No todas las historias tienen un final feliz

Obsesión

Amira, empezó a despertar y lo único que vió fue un techo de color blanco. Se movio un poco y noto que estaba sobre una gran cama, sintió las sabanas, estás eran suaves y ella supo de inmediato que era de alta calidad.
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‎Se levantó y empezó a ver los alrededores, todo era blanco pero lo único que había en el lugar era; la gran cama en la que había estado acostada, una pequeña mesa al lado de está y lo que parecía ser un armario. ‎Trato de abrirlo pero no pudo, después de unos intentos más lo dejo y siguió caminando para poder encontrar la salida, pero al cabo unos minutos no encontró nada y se dió por vencida.
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‎—Disculpe señorita.
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‎Escuchó una voz, al voltear se encontró con un hombre vestido de negro y blanco.
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‎—¿Quién es... Quién es usted? —Se acercó un poco a él—. Puede decirme, ¿por qué estoy en este lugar?
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‎—Lo siento señorita, pero por ahora no pudo responder a sus preguntas.
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‎Entonces Amira noto que llevaba una bandeja.
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‎—¿Qué es eso? —pregunto un poco asustada creyendo que podría ser algún objeto de tortura.
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‎—Es su desayuno, señorita —El hombre le mostró lo que llevaba—. Vendré después a recogerlo cuando termine.
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‎Lo puso sobre la pequeña mesa al lado de la cama y se dió media vuelta para irse, pero Amira rápidamente trato de detenerlo.
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‎—Espera, por favor dígame dónde estoy.
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‎Pero el hombre salió rápidamente antes de que ella se le acercará. Amira frustrada solo suspiro para recostarse de nuevo en la cama.
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‎—¿Qué demonios está pasando? —Se preguntaba molesta.
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‎Trato de recordar que había pasado o hecho para llegar a ese lugar, pero lo único que recordaba era a ver salido a comprar un regalo para su padre y nada más.
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Miro a su alrededor. —Esto me volverá loca —decía al ver todo del mismo color.
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‎Volteo y vio la comida.
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‎—Espero que no le hayan puesto algo extraño —Tomo el tenedor y empezó a comer en silencio.
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‎Sin imaginar que alguien la había estado observando y escuchando todo ese tiempo.
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‎— — —
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‎Así pasaron las horas y el hombre regresó después pero solo para llevarle comida. Ella le preguntaba cosas, pero él solo le decía el menú y nada más.
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‎En la noche ya estaba muy molesta al ver que el hombre seguía sin responder a cualquier pregunta que ella hiciera. Cansada, tiro la bandeja de comida.
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‎Los platos y copa que habían encima, cayeron al suelo quebrándose al instante, Amira tomo uno de los pesados de vidrio pensando en que hacer, pero entonces escucho la puerta abrirse y vio al hombre que le habia llevado sus comidas entrar apresurado.
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‎Amira rápidamente oculto el pedazo de vidrio debajo de la cama.
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‎—Señorita, ¿está bien? —Se acercó a ella rápidamente.
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‎Amira se alejo un poco, pero entonces el hombre vio una herida en su pie.
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‎—Tiene una herida, esperé un momento.
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‎Salió apresurado y pocos segundos después volvió con un botiquín.
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‎—Disculpe señorita, pero ahora curare su herida.
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‎Amira se sentó encima de la cama, el hombre se arrodillado, tomo su pie para limpiarlo y venderlo.
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‎—Eso no es necesario... —decía al ver la venda.
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El hombre solo le sonrió, terminó de vender y recogió todo el desastre que había hecho Amira, para volver a irse. Ella solo pudo recostarse de nuevo, para pensar quien le había hecho eso.
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‎Amira pensaba que alguien la había secuestrado para pedir un rescate, aunque rápidamente rechazo esa posibilidad por lo que había visto, además de que la trataban bien y por le vestimenta del hombre que le llevaba siempre la comida intuyo que era una familia con dinero. Entonces llegó a la conclusión de que posiblemente lo habían hecho por venganza o la tenían como rehén para obligar a su familia a ceder en algo.
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‎Al final se quedó dormida, pero a la mañana siguiente el sonido de la puerta la despertó.
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‎Ella rápidamente se levanto de la cama y miro hacia la puerta, esperaba ver de nuevo aquel hombre que siempre iba pero se sorprendió al encontrarse con la mirada de otro hombre, él era alguien alto y muy guapo, vestido muy elegante y llevaba un ramo de rosas.
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‎Amira se quedó impresionada por su apariencia.
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‎—Hola Amira —la saludo con una gran y hermosa sonrisa.
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‎Eso sorprendió a Amira, pero rápidamente reaccionó y solo miraba como él se le acercaba, ella se agachó un poco para tomar el pedazo de vidrio y esconderlo detrás de si.
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‎—¿Qui-quién eres?
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‎Él solo camino hasta estar frente a ella, se arrodillado dejando el ramo sobre la cama para tomar el tobillo de Amira. ‎Ella se sobresalto e iba a paterarlo, pero él la sujeto con fuerza.
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‎—¡Auch! —Se quejo de dolor.
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‎—Lo siento.

Solto un poco su hagarre y empezó a revisar el pie de Amira.

—¿Te duele?
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‎Amira quedó hipnotizada, al verlo más de cerca. Los ojos de él brillaban como si viera algo muy preciado y no entendía porqué la veía así, pero rápidamente salió del trance y volvió a preguntar.
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‎—¿Quién eres?
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‎—Eluney Ayers.
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Se sorprendió, conocía esa familia pero jamás lo había visto a él o había ofendido a los suyos como para que la secuestraran.
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‎—¿Por qué estoy aquí?, Mi familia jamás a ofendido a alguien de—
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Él la interrumpió, puso sus dedos en su labio haciando la señal de que hiciera silenció.
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‎—No te preocupes, no es lo que crees. Tampoco es asunto de dinero, de hecho tengo más que suficiente y si quieres, puedo dártelo todo.
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‎Él iba a tocar sus manos pero al verla asustada decidió alejarse y sentarse en el cama.
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‎Chasqueo sus dedos y la puerta se abrió de nuevo, pero está vez entraron dos hombres sujetando a la persona que le había llevado la comida antes.
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‎—¿Que está—
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‎—Este hombre a cometido un grave delito...
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‎Amira no entendía que había hecho mal el chico. Para ella, él había sido muy amable.
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‎Los hombres lo llevaron cerca de Eluney, el hombre se veía muy asustado y parecía que tampoco entendía la situación.
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‎—Señor discúlpeme si lo e ofendido —rogaba el hombre.
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‎—¿Recuerdas, lo que hiciste?
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‎Eluney estaba serio y se notaba la molestia en su voz.
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‎El hombre trataba de recordar que había hecho para ofender a su amo. Eluney al ver que no decía nada saco una tablet y se la lanzó, en ella había una grabación de él, de la noche anterior cuando trato la herida de Amira.
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‎—Tu delito, fue tocarla.
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‎Todos los presentes se sorprendieron.
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‎—¡Nadie además de mi puede tocarla! —dijo enojado.
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‎Se levantó y tomó al chico del cabello.
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‎—No debiste haberlo hecho.
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‎—Señor, debía curar su herida, era algo que no podía ignorar —Trato de justificarse.
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‎Pero a Eluney no le importo y saco un cuchillo.
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‎—Pagaras por eso y me asegúrate de que jamás pienses si quiera en hacerlo de nuevo.
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‎Sus hombres se le acercaron, tomaron las manos del hombre con fuerza y las levantaron hacia Eluney.
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‎—¡No! Señor por favor perdóname, no lo volveré a hacer. Por favor de me una oportunidad. —El hombre estaba desesperado.
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‎Amira está muy asustada y sin saber que hacer, pero antes de que pudiera si quiera decir algo Eluney ya había cortado la mano del hombre, está cayó al suelo y la sangre rápidamente empezó a salir ensuciando todo el lugar.




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