Cuando Grecia aceptó entrar en la vida del hombre de traje, adoptó su estilo de vida y se sumergió en un mundo lleno de oscuridad, ofreciéndole todo lo que hacía y cada logro que obtenía; estaba completamente a su merced.
Ese mundo que hizo suyo se convirtió en su lienzo; todo lo que pensaba, imaginaba, deseaba y pedía, quedaba plasmado en lo que ella más amaba, logrando que cualquier persona que estuviera expuesta se sintiera irremediablemente atraída.
Seis años después de aceptarlo, Grecia comenzó a idealizar un amor irreal; buscaba a alguien que tuviera todo lo que ella ya conocía, y el hombre de traje se lo concedió. Puso en su camino a Louis. Un hombre creado a su imagen y semejanza, poseedor de una oscuridad que clamaba ser compartida de la misma forma que ella.
Al conocerse, la conexión fue absoluta; sintieron que eran almas destinadas desde vidas pasadas. Su amor inició de forma tan rápida y frenética que los obligó a separarse de todo el que no estuviera de acuerdo con su unión.
El matrimonio se consumó en la noche en que el velo se levanta y las almas vagan por el mundo. No hubo invitados, solo el hombre de traje presidió la ceremonia.
Entre fuego, vino, humo y carne, cerraron el pacto que habían jurado mucho tiempo atrás.
Nueve meses después de aquella noche, Grecia dio a luz a un niño al cual llamaron Lucien. Desde su primer respiro, el bebé atraía a las personas con su belleza sin igual, poniéndolas a su merced.
Su desarrollo desafió toda lógica natural; estaba tan adelantado a su edad que habló, caminó y dejó de ser un bebé apenas a los cinco meses de nacido.
Lucien reclamó su lugar en el mundo oscuro que sus padres y el hombre de traje habían construido para él.
Los tres habían nacido para no resistirse a las tentaciones del hombre de traje.
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Editado: 15.03.2026