muerto en el camino.
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Editado: 15.03.2026