No todas las historias tienen un final feliz

Dionaea

—Padre, ya estoy lista —decía Hana alegré.

Hana era una pequeña niña de 10 años, ingenia y alegre que quería mucho a su familia. Era la menor de 4 hermanos, su familia era pobre y tenían carencias, pero eran muy unidos y se querían mucho... O eso era lo que ella pensaba.

Un día, su padre le dijo que la llevaría consigo, Hana esta muy feliz de pasar un día con él, tomo algunas de sus cosas favoritas y las puso en una pequeña maleta, se despidió de su familia y se fue con su padre.

—Esperame aquí —ordenos y se fue.

La niña estaba muy emocionada ya que casi nunca salía junto a sus padres. Su padre le decía que debía hacer algo antes de llevarla consigo y debía esperar, ella lo espero pacientemente en un lugar cerca de la solitaria carretera, pero conforme pasaba el tiempo empezaba preocuparse.

La noche iba llegando, cada vez más el sol desaparecía en horizonte y Hana aún seguía esperando a su padre, se empezaba a impacientarse, pero se decía que su padre llegaría por ella en cualquier momento, pero al final unca apareció.

—Seguro se le hizo tarde —Trataba de justicicarlo.

La noche cada vez se hacía más fría, y Hana no sabía que hacer hasta que en frente de ella paro una extraña y vieja camioneta negra.

—Hola niña, ¿estás esperando a alguien? —pregunto un hombre bajándose del auto.

La niña con miedo se levantó y empezó a retroceder, pero entonces bajo otro hombre y lo rodeador.

—No tengas miedo. Tu padre nos envío por ti.

—¿M-mi papá?

El hombre asintió. —Si, te acaba de vender.

La niña en shock no supo como reaccionar.

—Te vendió por una gran suma de dinero, así que ahora tendrás que venir con nosotros —Trato de tomar su brazo.

—¡Eso es mentira, papá jamás haría eso! —grito para trtr de correr, pero fue detenida por el otro hombre que estaba detrás de ella.

—Vendras con nosotros quieras o no—La levantó en el aire.

Hana pataleaba y trataba de resistirse, pero no pudo hacer mucho, los hombres la metieron al auto y se fueron. En medio de la noche nadie vio ni escuchado lo que pasó con la pequeña niña.

Ella seguía peleando dentrobdel auto, tratando de liberarse del agarre del hombre. Pensaba que si podía liberarse y abrir la puerta, podría lanzarce fuera, pero al final no logro nada y terminó desmayandose.

—Ya se canso.

—Ya no será un problema.

—Ese idiota, hubiera venido con nosotros antes. Que hubiera pasado si alguien más se llevaba a la niña.

—Se le olvidó por tener tanto dinero que le dimos.

—Yo apuesto a que en una semana regresa por más dinero —Se burlaba.

—No creo que tenga más hijas los cuales vender.

—Tal vez, está vez venderá a su esposa.

—Espero que lo haga, esa mujer es una gran belleza —hablama mientras se imagina a la madre de la niña.

Ambos se relamian los labios imaginado todo lo que le harían cuando su esposo la venidera.

Después de varios minutos llegaron a las afueras de la ciudad, a una gran casa con un letrero que decía Dionaea.

Bajaron a la niña inconsciente.

Varios hombres y mujeres entraban y salían del lugar.

Los hombres fueron hacia la parte alta del lugar, caminaron por los pasillos y se detuvieron frente a una extraña y elegante puerta. Al entrar se encontraron una extraña mujer joven.

—Madam Circe —Ellos hicieron una pequeña reverencia.

—Hola, bienvenidos chicos —Sonreia, pero no se veía feliz, en cambio era una sonrisa aterradora que estremeció a los hombres.

—Cof, madam. Aquí te traemos a su nuevo productor.

Circe se emociono y se acercó. Miro con cuidado a la niña, quería ver sus ojos pero al ver que estaba dormido solo se limito a observarla.

—¿Cuantos años tiene?

—Tienen... —Ambos hombres se miraron.

—¿8?—dijo uno, no sabían cuál era la verdadera edad pero se dejaron llevar por su paciencia.

La niña era pequeña y algo desnutrida, por eso pensaron que era menor.

Circe no dijo nada, saco una larga aguja e hinco a la niña, rápidamente saco la aguja con un poco de sangre y se la llevo a la boca.

Los hombres extrañados por lo hecho no dijeron nada.

Después de unos segundos Circe puso mala cara y escupió la sangre. —Llevenla a la habitación donde están todas las nuevas.

—¡Si!

—Por cierto, este es su pago —Saco un fajo de dinero y se los lanzó.

—Muchas gracias madam, si tiene otro trabajo no dude en avisarnos.

Al salir uno de los hombres le pareció escuchar que Circe decir—Por fin una.

Pensó que era su imaginación, así que lo ignoró y fueron a dejar a la niña

Fueron a la planta baja, entraron a una gran habitación. En esta habían 6 chicas de entre 18 -20 años, todas muy asustadas sin saber que estaba pasando.

Era una habitación completamente vacía y las mujeres al ver a los hombres solo se asustaron, retrocedieron y se abrazaban unas a otras esperando a que no les hicieran nada, pero después vieron que en los brazos de uno de los hombres llevaba consigo una niña y se sorprendieron mucho.

El hombre se acercó un poco a ellas y la dejo en el suelo.

—Su nueva compañera —Sorio.

Al salir de la habitación y cerrar la puerta, ellas se acercaron a la niña.

—¿Pequeña, estás bien? —La movían un poco para despertarla, pero lo lograron.

—Esta inconciente.

Todas suspiraron y se acostaron el el suelo.

—No puedo creer que hayan traído a una niña.

—Espero que alguien la este buscando.

—Dejen de preocuparse por otra ella, mejor preocupes en de ustedes —decia enojada una chica de cabello corto—. Debemos escapar de aquí, si no todas seremos prostituidas.

Todas recordaron porqué estaban ahí y empezaron a sentirse desesperadas.

A algunas de ellas las habían vendido y otras raptado ya que vivían solas en la ciudad, no llevaban muchos dias ahí, pero ya sabían que era ese lugar, todos los días se escuchaban fuertes gemidos provenir de todos lados.




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